Roma

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

Las sirvientas en México son empleadas sin prestaciones. Emigran de sus comunidades –generalmente indígenas– a las ciudades, donde se incluyen de por vida en una familia de clase media o alta para convertirse en la coordinadora sin crédito de la logística de una casa.
Fuera de su contexto se encuentran vulnerables ante una realidad que no conocen y una posición que no les favorece.
Se encargan de las labores domésticas y carecen de oportunidades educativas, personales, verdaderamente trascendentes.
Algunas de ellas corren con suerte y se integran a la estructura familiar. Reciben un trato respetuoso y gozan de ciertos beneficios, incluso la educación básica.
El desenlace posible es el matrimonio, al que acceden cuando alguien de condición socioeconómica semejante se vincula con ellas y se las lleva para formar una casa. O bien, permanecen para siempre con la familia que las alberga, en calidad de nanas o de personajes necesarios e incómodos.
En muchos casos son presa de violencia psicológica o hasta sexual, debido a su condición.
La película mexicana premiada por la Academia Cinematográfica de Estados Unidos como la mejor cinta en lengua no inglesa, narra la vida de Cleo durante el año de 1970-71. Es una sirvienta incrustada en un contexto extraño de la Ciudad de México. Es tratada con afecto por los miembros de la familia. Un novio raro la enamora, la embaraza y abandona. Logra parir una hija muerta debido a la impresión que le ocasiona un asesinato del que resulta testigo durante una manifestación.
Por su pretensión narrativa y sus tomas inverosímiles (la película empieza con la toma de un avión visto desde un charco), Roma es un homenaje al cine producido en el CUEC, institución que durante muchos años ha sido punta de lanza para la producción de aventuras cinematográficas de bajo presupuesto, pero con gran destreza técnica.
Y, por otro lado, una diatriba tácita contra las costumbres sociales de un país que se niega a reconocerse racista y que no alcanza a ofrecer equidad para todos.
El premio a Cuarón es un reconocimiento no intencional a la vocación cinematográfica de cientos de jóvenes que no gozan de los beneficios económicos de los presupuestos culturales. Detrás de Roma existe una representación urbana en espera de oportunidades. Y una realidad nacional que requiere interpretación: la represión política, la injusticia social, la multiplicidad étnica… son sólo algunos ejemplos que la influencia hollywoodense y la falta de autocrítica impiden llevar a cabo.
En un país que carece de definiciones coherentes, el arte, incluido el cine, es la única alternativa para su comprensión. Bienvenidos los reconocimientos estéticos.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

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