¿Qué entendemos por autonomía?
Marco Antonio González Villa*
Esta semana seguirá viviéndose en la UNAM esta historia que traerá muchos sinsabores para algunos y una anécdota divertida o de orgullo para otros: el examen de control se llevará a cabo pese a la insistencia y crítica de muchos y muchas estudiantes que lo ven injusto. Algunos buscaron y pensaron que mediante marchas o por comentarios vertidos en medios de comunicación o redes sociales la UNAM desistiría de aplicar este examen, pero no fue así. Incluso, una parte de ellos pensó que podían ampararse, vía abogados cobrando, para no realizar el examen, lo cual, sin un afán de ofender realmente, demuestra ingenuidad y desconocimiento ante lo que el término autónoma significa. Por eso comparto, con una intención de brindar información general, histórica y cultural al respecto, lo que implica la autonomía en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Estamos cercanos a cumplir 100 años de autonomía en la UNAM, ya que, en 1929, durante el gobierno de Emilio Portes Gil, se llevó a cabo una movilización política, paros y una huelga iniciada en la Facultad de Derecho por estudiantes que protestaron en contra del intento de implantación de medidas académicas que consideraron vulneraban sus derechos como estudiantes. ¿Cómo reaccionó el gobierno? Tal como ha reaccionado en otros momentos: cerró la Facultad y la policía intervino para reprimir a las y los estudiantes. Hubo entonces rechazo social a las decisiones tomadas por el gobierno, por lo que otras escuelas y facultades, así como padres y madres de familia, sindicatos y la población en general, dieron su apoyo; el presidente Portes Gil no quiso entonces que el movimiento creciera y decidió otorgarle el carácter de autonomía a la Universidad el 10 de julio de 1929, lavándose las manos y dejándole a la Universidad la total responsabilidad para dar solución a lo que en ella ocurriera.
Décadas después, el 9 de junio de 1980, el presidente José López Portillo le otorgó el rango de constitucional a la autonomía universitaria, quedando plasmada desde entonces en el artículo 3º.
Como dato importante, para quienes consideran que los amparos aplican o tienen validez ante la legislación universitaria, deben saber que, en los últimos 50 años, la UNAM solamente en dos ocasiones ha visto trastocada su autonomía, ambas por decisión e intervención del gobierno: 1) en septiembre de 1968, días antes del trágico 2 de octubre comandado por Díaz Ordaz, el ejército ingresó a Ciudad Universitaria; 2) el 6 de febrero del año 2000, bajo el mandato de Ernesto Zedillo Ponce de León, la Policía Federal Preventiva ingresó a Ciudad Universitaria para recuperar las instalaciones después de meses del paro estudiantil iniciado en 1999.
Como se puede ver, en ambas situaciones ha sido el gobierno quien ha intervenido y lo ha hecho empleando al ejército o a la policía; abogados privados han podido ejecutar amparos ante la UNAM, solamente cuando ha habido pruebas de haberse vulnerado por alguien los derechos humanos de estudiantes, pero no ha sido ante procesos de ingreso y selección, dado que aún no están oficial y formalmente matriculados y no han adquirido derechos como alumnos de la universidad.
El amparo entonces fue una medida innecesaria que no aplicó, por no considerar la autonomía de la máxima casa de estudios. Por cierto, autonomía etimológicamente significa “sus propias leyes”, dato que debe conocer todo abogado para no lucrar con ello; saber la historia de la UNAM también ayudaría a prever las posibilidades de éxito de un amparo; ya ayudamos aquí con unos datos.
*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx