Sueños cumplidos, sueños rotos en educación

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Cada año, entre finales de julio y principios de agosto, la Ciudad de México y el área Metropolitana se convertían en un punto de quiebre, en el que las emociones de cientos de adolescentes y jóvenes se desbordan, debido a la angustia e incertidumbre que implica su futuro académico, el cual depende directamente de sus resultados de ingreso a nivel Medio Superior o Superior. Este año, por la contingencia, tuvo que posponerse a el mes de septiembre, quedando el 18 o el 21 de septiembre como fechas que marcaron la vida de muchos y muchas estudiantes.
Como ha sido en los últimos años, aparecen inmediatamente las notas periodísticas que refieren a el o la estudiante que obtuvieron los mayores puntajes en el examen de COMIPEMS. Nuevamente hubo este año un alumno que obtuvo un puntaje perfecto, al tener correctos todos y cada uno de los reactivos de su examen; igual que años anteriores también, el estudiante de mayor puntaje ingresará a una Preparatoria de la UNAM. Hay en la nota, y en la familia, referencias de alegría y felicidad por el logro, lo cual es completamente destacable si consideramos las dificultades que tuvo que enfrentar el estudiante para prepararse para el examen, con un ciclo escolar totalmente anómalo. Es un sueño cumplido. al igual que le cumplieron todos aquellos que ingresaron a estudiar la carrera de su expectativa y preferencia.
Pero también, como cada año, encontramos la otra cara de la moneda: los estudiantes que no pudieron ingresar a la Institución en la que habían depositado todos sus anhelos educativos. Para el caso del nivel Medio Superior existe la posibilidad de encontrar lugar en otras institución pública en la que, pese a no ser su primera opción, podrán continuar con su preparación. Sin embargo, en el caso del sueño de haber ingresado a una universidad pública, éste se verá roto, generando dolor y frustración. Estadísticamente son muchos más los estudiantes no aceptados, en comparación a los que obtienen un lugar; en el mejor de los casos, está la opción de ingresar a una universidad particular que se encuentre dentro de sus posibilidades económicas, esperar un año para volverlo a intentar o ingresar al sector laboral.
Sigue faltando entonces mucha infraestructura para poder cumplir un número mayor de sueños, pero, dado el escenario que ha persistido en los últimos meses y la instituida política de austeridad, lamentablemente seguiremos observando un número mayor de sueños rotos. Es claro y justo decir que, a diferencia de otros exmandatarios, el presidente actual ha tenido, desde que estuvo al frente de la Ciudad de México, la idea y voluntad de crear más universidades, pero crearlas y mantenerlas requiere una gran inversión que, como ya señalé, se ve difícil de lograr. Hay por tanto una realidad innegable que la pandemia hizo más evidente; la educación aún no es una prioridad ¿o sí?

*Maestro en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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