Restaurantes

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

Placer natural que nos distingue como especie, entre otros, la comida demuestra mucho de la cultura de un pueblo. El ser humano es lo que come. Y nunca come solo (o no debía de hacerlo).
Mientras las bestias se alimentan para subsistir y sólo comen lo que su instinto discrimina, nosotros podemos degustar, renunciar, seleccionar, aguardar y hasta exceder nuestra comida.
Como en casi todo, nuestro límite es la imaginación y el acceso.
La granada de los chiles en nogada obedece al sabor, al color y a la textura. Lo cual demuestra que las artes culinarias se han desarrollado para exaltar los sentidos. Comer es un acto de sinestesia donde también se come lo que se mira, lo que se oye, lo que se olfatea.
Los totopos adquieren su mérito por el crujido. Los ostiones, por el regusto más allá de la repulsión que su apariencia proyecta.
Los restaurantes entienden nuestra condición gregaria y ofrecen una ambientación propicia para la convivencia. Solemos acudir a donde mejor nos traten y se ofrezca un ambiente agradable, no siempre donde sepa más sabroso. O al revés.
Nuestra alimentación es un acto ritual, desde la preparación hasta su consumo. Un café bien acompañado resulta más nutritivo que un licuado apresurado de apio.
Los restauranteros disponen las mesas de manera que las conversaciones ajenas fomenten y no intimiden el picor de unos chilaquiles equilibradamente dorados. La ventilación debe propagar los aromas de la cocina y no enfriar el caldo tlalpeño con las tortillas recién aplaudidas.
Sin duda, los tacos asumen la genética nacional. El maíz protagoniza todo el sobrepeso que merecemos. La comida oriental sólo alcanzará nuestra preferencia indiscutible cuando logre sustituir las algas marinas por las tortillas azules.
Existen restaurantes cuyos precios nunca empatan con la fruición de los platillos que ostentan. La cuenta sólo hace justicia a los eructos de satisfacción con que el buen humor reconoce la suculencia de la tampiqueña.
En tiempos de pandemia, la comida comunitaria parece un acto de inmunidad. Un exorcismo contra el contagio. O un derroche de temeridad.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

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