Trampas emocionales
Rubén Zatarain Mendoza*
La escuela de manera explícita formula acciones para formar la cultura de la paz en un contexto internacional de conflictos bélicos permanentes, en un contexto de inseguridad estructural en muchas de las regiones del país. Las formas reactivas y de adaptación evolucionan, acomodan dicotomías y contradicciones.
Educar las infancias y adolescencias para la reinstalación del tejido social no sólo es posible, es también imperativo. Las metodologías de trabajo y las maneras de interactuar en los entornos escolares han de repensarse y actualizarse.
En los microespacios del aula y la escuela se puede coexistir, hacer práctica de convivencia de respeto al otro y, sobre todo, transformar la mirada sobre la historia universal y nacional más allá de una sucesión de hechos bélicos.
Pedagógicamente, no es fácil hacer propuestas de socialización de niñas, niños y adolescentes expuestos a entornos donde la violencia, agresividad y las armas forman parte de sus consumos culturales de video y audio; forman parte, también, de la transmisión oral en calles y noticieros amarillistas.
Formar para la paz y redireccionar conductas de violencia o de franca agresividad en contextos comunitarios o familiares es todo un desafío.
Patear, romper la red, meter gol, ganar: el lenguaje que permea hasta el deporte, el fútbol como realidad lingüística y hasta didáctica según algunos(as).
La mirada histórica, la mirada cívica obnubilada por eventos pasionales e inmediatistas de ceguera colectiva como el Mundial de Fútbol que ya guarda ímpetu, devaneos; guardazapatos y camisetas en los rincones. El Mundial y sus lecciones de consumismo acrítico, el ritual de cada 4 años de ilusiones que como pompas de jabón se desvanecen dejando los estados de cuenta de junio y julio como costo del ser y hacer aficionado en estadios, glorietas y calles.
La trampa emocional de la televisión y la radio y los comentaristas deportivos hábiles para vender mentiras y comercializar con los estados eufóricos de muchas y muchos. Su temporada de zafra al lado de los dueños de los medios, equipos y las migajas del negocio que llegan hasta quien confecciona botanas caseras o debuta como vendedor de cerveza a los viandantes con distintas camisetas, según avanza el torneo.
El alcoholismo de futuro y el sobrepeso, la prediabetes y diabetes de los glotones en ejercicio y formación que heredará para la siguiente generación, los ilusos que beben y comen compulsivamente, que apuestan a la vana catarsis, ya se encuentran en camino: el Mundial y el futbolito nacional, los banquetes del eros del juego ajeno en la reproducción del ciclo inacabable de los aficionados.
El Mundial se terminó y las imágenes de un presidente estadounidense, un primer ministro canadiense y la presidenta de los Estados Unidos Mexicanos entregando medallas y copa de oro a los triunfadores; el equipo de España, las imágenes de humo por comentar. La comunidad internacional y el síndrome del avestruz ante los problemas torales, el hipnótico fútbol, el hipnotizado futbolero.
El Mundial que bendice personajes genocidas y señores de la guerra, la gerontocracia universal multimillonaria y la resaca política hedonista, el juego de niños que los divierte en los estadios.
Es cierto, en España, el 18 de julio de 1936 hubo un golpe de Estado orquestado entre otros por Francisco Franco, dando arranque a una guerra civil, la derrota del gobierno republicano y, a la postre, a una dictadura de cruentas huellas en la memoria histórica de los españoles.
Qué difícil es hacer historia e interpretar coordenadas de ciudadanía cuando se fue imperio, se es monarquía y se nada en aguas profundas de ultraderecha; qué fácil es convocar espíritu nacional cuando se está en la final del Mundial de 2026.
Es cierto que hoy olvidamos cuando el 20% de los jóvenes españoles echa de menos los tiempos de Francisco Franco. El dictador y la muerte, el falangismo, ellos españoles y españolas que apoyaron y simpatizaron con el nazismo y el liderazgo de Hitler, el que a su muerte dejó las condiciones para la restitución de la monarquía; es cierto que dejó en 1975 a un pueblo español eufórico por la página de democracia que podría escribirse.
Pero en estos días, con un gol, ¿quién atiende la memoria histórica?, ¿quién atiende la asignatura abandonada en las mentalidades juveniles?, ¿quién la atiende cuando hay fútbol?
Todo pasó a segundo término, la fecha del domingo 19 de julio de 2026 y la Copa Mundial soterra la obligación cívica de informarse y pensar. Los hacedores del colonialismo en América Latina y responsables del carácter colonial latinoamericano en muchos sentidos, en un partido futbolero de escasa calidad, labran la admiración de los habitantes del absurdo del territorio universal convertido en masa espectadora.
La final del Mundial, el gol de Ferran Torres, los dos equipos de habla hispana, con la misma elocuencia lingüística y pasional, con los mismos sudores, con hambres similares de triunfo y con hambres diferenciadas en el ámbito económico y cultural en sus países de inmigración y pobreza profunda, los “que no llegan a fin de mes” y constituyen esa élite que vive de los pies, los euros y los dólares en el estadio de la contaminada ciudad de Nueva York.
Ahí las banderas albicelestes predominantes que ondeaban de manos eufóricas entre sueños y cábalas medievales, ahí las banderas de la furia roja en trapos y maquillajes, ahí las parejas futboleras de ambos géneros, igualmente enloquecidos o estimulados.
De igual manera, se forman mentalidades para la participación ciudadana y práctica de la democracia en un contexto donde permea la norma, la verticalidad y el autoritarismo.
La obediencia parece ser el comportamiento social más premiado y el sentido de lo esperado de lo que es ser niño.
Muy pocas experiencias prácticas de auténtica democracia se pueden enumerar en la vida de las aulas y las concentraciones de las comunidades estudiantiles.
En el aula subsiste un esquema que premia el desempeño individual y estimula comportamientos sociales de denuncia en corrillos del comportamiento del otro.
En los patios y eventos colectivos predomina la instrucción, el regaño público y ocasionalmente la referencia oral al buen comportamiento.
El sacrosanto valor de la libertad se da en el marco del libro gris de una propuesta entre cuatro paredes donde salir del salón de clases o salir del espacio de la escuela por argumentos imperativos de control y seguridad se convierte en imposible.
La escuela y su doble vía de formación de los valores constitutivos de una sociedad basada en la libertad individual y el contrato social colectivo de obediencia.
La sociedad y su crítica posición de defensa a ultranza de los valores libertarios que han inspirado luchas emancipadoras y resistencia a los múltiples yugos que diseña con formato de norma y ley la clase dominante.
La libertad como valor y estructura de una sociedad de inequidades. La libertad por practicar y defender en el contexto de una escuela pública que estandariza sus espejitos de colores y genera consenso de manera explícita e implícita.
Los bolsillos vacíos y rotosos de niñas y niños de hogares empobrecidos desde ya algunas generaciones. El modelo por aprender para la nueva generación de pobres y dependientes.
Las madres y padres de familia, la generación de paternidades y maternidades neoliberales donde tiene lugar el arcoíris de elección hasta de las sexualidades y protección de animales, mientras no amenace la estructura económica y no revele voluntades de insurrección contra el modelo.
Los rituales de la historia nacional y los abrevaderos de los valores de aquellos hombres que nos dieron patria y cuya obra a veces se descontextualiza.
La generación de adultos pasiva que transmite cultura del esfuerzo y trabajo duro, que hace participación ciudadana coyuntural e inmediatista en tiempos de elecciones y se queja por triunfo o sexenalmente de sus malos gobiernos.
La derecha nacional, latinoamericana y universal está de fiesta y el retorno al autoritarismo parece ser el gran riesgo entre hurras futboleras y trampas emocionales de sus voceros pobres en argumentos, pero vociferantes de tiempo completo.
*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com