Pasión o gusto adquirido: reto en la educación

 In Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

La idea del título no es plantear una disyunción excluyente, o una u otra, no, la idea es poder elegir entre dos opciones buenas en realidad. Los apasionados de los deportes tratan de inculcar e incentivar el gusto por un equipo, básicamente a través del ejemplo, construyendo una identidad que une a una persona con otras y así se busca apoyar a su equipo y vivir sus triunfos como propios.
En el caso del gusto adquirido, diferentes amantes de los alimentos hablan de un gusto adquirido, que no todos aprecian y no a todos gusta, como algunos quesos y unos vinos, por ejemplo, pero cuando el paladar ha sido entrenado o ha estado en contacto continuo con un estímulo, se acaban apreciando sabores y cualidades y se aprecia más un alimento.
Ambas posibilidades pueden desarrollarse desde etapas tempranas, aunque también pueden aparecer posteriormente y no demerita o se disminuye la intensidad; solamente hace falta que alguien se dé a la tarea de fungir como alguien que enseña y muestra un camino.
Lo que es un hecho es que ser un apasionado deportivo tiene un ingrediente de emoción que lo hace sumamente atractivo, más cuando se liga a la alegría y a la convivencia festiva; en algunas ocasiones puede llegar incluso a la agresión y a batallas campales. Por su parte, el gusto adquirido tiene un cierto toque clasista, por lo que muchos lo rechazan automáticamente. Los aprendizajes en la escuela bien podrían tomar estos caminos para consolidarse. Pero no ocurre.
En 2020, Educ@rnos editó el libro “La pasión de educar en voz de las maestras y los maestros” con motivo del 15 de mayo, en donde se ofrecieron testimonios e historias escritas por docentes que daban cuenta precisamente de lo apasionante que resulta para ellos y ellas la experiencia en el aula de compartir el saber; es tiempo quizá de poder pensar en un libro escrito por estudiantes titulado “La pasión por aprender”, en donde se hable de esa experiencia que cada vez vemos menos en las aulas. Porque el sentido de hablar de pasión y gusto adquirido en este texto está enfocado en incentivar el gusto por aprender, durante toda la vida, sin que se vea como obligación o necesidad, aunque lleguen a serlo, sino como algo estimulante, fortificante y, sobre todo, una vía real que desarrolla inteligencia, amplía la perspectiva y la mirada y nos ayuda a entender el pensamiento del otro, docente o estudiante, incluso padre o madre. Que esas escenas de un niño emocionado saliendo de la escuela contando lo que aprendió se puedan replicar en los diferentes niveles, con sorpresa, con alegría, con emoción.
Termina un ciclo escolar más; que la tarea no sean las planeaciones, sino que pensemos la forma de poder despertar esa pasión y se abran los espacios en cada escuela para que aflore esa creatividad docente. Es sólo una sugerencia, pero válida, ¿no?

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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