¿Realidad o espectáculo?

 In Luis Christian Velázquez Magallanes

Luis Christian Velázquez Magallanes*

 

Guy Debord (1931-1994) en 1967 publicó un ensayo denominado La sociedad del espectáculo. El texto plantea cómo la realidad se presenta o se distorsiona a partir de cómo los medios de comunicación publican la información, de los ideales emanados del consumismo y de los bienes culturales posicionados por grupos hegemónicos. La realidad se distorsiona o manipula para aparentar algo distinto a lo que es.

La realidad, en este sentido, se construye a partir de nuestras percepciones y éstas generan estados emocionales en los individuos; por tanto, existe la posibilidad de construir una realidad que, en la mayoría de los casos, podría no corresponder con los hechos. Los individuos, luego entonces, sólo perciben el espectáculo que se les muestra.

La tesis del pensador francés puede, en algún sentido, considerarse como una extensión del Mito de la caverna contenido en la República de Platón. El hecho refuerza la famosa tesis de Alfred Whitehead respecto al pensador griego: “The safest general characterization of the European philosophical tradition is that it consists of a series of footnotes to Plato”.

Entender la cita anterior rebasa la finalidad de una educación de baja calidad porque lo bueno cuesta caro. Los primeros edificadores de esta sociedad basada en el espectáculo se encuentran en la esfera política y sus puestos públicos.

En el poder político y sus encomiendas, se encuentran personajes que durante la campaña hablan y se muestran muy cercanos a las necesidades populares, pero que, cuando se instalan en el cargo de elección popular, declaran y muestran su enorme clasismo. “Ay, mijita, lo bueno cuesta caro”. Así como aquellos que aprovechan el discurso de la austeridad, pero gozan de una pensión dorada.

La cuestión estriba en preguntar por qué se cae en la misma trampa; parece que somos Sísifos en la fiesta de la democracia. El absurdo es tal que se permite que personajes sin ninguna preparación ocupen cargos de elección popular, sólo porque son la cúspide del consumismo, de modas efímeras o engloban los anhelos de las multitudes. La política es el espectáculo en donde podemos apreciar cualquier tipo de falacia o sofisma argumentativo.

Otro escenario de esta sociedad del espectáculo se encuentra en la esfera sindical. En esencia, su naturaleza es una: defender los derechos laborales de los agremiados que representan. La realidad, empero, desde los manejos, enredos y cochupos de los secretarios actuales y anteriores, tiene una ambivalencia; aparentan que cumplen a cabalidad su noble encomienda, aunque en la oscuridad hagan lo opuesto.

La norma dice que la obtención de una plaza de cualquier índole requiere que el trabajador cubra seis meses más un día para generar los derechos necesarios para que se reconozca la obtención de la clave presupuestal que se cubre.

Las apariencias sindicales enarbolan las causas nobles de los agremiados del magisterio y del personal de apoyo. Por ejemplo, la marcha del primero de mayo, el pliego de demandas para anunciar los logros durante la celebración del Día del Maestro, eslóganes con un alto contenido ideológico, construcción de héroes que representan la cúspide de escalar en puestos y nombramientos por encarnar los ideales más nobles del magisterio.

El absurdo es tal que, aunque parezca inverosímil, existen sujetos que fincan su desarrollo profesional y personal a través de aplaudir mucho al líder en turno y, con su labor incondicional, abnegada y ciega, conseguir su anhelada placita y luego algo mejor, así como Pedro, Juan o Pablo.

La reflexión surge de la coyuntura y hoy en distintos perfiles de diversas redes sociales se presentan hechos contundentes. Dentro del gremio existen interinos que han cumplido con los requisitos legales para obtener un nombramiento definitivo, pero no han sido reconocidos y, aunado al hartazgo de no ver cumplida la eterna promesa de la basificación, denuncian y evidencian las prácticas reales de la estructura sindical.

Así como en el ámbito de la política y sus cargos, se debe reconocer que el absurdo en la esfera sindical ha construido un castillo kafkiano en donde habitan personajes diseñados por Dostoievski. Sin ser conscientes, cada agremiado ha otorgado a los secretarios sindicales su voluntad para que representen y cuiden sus derechos ante la autoridad, pero en la práctica parece que se ha construido una estructura hegemónica que se mueve a través de intereses particulares. Quizá por eso les incomoda cuando se habla de transparencia y voto universal y secreto.

El ambiente estatal es propicio para que se analice con indicadores concretos los resultados de los representantes sindicales y gubernamentales para tomar mejores decisiones.

 

*Licenciado en Filosofía. Profesor de educación secundaria en la SEJ. chris-brick@hotmail.com

Comments
  • Martín Linares Ramos
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    “Lo bueno cuesta ‘mijita’…”

    Tanto los funcionarios de la SEP, como los representantes del SNTE, son intelectuales de prosapia.

    Mantenerlos cuesta. ¿O esperas que personajes de tal alcurnia vayan por la vida vistiendo ropajes modestos y comiendo en fondas? ¡No ‘mijito’! Lo bueno cuesta.

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