Un acercamiento a la propuesta de las metodologías sociocríticas en el marco de la NEM

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

En educación, como en muchas situaciones de la vida cotidiana, existen modas: modas académicas, modas pasajeras, modas estelares, modas educativas y modas conceptuales. De esta manera y en el marco de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), se propone y se coloca de manera estelar la llamada propuesta de las metodologías sociocríticas para el trabajo educativo, pero ¿qué es eso?
La literatura en el campo de la formación, las prácticas y el desarrollo de la docencia nos demuestra que las y los docentes aprenden a desarrollar y consolidar un estilo personal para llevar a cabo la práctica docente, a partir de articular los elementos básicos de la formación inicial, las imágenes y el impacto que otros docentes ejercieron en él o en ella y las formas concretas en las que la experiencia le va dando sentido a la propia práctica. Esta última (la experiencia acumulada) es la que tiene mayor valor, la experiencia docente que se documenta, se reflexiona y, a su vez, articula:

• El estar en situaciones concretas de práctica.
• El adaptarse a las necesidades del contexto, a la demanda de las y los escolares y a leer y adaptar las disposiciones curriculares en turno.
• A reflexionar en torno a la que se hace, por qué se hace, cómo se hace, para buscar alternativas de cambio o de transformación, para hacerlo mejor.

La llegada de la propuesta de las metodológicas sociocríticas a la educación pública se torna un componente novedoso, pero invasivo, que no concilia y que no se hace compatible en una primera vuelta con los elementos antes descritos.
Las metodologías sociocríticas tienen, a su vez, cuatro componentes básicos:

• Se requiere una capacidad y un avance en el uso del pensamiento crítico de quien educa.
• Se ubica a partir de una enseñanza situada, en donde el sujeto que educa debe aprender a leer las líneas de la realidad social en la que se encuentra.
• Se trabaja en comunidad a partir de estar al lado de otras y otros.
• El corazón de la metodología sociocrítica reside en el diálogo como recurso para el intercambio de saberes, a partir de reconocer que todos los sujetos que llegan a la escuela y que ya saben algo son portadores de saberes acumulados a lo largo de la vida o como parte de la trayectoria de cada sujeto en turno; por lo tanto, aporta y recibe conocimientos de los demás.

De esta manera, el carácter sociocrítico de la metodología de trabajo, sobre todo en la educación básica y como parte de un paquete de transformación curricular, llega como un atributo, es decir, como una cualidad de la metodología de trabajo; se trataría ahora de pasar de la adjetivización de la metodología a la sustantivización de la misma, teniendo a lo sociocrítico como la columna vertebral de la tarea de enseñar y también de aprender.
¿Dónde se ha vivido esto como parte de nuestras tradiciones pedagógicas?
Tal vez en las primeras experiencias de la escuela rural mexicana, en las misiones culturales y un poco más acá en el intento de educación socialista durante el sexenio de Lázaro Cárdenas. De ahí que, a partir del proceso de tecnificación, la llegada de las ideas y los formatos neoliberales al mundo de la escuela sirviera para sesgar todo lo que implicaba el compromiso social de la educación, incluyendo los aportes sociocríticos.
Ahora nos encontramos atrapados en un escenario pedagógico e institucional de contrasentidos. Por un lado, el discurso tiende a enfatizar el compromiso social a través de la utilización del pensamiento crítico y de una metodología sociocrítica que ayude a los sujetos a emanciparse, pero, por el otro, vivimos sumidos en un contexto social cargado de mercadotecnia y de dependencia tecnológica en relación con la llegada de los nuevos falsos profetas que prometen las salidas fáciles y sencillas en educación solo a partir de oprimir un botón.
Me parece que son o debieran ser las y los docentes que, desde los espacios naturales de trabajo, discutan todo esto; que dialoguen para encontrar nuevos senderos en las alternativas pedagógicas, como decía el título de un cuento de un autor mexicano: “El nombre es lo de menos”. Se trata de vivir experiencias pedagógicas que coloquen a los sujetos dentro de su propia realidad y que les exijan tomar decisiones y asumir los riesgos.
Se trata de vivir experiencias pedagógicas innovadoras, con las metodologías que mejoren, se adapten a cada contexto y, al final, que cada quien le ponga el nombre que quiera.

*Doctor en Educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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