Y entonces México hizo una pausa
Marco Antonio González Villa*
Es importante señalar que no hacemos una apología de nadie, no, es en realidad un análisis frío desde mi parecer, aunque algunos podrán decir que es parcial, sobre lo que estamos viviendo actualmente en nuestro país.
El negocio de las drogas es, sin duda, uno de los fenómenos sociales que más revela las fallas y fragilidades de un sistema económico que, por mucho que quiera pintarse de izquierda, aquí se le recuerda la inevitabilidad de un capitalismo que busca cualquier intersticio para colarse. Por mucho que se quiera negar, diferentes analistas políticos, académicos, series de televisión y plataformas, así como películas, nos han mostrado cómo se manejan grandes cantidades de dinero que no pueden pasar desapercibidas, ni ser consideradas como algo menor; al contrario, hay un flujo de dinero, una inversión y una ganancia que se vuelve un negocio atractivo para muchos.
Suena y se lee absurdo, surrealista diría Dalí si hablara nuevamente hoy de nosotros, que da trabajo y comida a miles de personas que van desde sembradores, laboratoristas, químicos, transportistas, vendedores, sin olvidar a administradores, supervisores y entusiastas capitalistas, cuidados por sus guardaespaldas, que invierten tiempo y esfuerzo para lograr ganar un dinero que el sistema no les puede garantizar, ofrecer o asegurar de manera legal y suficiente para lograr todas sus metas materiales o de subsistencia. Además de dinero, algunas comunidades y sectores sumidos en la pobreza de la población se han visto beneficiados con la creación de infraestructura y obtención de servicios básicos, como agua y luz, para sus localidades, lo que genera lealtades, agradecimientos, incluso ideales entre muchos miembros, sobre todo adolescentes y jóvenes o, como ya señalé, personas que han vivido y sufrido siempre pobreza y ven aquí una luz para sus vidas: sin la falsa idea de la meritocracia o el nepotismo, uno puede llegar hasta donde su ambición le permita.
Se puede ganar más que en muchas profesiones, se puede “ganar bien”, dicen en el gancho para adolescentes que dejaron sus estudios en pos de un dinero concreto y en sus manos; además, la edad no es una limitante, todos tienen cabida; incluso, no hay conflictos morales o éticos, porque no obligan a nadie a comprar; cada quien es responsable de lo que adquiere, de lo que consume y del mal que se hace a sí mismo, pero es una decisión personal, como también nos lo han mostrado miles de imágenes de norteamericanos en series, películas y en muchas de sus calles. He aquí una de sus mayores contras: este tipo de vidas no suele durar mucho. No importa, dicen algunos jóvenes, mejor disfrutar poco tiempo que nunca. ¿Podemos ofrecerles algo mejor? Pensemos.
¿Qué otro personaje lograría parar un país con su deceso? Solamente los ídolos de las masas, del pueblo: Pedro Infante, Juan Gabriel, tal vez Cantinflas; pocos se nos pueden ocurrir. Actualmente, tal vez sólo la muerte de un presidente convocaría a manifestaciones y paros en el país, pero no se me ocurre nadie más. Un docente, por ejemplo, no lograría parar ni siquiera las clases de la escuela donde labora; tampoco un doctor, un hospital, y así podemos ir descartando a muchos.
Y entonces vimos parar a México por una muerte; hubo manifestaciones de desaprobación a lo largo del país. Las razones para detenernos dan cuenta de lo que una persona representa para muchos: se actuó por represalia, por venganza, por indicaciones, por deuda moral, por agradecimiento, por coraje, por desacuerdo, por lealtad, por miedo, por respeto, por todas ellas y por ninguna; no importa que los demás lo vean como algo infundado, para ellos su acción tiene sentido.
El sistema no funciona y no hacemos referencia sólo a lo que ocurrió en México, sino también a todos aquellos que siguen el modelo económico del llamado sueño americano y que no se dan cuenta de que, en su materialismo, desigualdad y falta de oportunidades para muchos, crean un escenario propicio para el crecimiento de este tipo de negocios. Pero, como en toda empresa, quedó una vacante y el negocio fructífero debe continuar. ¿Qué sigue? Nadie sabe; estemos expectantes y en paro muchos, por mientras.
*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx