Posmundial

 In Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

Después de ver a los mejores jugadores del mundo competir durante más de un mes por la copa del futbol global y lo que la FIFA les reparte en premios económicos, sobreviene una consecuente “cruda” para el aficionado del deporte de las patadas. Ocurre lo mismo que escuchar en vivo a una banda de rock: se tararean las canciones, se compra la camiseta de la gira y se deja de oír a otra banda durante un buen rato.
Los federativos mexicanos que conocen con profundidad el producto que venden comenzaron la liga local antes de la conclusión del Mundial, en un gesto de desdén realista: ya sabían que nuestra selección no llegaría a las fases decisivas. Antes de la final, ya había empezado el torneo doméstico.
Los teleaficionados de cepa se conformaron con ver a los Bravos contra el Querétaro. O al América sin sus mejores jugadores, quienes se tomaron vacaciones después de perder en sus respectivos representativos nacionales (mexicano, uruguayo, paraguayo…). O bien, porque los equipos mexicanos permiten el cierre de fichajes un mes después de iniciada la jornada uno. De manera que las primeras fechas sólo sirven de prolegómenos de lo que los equipos pueden ofrecer. Por más que convenga alinear a jóvenes de fuerzas básicas, a los partidarios de los equipos no les complace presenciar rebanadas de balón o disparos con destino a la tribuna. Y aun así, los estadios tuvieron quórum, en un gesto de nobleza que justifica las decisiones de los federativos y demuestra que el futbol en México es un espectáculo que goza del interés popular, muy por encima de los manejos atropellados con que los dueños organizan el torneo.
Para ser campeones del mundo, no basta con ser buenos. Hay que tener una liga competitiva y una organización con objetivos definidos a largo plazo. Y los mejores gestores en cada puesto.
En los Juegos Centroamericanos, México va a la cabeza con más de 200 medallas ganadas por los atletas. Cuentan los rivales. Tal apabullamiento competitivo no se observa en los Juegos Olímpicos.
En futbol, la supremacía mexicana se ve amenazada por las selecciones de la CONCACAF. De todas maneras, los resultados no parecen estar a la altura de la afición. Sin ser una religión como en Argentina o Brasil, el futbol es el deporte con mayoría de adeptos. Lo poco que se gana es magnificado por una afición generosa, deseosa de celebrar algo, unos medios de comunicación que entienden menos del deporte que del interés de las empresas que representan y una federación que se contenta con acrecentar sus inversiones.
La etapa posmundialista se debate entre la resignación (“esto es lo que hay”) y la esperanza (“eso queremos”).

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalencia@subire.mx

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