Verano en Norteamérica VI

 In Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

Sin ser más sede de los juegos y con nuestra selección eliminada del Mundial de futbol, el torneo perdió el interés popular que tuvo las semanas anteriores. A partir de los cuartos de final y sin equipo por el cual morderse las uñas, la Copa del Mundo es un torneo para especialistas. En semifinales se aprecia la táctica sin pasión; el futbol como deporte sin tragedias donde uno gana y otro pierde.
Cuatro años son un lapso que permite el olvido. La desilusión se disipa con la mercadotecnia y la camiseta de un verde renovable a base de inflación y nuevas esperanzas. Como las generaciones que nos precedieron, ya nos acostumbraremos a apoyar a un equipo que pierde.
Por primera vez en cien años, la Federación Mexicana nombró entrenador oficial de la selección al auxiliar del director técnico saliente. Rafael Márquez asume el timón del barco sin más blasones que los conseguidos como jugador. No estamos para ponernos los moños. Ante la falta de un auténtico proyecto y sin mucho que disputar en dos años, Márquez aparece, si no como una solución, sí como una alternativa razonable. Su puesto dependerá de los resultados; el Turco Mohamed u otro entrenador extraído de la liga local podrían ser el revulsivo en caso de que se requieran sus servicios. Situación probable.
Ya no seremos sede nunca más. Tres veces en un siglo es suficiente para desaprovecharlo. De ser el último lugar de la contienda durante las primeras ediciones del siglo pasado, hemos llegado a la media tabla en las últimas cuatro décadas. A este ritmo, seremos finalistas dentro de otros cincuenta años. Aunque lento, el “crecimiento” no se da gracias a la Federación, sino a los ímpetus de los jugadores alentados por los fanáticos en busca de triunfos que celebrar. Con mayor razón cuando el torneo se lleva a cabo en casa.
Por los partidos ganados y los goles anotados, la selección mexicana obtuvo el noveno lugar de la contienda. Es el mejor equipo del área de la CONCACAF y el segundo del continente americano, sólo después de Argentina. Incluso mejor que Brasil, el pentacampeón del mundo. Esto demuestra que los triunfos y las derrotas son relativos.
El futuro no parece brillante. Después de cuatro años de no hacerlo por ser sede, nuestro equipo volverá a eliminarse para asistir al Mundial de 2030. Volveremos a emocionarnos por ganarle a selecciones con inferior estructura, asistiremos a la justa y volveremos a perder. En un ciclo repetitivo en que la mexicanidad se tuesta a base de esperanzas, camisetas verdes y la certeza de que hay demasiadas cosas que hacemos mal. El futbol no es una prioridad nacional.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalencia@subire.mx

Comments
  • Martín Linares Ramos
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    Que el fútbol fuera prioridad en este México kafkiano, en el que NO ES PRIORIDAD la educación, la salud, el agua, la seguridad, el transporte, la alimentación…no sería sorpresa.

    Aunque tampoco el deporte es prioridad, no sería sorpresa si lo fuera, a contrapelo de prioridades básicas. México, escenario de Kafka.

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