Tender la cama

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

Entre las estrategias de supervivencia política destaca la de “tender la cama”. Consiste en cocinar el desprestigio de los adversarios y mantenerlo en estado de latencia hasta que aparezca la coyuntura. Entonces, sólo se destapa la olla. Lo demás es natural.
Se tiende la cama con una situación escandalosa y comprometedora. Una frase que demuestre traición, un acto estúpido o un error imperdonable. Se trata de alta política e implica una paranoia premeditada y meticulosa que prevé la enemistad de todos. No existe enemigo pequeño, se dice. Todos son potencialmente peligrosos. Hasta los amigos.
Un buen político teje los hilos con paciencia y constancia. Es hábil y discreto. Goza de buena memoria: recuerda las malas caras y los sucesos inocentes. Practica la hipocresía como una virtud. Usa “la mano izquierda”. Abraza y bendice. Reparte besos como princesa de carnaval. Queda bien. Hace favores para cobrarlos. Saca “sopas” y sólo las suelta si le conviene. Calcula, maquina, trama. Repta como animal inofensivo y cuando la oportunidad se presenta, ensarta el aguijón sin compasiones ni remilgos.
Su conciencia es acomodaticia. Su única convicción es la del triunfo, que sólo ocurre cuando la situación le favorece a él. Cambia de ideales constantemente; los tuerce y acomoda según sus intereses. Casa a sus hijas con personajes influyentes y permite que su mujer coquetee con otro si con ello obtiene algún beneficio práctico. Los políticos de cepa creen en Dios (no fingen) cuando están en el templo y se manifiestan ateos recalcitrantes cuando están afuera (y, ciertamente, lo son). Simpatizan con el Atlas cuando gana y se burlan de sus derrotas cuando pierde. Son camaleones sin principios y fundamentalistas situacionales. Cambian de partido, de nacionalidad, de familia y hasta de sexo. Hablan con fluidez cualquier idioma (que luego olvidan) y defienden con pasión cualquier doctrina (que luego niegan).
En tiempos electorales hacen encuestas detalladas. Desean saber la voluntad de sus votantes. El cliente siempre tiene la razón. Si quieren sangre, sangre les dan. Se cambian de nombre, se hacen la rinoplastia, se pintan el pelo, adelgazan… Ponen la direccional hacia la izquierda pero dan vuelta hacia la derecha. Hacen lo que no dicen y dicen lo que los otros quieren oír. Son gente sensible. Perciben los vientos con los ojos cerrados y giran de orientación y de tendencia. Fueron los primeros navegantes; los que se dejaron llevar por los remolinos del mar. Hijos de Malinche, asesores de Stalin, ideólogos de Hitler y priistas hasta el 2000. Son los mismos con máscaras diferentes. Reencarnan, vuelven a nacer, rejuvenecen. Fénix insaciables de la conveniencia.
Mantienen los ojos abiertos. Predicen la trayectoria de un cometa y describen con exactitud el vuelo de una mosca. Son observadores excesivos y adivinos casi perfectos. Anticipan al que caerá porque lo tienen en la mira. Nadie les demuestra el tiro: un comentario inocente, un recado sutil. Saben dónde poner el agujero para que otro caiga. Tienden la cama con esmero de mucama servil. Ponen holanes, bordan tenuísimas prendas. Esperan mientras se hacen la manicura. Ensayan el asombro frente al espejo.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

Comentarios
  • Nicandro Tavares
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    Simplemente genial. Felicidades Jorge Alberto Valencia, este arriculo es una verdadera obra de arte, un fiel y excelente retrato de lo que son los llamados politicos en neustro Mexico.

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