Sobre la necesidad de recuperar la hybris en la educación

 In Luis Christian Velázquez Magallanes

Luis Christian Velázquez Magallanes*

El receso escolar para los sistemas de educación básica del país no había iniciado cuando los medios daban cuenta de hechos que cuestionan en lo más profundo el modelo educativo del país: el caso de la escuela militarizada y el lamentable deceso de Dafne, la presunta trampa masiva en el examen de admisión de la Universidad Nacional Autónoma de México, el presumible uso de mecanismos no permitidos en las valoraciones de USICAMM y el caso del maestro Alberto Israel Jaso.
Los hechos, necesariamente, forman parte de un fenómeno que indudablemente tiene que abordarse sin mediaciones. ¿Cuántos eventos tienen que ocurrir para abordar y ofrecer garantías y mecanismos de seguridad y estabilidad para los profesores del país?
La acusación, con o sin fundamentos, ya ha alcanzado a autoridades de primer nivel y el aparato del Estado ha permanecido inmóvil. Parece que cualquier padre de familia o miembro de la sociedad civil puede asumirse como experto educativo y se faculta para emitir juicios sobre procesos educativos, pedagógicos, disciplinarios o formativos de las escuelas.
Lo cierto es que la inmensa mayoría de los alumnos que ingresan a los niveles de formación básica muestran severas carencias en hábitos y valores que deben ser formados en casa. Esa es quizá la tremenda contrariedad del sistema educativo nacional: la escuela no puede desarrollar los contenidos de los programas educativos porque se ve en la necesidad de desarrollar los hábitos y valores que debieron desarrollar los padres en su función de primeros educadores.
Los clásicos siempre dan luz en el análisis de la realidad. Los mitos griegos tenían la capacidad de servir como metáforas para educar y formar a los jóvenes. El proyecto formativo se encontraba en una tensión permanente entre la preservación del orden (lo apolíneo) y el cuidado de cualquier tipo de exceso (lo dionisiaco). La tragedia, además de ser una manifestación artística, se encarga de mostrar las consecuencias de romper la armonía y de pretender ir más allá de los propios límites de la naturaleza.
La hybris es la noción griega que hace referencia a cualquier tipo de conducta humana desmesurada, soberbia o de arrogancia extrema que conduce al rompimiento de la armonía entre el hombre y el cosmos. La hybris, luego entonces, se percibe como un desafío a preservar el orden, en una especie de regla de oro para evitar un castigo severo. Por eso la tragedia, al final del día, muestra cómo aquellos que, impulsados por un orgullo desmedido, cometen actos que rompen el equilibrio, siempre terminan padeciendo las terribles consecuencias de sus actos. Las tragedias concluyen con la aniquilación de su protagonista.
En este sentido, las situaciones derivadas relacionadas con el fenómeno educativo podrían interpretarse como las consecuencias de haber tomado decisiones impulsadas por la soberbia y la arrogancia, descuidando por completo la preservación del orden y mesura propios del acto de educar. Quizá las políticas educativas trascendieron sus límites y han propiciado que el proyecto educativo pretenda ser algo distinto a su naturaleza. Regresa la interrogante sobre por qué las instituciones educativas deben resolver la crisis de hábitos y valores que no se desarrollaron en casa y descuidan los contenidos de sus programas.
Lo cierto es que son más recurrentes hechos que muestran la decadencia del proyecto educativo y la inoperancia de las políticas que pretenden enmendar cada una de sus páginas.
Los protocolos de actuación, por ejemplo, se presentaron como una solución a los casos de violencia y acoso escolar; los hechos muestran que, lejos de resolver el problema, se han convertido en una losa jurídica y administrativa para las escuelas. Quizá la vía de solución requiere de procesos más complejos; pensar que el acoso y la violencia escolar se resuelven con la presentación de una ruta para saber qué hacer y cómo documentar el caso es tremendamente iluso. Probablemente se deba pensar en un análisis más profundo que ayude a construir mecanismos de cultura de paz y alternativas dialógicas para resolver conflictos.

*Licenciado en Filosofía. Profesor de educación secundaria en la SEJ. chris-brick@hotmail.com

Comments
  • Martín Linares Ramos
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    Nuestros ancestros prehispánicos reconocían en las fuerzas naturales presencias omnipotentes, inaccesibles a la naturaleza y motivaciones humanas, por tanto incorruptibles. Sacralizadas por el ser humano al saberlas ajenas a sus deseos e influencia. Maestras de su vida y de la vida, les conferían respeto a sus ciclos, veneración a su poder…sometiéndose al equilibrio cósmico lograban el equilibrio social, interpersonal e individual. La soberbia característica de las sociedades actuales ha puesto al hedonismo social y personal como prioridad y meta única. La búsqueda y disfrute del placer disociado del deber, ha trastocado el orden social que durante milenios antes del desafortunado encuentro con occidente primaba en la organización social.

    Ausencia de orden, disciplina, jerarquías; dilución del respeto, del esfuerzo, de la perseverancia…son, entre otras, las consecuencias de la ruptura de la armonía de la integración naturaleza-sociedad.

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