Educación nacionalista

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Es una convicción compartida por los mexicanos el encargo a la educación en México para promover una conciencia patria, con la cual los mexicanos educados defiendan al país frente otros países cuando se suscite alguna acción con la cual se lastime a personas o instituciones mexicanas. Los planes educativos desde siempre piden a los maestros realicen los actos educativos necesarios para que los estudiantes, desde tempranas edad, comprendan la importancia de sentirse parte del país y de sus propósitos y luchas nacionales. No se trata de honores a la bandera y escolta de alumnos al unísono con el himno nacional. Se trata de identificar y cultivar el sentido y el pensar sobre el significado de vivir y crecer en un territorio y al mismo tiempo ser protagonista de la historia del país.
Por eso, somos muy amables con las personas extranjeras cuando vienen a nuestro país para conocer la cultura primigenia y sus manifestaciones materiales e ideológicas. Por eso también muchos compatriotas viajan a otros países para conocerlos, para estudiar, para trabajar, en busca de oportunidades no disponibles en el país, y claro, para hacer turismo y saber algo de la historia del país visitado.
Así, podemos decir que nuestra educación mexicana es una educación nacionalista, pues aprendemos a gustar nuestro modo de vida. Desde luego no somos ciegos a las situaciones lastimosas e indeseables que se suscitan entre grupos o personas cuyo aprendizaje ha sido el uso de la violencia como modo de vivir. Una vida a expensas de los bienes de otros, así sea una cartera. Y, a veces, aprenden a usar el conocimiento aprendido en la escuela para aprovecharse de los intereses de otras personas mediante fraudes, violencia, engaños y otras conductas criminales. No estoy seguro de la asistencia de tales criminales a los centros escolares mexicanos. Sin embargo, se repiten las historias en las cuales se cuenta cómo su vida escolar estuvo llena de aprendizajes sobre cómo aprovecharse del prójimo. Desde luego, no por el contenido del plan de estudios o las acciones de profesores y profesoras. Y sí, por aprender mañas de otros quienes los convencieron del “camino corto” para gozar de la vida a expensas de los demás.
La educación nacionalista es capaz de razonar y convencer intelectual y emocionalmente a los estudiantes de los muchos aspectos valiosos de vivir en este país, y suscitar el aprendizaje necesario para aprovechar esos aspectos valiosos de los mexicanos, personas e instituciones, y fincar un modo de vida apreciable. La educación nacionalista no sólo ayuda a apreciar historia, cultura y naturaleza mexicana; también ofrece formación de las capacidades intelectuales y emocionales necesarias para comprender y apreciar cómo construir un modo de vida digno y sostenible, con el cual gozar los aprecios y resolver los desprecios y las dificultades obvias en todo núcleo de personas humanas.
Muy importante es el logro de una educación capaz de lograr el aprendizaje indispensable para buscar cuáles son los intereses personales y cuál es el argumento de su validez frente a otros intereses y otros modos de ver la vida. Apreciar la diferencia y descubrir cómo se puede vivir con modos de vida opuestos al de cualquier otra persona, es una tarea indispensable de la educación nacional. La patria, esa entidad espiritual, se hizo vida en medio de disputas sobre el modo y las herramientas para edificarla. De ahí la importancia de disponer de una comprensión personal de cómo vivir en el mundo y lugar en el cual nos ha tocado. Seguro con una comprensión diferente, a veces muy diferente, de las ideas de otros. Ahí nace el aprender la importancia de saber convivir con las otras comprensiones personales de las otras personas. Y fincar así la colaboración.
Un sabio ha dicho: “Lo diferente, en la conversación encuentra su opuesto”. Quizá la educación nacionalista tiene su prueba de fuego cuando los bandos opuestos sean capaces de instaurar la conversación como método de solución de conflictos. La conversación funda la nación querida y defendible por todos los amorosos de ella. La educación nacionalista no está para defender “la” nación sino todas las naciones capaces de comprenderse entre sí, sin sueños de primacía o lugares reservados para los elegidos.
Un detalle para inferir la gran importancia de la educación nacionalista está en la capacidad de nuestras instituciones educadoras para utilizar la conversación para educar. Ahora, y desde años y años atrás, cuidamos profesores capaces de “dar” la lección de cada día, de cada hora y de cada materia o tema. Cuidamos estudiantes atentos a los profesores y sus indicaciones, y pensamos el aprendizaje como la respuesta correcta del estudiante a los exámenes.
¿Se conversa? Sí, los maestros – algunos, algunas, en el recreo. Sí, los estudiantes quienes se conocen por jugar con el mismo equipo en el recreo, o porque vivimos en la misma “cuadra”, porque estudiamos juntos, porque vamos a las mismas diversiones y nos gusta el mismo juego profesional, fut, beis, basket, carreras…
No se conversa sobre lo aprendido y sobre la dificultad de aprender. En estos tiempos se tratan otros temas. Lo rutinario es tema cuando no sucede. Los aprendices no son tema a menos que se “porten mal”. La nación aparece cuando la burocracia nacional aparece, y no para hacer conversación. Así, ¿la educación nacionalista tiene sentido, valor y aporte? ¿No será un frase llena de ideología aceptable? ¿Hacer educación nacionalista? Eso, tiene sentido los días de fiestas patrias, en el patio, con la bandera nacional y el himno.
La nación nos educa si conocemos, comprendemos y nos emociona saber de los hechos de los personajes de tiempos pasados cuya actividad forja el primer piso de esta nación. La nación nos educa cuando reconocemos cómo el país se forjó moderno, con las nuevas generaciones post revolucionarias, las cuales recogieron la estafeta de sus padres y le dieron una nueva capa de sentido mexicano en un contexto mundial. Todo fue fruto de la educación nacionalista, cuyo significado se enriqueció con los años, los proyectos de país y la acción decidida de miles, millones de mexicanos.
Quizá estamos perdiendo esa formidable fuerza educadora, al admitir que sólo algunos tienen la comprensión cabal de la nación, su historia y sus significados. Se prefiere comprender la patria con sectorizada, en un lado los elegidos, en otro los reacios a unirse a los elegidos. Y entre todos dan la espalda a la complejidad de la nación con sus múltiples riquezas, signos y significados todos capaces de contribuir a la historia nacional. Éste es el gran pendiente de la educación nacionalista: reconocer, aceptar y utilizar el modo de comprender la nación de cada mexicano.

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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