Tiempos oscurecidos
Miguel Bazdresch Parada*
No son los mejores tiempos para vivirlos. Los hábitos democráticos y humanitarios construidos en buena parte del siglo XX, sobre todo al término de los periodos llamados “guerras mundiales”.
El fin de la Segunda Guerra Mundial dejó una herencia de gravedad dada la destrucción de países enteros, la persecución y muertes por asesinatos colectivos del pueblo judío, la gran “cruda” de los gobernadores de los países beligerantes y la constante verificación del desprecio por no aplicar las acciones pacíficas frente a los diferendos internacionales. Se constató así el espíritu guerrero e inhumano de líderes nacionales, ejércitos, científicos en algunos casos y personas afectadas por algún acto propio de la situación conflictiva.
Fue terrible la verificación, al final declarado del conflicto, de la imposibilidad de restaurar mucho de lo destruido por el ánimo y actitud guerrerista de parte importante de los gobernantes de las naciones, y sus consecuencias en personas muertas, ciudades, fábricas, empresas destruidas, dineros gastados y, sobre todo, imposibilidad de regresar siquiera a la situación social, económica y política previa a las hostilidades.
Sin duda, fueron tiempos oscuros y oscurecidos por las mentiras flagrantes desplegadas por el jefe alemán, Adolf Hitler, al proponer acciones y acuerdos aceptables por el resto de Europa y, al mismo tiempo, presenciar la burla de los mismos por las acciones de conquistador del alemán. Y el silencio o la debilidad de los otros jefes occidentales, paralizados ante los actos del ejército alemán.
¿Estamos ante las mismas circunstancias? Un hombre seguro de ser dueño del mundo y, por tanto, estar autorizado a regañar, remover, arrestar, golpear y guerrear a quien se oponga, ya no a sus actos, sino sólo a sus dichos. Dicho de manera sencilla: “¿No estás de acuerdo con lo que digo? Cuidado: Va el ejército a convencerte”. Silencio como respuesta: No vaya a molestarse.
Tomemos nota, porque descalificarlo no tiene razón, sirve de nada. Precisamente, no tiene razón y no acepta razones o raciocinios. Sólo acepta obediencia. Y siempre tendrá pretextos en sucesos o realidades de países o regiones para pronunciar su disgusto por esos hechos y amenazar con enviar a quien lo puede arreglar, sobre todo, haciendo un “tiradero” si no se hace su voluntad, siempre ingrata.
¿Hay modo de contener esos despropósitos y disparates? La historia consigna el fracaso de ese propósito y sólo se frena cuando se usa violencia contra sus planes, sus ayudantes y su persona. Al menos así ha ocurrido en la historia del mundo.
En términos educativos, es necesario, al menos, hacer conciencia con los estudiantes de la maldad de las acciones y dichos descarados de ese sujeto y su gobierno. Pues no contento con molestar a los gobernadores que se le antoja con el más leve pretexto; lo cual debe ser estudiado en escuelas, universidades, empresas y territorios.
El centro demostrativo de ese carácter está en sus acciones violentas. Persecución con soldados armados hasta los dientes de los migrantes y los ciudadanos que les ayuden. Deportaciones masivas de personas declaradas no gratas para el país, hacia algún país que las acepte. Guerra comercial con todos los países a quienes les compra algo, mediante cobrarles fuerte impuesto por “hacerles el favor de comprarles”.
La educación, los educadores, los padres de familia han de enterarse con detalle de estas graves situaciones y momentos de amenaza al país, a fin de hacerles ver a sus hijos el problema y ubicar a los responsables, que no es el pueblo estadounidense, sino el hoy jefe en el poder. La educación puede hacernos razonar la situación y razonar las acciones congruentes con la misma. El proceso seguido y la actual situación de Venezuela, en sus detalles, es hoy un material precioso para comprender cómo se está dando la acción del individuo del Norte.
Al mismo tiempo, conviene llamar la atención del gobierno para desarrollar una forma congruente y eficaz de posicionarse y de actuar frente a la situación de amenaza. No podemos confiar en “apapachos” de quien aún busca la razón.
Este país sabe de invasiones, persecuciones, guerras y situaciones complejas y amenazantes. Hoy toca aprovechar ese saber y “darnos” entre todos una clase.
*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx