Ser libre… en el encierro

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

No he podido dejar de pensar en una canción de Miguel Ríos, “El ojo del huracán”, que en una de sus líneas dice “…ni de que la palabra calle significa libertad…”, letra que, para muchos, dadas las condiciones, tendría mucho sentido en la actualidad.
El tema de la canción está centrado en personas que están condenadas al encierro, no de manera voluntaria, y que han perdido toda posibilidad de salir nuevamente a las calles. De esta forma, el encierro es significado como una pérdida de la libertad y se concibe el aislamiento social como un castigo, para alguien que, temporal o definitivamente, ya no formará parte de la sociedad.
Sin embargo, la situación que estamos viviendo con la pandemia ha puesto en riesgo muchas áreas y aspectos de nuestra vida, pero no la libertad. Cuando alguien es privado de su libertad sus opciones y decisiones son limitadas y quedan en manos de otros; esto no ha pasado aún.
En realidad, el confinamiento, seguir la indicación de quedarse en casa, es un acto de libertad que sirve de ejemplo para las futuras generaciones, la de niños, niñas y adolescentes con una formación en ciernes: elegimos, decidimos libremente seguir la indicación pensando en nuestra salud y la salud de los demás, hay por tanto una preocupación por el otro, lo que torna nuestra decisión moral y ética al mismo tiempo. Es algo que se hace necesario explicar enseñar a las personas que se encuentran bajo el cobijo de la formación y educación que les brindamos.
De igual manera, en la convivencia prolongada con la familia que libremente elegimos, hemos visto que cada menor de edad, pese a lo complicado que puede resultarles vivir en el encierro, tiene libertad para entretenerse con diferentes opciones y hacer así más llevadera su situación. Las y los adultos hemos sido libres de comunicarnos, de ver, de leer, de publicar o de escribir con esa misma libertad, ya que logramos entender esa idea que señala que nunca se puede esclavizar el pensamiento; el pensamiento es total y plenamente libre.
Como otra manera de manifestar nuestra libertad, juzgamos y emitimos opiniones sobre las personas que actúan irresponsablemente en este momento difícil, ya sea con sus acciones, sus publicaciones o sus palabras, así como también hemos entendido que hay personas que, por una cuestión de vida, de supervivencia, tiene que salir de sus casas y vivir la paradoja de exponerse a enfermedades y/o la muerte, buscando seguir adelante y mantenerse con vida.
La libertad se decide, se ejerce de forma permanente, es una condena dirían algunos filósofos; nuestras palabras, pero sobre todo nuestros pensamientos no han sido coartados o limitados. Podemos estar tranquilos, seguimos siendo libres, esto es sólo un encierro. No lo olvidemos

*Maestro en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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