Quitar poder a los docentes, ¿proyecto de todos los partidos políticos?
Marco Antonio González Villa*
Hubo un momento en el que se pensó que el cambio y la revalorización serían reales, pero todo quedó en palabras: hay diferentes caminos y formas para lograr un mismo objetivo y el gremio político lo ha dejado en claro en muchos momentos, sobre todo cuando de educación se trata.
La alternancia política que vivimos en el país a partir del año 2000 trajo consigo, como en toda gestión, beneficios para algunos y perjuicios para otros, como el magisterio. Vicente Fox estrechó relaciones con la OCDE, buscando implementar propuestas para el ámbito educativo, lo cual, se sabía, no podría traer cosas buenas ni contar con bases sólidas por ignorar la voz del docente, dada su incapacidad para hablar sobre educación en México, imagino; finalmente, lo importante era preparar a gente para el trabajo, aunque fueran de los que nadie quiere hacer, y agacharse ante Estados Unidos, como hace todo país “neoliberal” o “libertario”.
Con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, el ataque y la descalificación al magisterio fue directo: entre películas, evaluaciones docentes y una reforma preocupada solamente por la generación de mano de obra barata, pero de calidad, eso sí, la desvalorización del docente, de su figura y de su papel en el aula, se fue construyendo hasta que padres, madres y estudiantes se dieron cuenta de que nadie tenía el timón y que ahora el poder en el aula podía estar en sus manos… y no lo iban a desaprovechar, lamentablemente de mala manera. Así, en 2017 un menor en Monterrey disparó contra varios de sus compañeros y su maestra y ahí nos volvimos parte del primer mundo, como Estados Unidos, y ya con docentes sin autoridad, la agresión y la violencia tomaron el control. Y entonces, ahora es común que tengamos noticias constantes de estudiantes que agreden e incluso matan, pero siempre se termina diciendo: “¿Y qué hizo la escuela?”, pregunta que tendría que ser la tercera en generarse después de cada desgracia, porque antes deberían estar: “¿Cómo lo educó la familia?”. ¿Y qué ha hecho el gobierno por los menores? Van antes, sin duda, para que le demos a cada quien la responsabilidad y lugar que le toca.
Pero entonces vino un rayo de luz… fugaz. A la llegada del partido actual en el poder, se prometió una revalorización del docente que sólo se tradujo en quitar la evaluación docente y la eliminación del INEE, pero no le regresó la autoridad ni el respeto a la figura del docente; al contrario, se han generado diferentes leyes e iniciativas no sólo para proteger la integridad de cada estudiante, también se ha buscado dotar de total impunidad a ellos y a padres y madres para que, si su “formación” pedagógica y sus criterios de la calificación que debe darse a sus hijos no son cumplidos por cada docente, lo puedan sancionar con gritos y golpes para que entienda quién manda en el aula. Hubiera sido mejor seguir siendo castigados con la evaluación.
Ante la ineficacia del gobierno por dar soluciones a muchas problemáticas sociales, se ha preferido sacrificar y sancionar al docente, no al padre o madre que acusan omisión en sus responsabilidades, o no brindan una vida digna a sus hijos, o que los abandonan o los dejan usar el celular horas con tal de que les den su espacio; tampoco vamos a castigar al gobierno que, por ley, ante la falta de la familia, le correspondería dar una vida digna a cada menor, pero no, mejor dejamos que cada docente, sin autoridad y desprotegido de cualquier tipo de ataque, se haga responsable de aquello que otros faltos de ética no hacen. ¿Cuántas recomendaciones ha girado la Comisión Nacional de Derechos Humanos a padres o madres por no cumplir con su rol? ¿Cuántas recomendaciones ha dado al gobierno por no velar por los derechos de los niños, niñas y adolescentes? Seguramente muchas menos de las que ha dado a docentes y escuelas; finalmente, funciona para el sistema. Los derechos no son para todos.
La sociedad y la historia nos han mostrado, lamentablemente, que es más fácil seguir los malos ejemplos que los buenos, por lo que mientras familia y gobierno no asuman y cumplan su responsabilidad en la educación de cada generación, ¿cómo esperan formar generaciones responsables con tal ejemplo?
Devolverle la autoridad al docente no sólo dignificaría su profesión y labor, sino que permitiría construir y desarrollar disciplina y moralidad en los estudiantes; no es una cuestión de abuso de autoridad, sino de asumir quién es la persona con mayor madurez y responsabilidad en el aula. ¿Qué pasaría si no se le ponen límites a un bebé y todo se le permite? En algún momento se dañaría a sí o a los demás, cualquiera lo sabe. Bueno, no, ya dejé ver quiénes no. Por eso estamos como estamos y cada docente sabe quiénes son los responsables, pero ¿alguien nos va a escuchar? No, ¿alguien nos va a leer? No, porque tal vez no desarrollaron comprensión lectora, pero fueron aprobados afortunadamente; así que, como conclusión, llevamos sexenios de no ser escuchados; no importa el color del partido, todos actúan de forma similar.
*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx