Se acabó el Mundial, ¿ganó el fútbol?

 In Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

El domingo, después de poco más de un mes, terminó la Copa del Mundo de Fútbol y, en la voz y en las letras de muchas personas del mundo, al ganar España, ganó el fútbol. Obviamente, la base de estas palabras se sustenta tanto en lo estrictamente deportivo como en una sensación de justicia global que resulta sumamente interesante.
Y es aquí donde tenemos que hacernos una pregunta para reflexionar acerca de este fenómeno que se vive prácticamente en todo el mundo: ¿ganó el fútbol? Seguido de otra pregunta: ¿qué ganó? Es un hecho que el fútbol tiene dos componentes psicológicos de suma importancia para el ser humano: es una fuente de pasión, al mismo tiempo que es un elemento identitario; considerando lo sustancialmente positivo que puede haber en ello, ¿qué ocurre cuando la pasión se desborda y hay una evidente identidad exacerbada? Habría que pensar si mucho de lo vivido forma parte de aquello que queremos que las siguientes generaciones aprendan, vivan y sientan.
Porque hemos vivido y podido ver, gracias a los diferentes medios de comunicación, las redes sociales y la tecnología, comportamientos en la cancha y extracancha que no son dignas ni propias de una persona, una sociedad o un país, he aquí algunos ejemplos.
La facilidad que se tiene hoy en día para compartir información o escenas hizo evidente cómo lo político puede meter sus manos en un deporte. Palabras como ayudas, trampa y corrupción acompañaron diferentes transmisiones, pláticas y notas deportivas. Pudimos escuchar reportajes de personas que quedaron endeudadas, seguramente por años, por ver a su equipo correr tras un balón. Sufrimos, no hay otra palabra que acomode, la arrogancia de muchos personajes que descalificaron, desvalorizaron, minimizaron e intentaron humillar a equipos, personas y países por un mal fundado sentimiento de superioridad. Vimos a jugadores burlándose de sus rivales cuando ganaban, pero golpeando o dando la espalda al ganador cuando no pudieron asimilar la derrota, lo cual es sumamente delicado si pensamos que, primero, representan a un país con sus valores y su cultura y, segundo, si recordamos que muchos de ellos son ídolos y un ejemplo para muchos niños y niñas, olvidando la responsabilidad social que tienen al ser figuras públicas. Pudimos ver videos de algunos argentinos, no todos afortunadamente, señalando que ellos no son latinos, sino europeos, con una total distorsión de su realidad y un injustificable, absurdo e inconsciente racismo y discriminación. Nada de lo aquí referido es socialmente aceptable ni algo que se desee compartir o enseñar a las nuevas generaciones.
De lo que sí ganó el fútbol podemos rescatar dos cosas: muchos de los arrogantes tuvieron su golpe de realidad y no fueron campeones, lo cual puede leerse como fortuna o justicia, y también pudimos ver a muchos países y personas hermanados en contra de la arrogancia y la corrupción. Finalmente, algo también positivo para el deporte: ganó la final quien más lo merecía y el representativo mexicano cumplió con las expectativas.
Confiemos entonces que, después de todas las malas experiencias observadas y vividas, el siguiente Mundial muestre un mejor nivel y desempeño, no sólo en la cancha, sino también en el comportamiento de todos y cada uno de los que juegan y los que rodean y dan escenario a este deporte; suena a cliché, pero que alguien piense en los niños… y lo que ven.

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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