¿Por qué no se van? De los prisioneros a Venezuela y traidores en México

 In Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

 

Hace poco más de 200 años, en 1823, cuando aún no lograban su independencia todos los países de América Latina, pero Estados Unidos ya celebraba 40 años de haberla obtenido, el presidente del país del Norte, James Monroe, proclamaba, como parte de su política exterior, el lema “América para los americanos”, que buscaba, supuestamente, proteger a los países de nuestro continente de nuevos intentos de los países europeos por volver a someternos, reconquistarnos y saquearnos. Estados Unidos empezaba así a autoproclamarse como defensor del mundo y de las causas justas; pero esta supuesta protección venía, como han hecho desde entonces, con letras chiquitas. Poco a poco fueron distorsionando la idea y así, Roosevelt amplió la cobertura de su policía a todo el continente y la operación Cóndor permitió a Estados Unidos implantar dictaduras en Sudamérica e implantar guerrillas en Centroamérica para evitar el esparcimiento del peligroso comunismo.

Y a partir de ahí su intromisión, ataque y saqueo de recursos de varios países, con total impunidad y solapamiento de la ONU y los países europeos, no ha parado; hoy le toca, lamentablemente, a la rica en petróleo hermana república de Venezuela, ya no soberana, porque EEUU pisotea ese concepto a capricho.

A lo largo del planeta, países, políticos, universidades y la sociedad civil en general han manifestado su repudio y rechazo a estas políticas que quedarán sólo como palabras, mientras no hay quien pueda poner un alto a esta situación… y país. Para colmo, toda conquista e intervención extranjera en un país, no lo digo yo, lo dice la historia, viene acompañada del apoyo de traidores que buscan obtener una ganancia económica y quedar políticamente al frente, aunque sean sólo títeres del invasor. De ahí que, como es el caso de México, haya gente pidiendo que, por favor, Estados Unidos los libere del “terror” que viven: curiosamente, esto lo piden personas económicamente estables y bien posicionadas, pero con hambre de más y avaricia. Nuevamente, no lo digo yo, revisemos las cuentas de quien pide una invasión en México.

Esta situación me hace recordar que, en 1986, en Chile, un grupo de rock en español llamado Los Prisioneros, quienes venían de sufrir la dictadura impuesta por Estados Unidos, derrocando a Salvador Allende y poniendo a Pinochet, habían creado joyas musicales que son himnos y bandera para todo el movimiento decolonial en América Latina: temas como Tren al Sur, que nos recuerda la diferencia económica y geopolítica entre el privilegiado norte y el sur pobre, o El baile de los que sobran, que señala la desigualdad y falta de oportunidades para los pobres, así como el mito de la meritocracia que la escuela quiere vender. Pero hay un tema que considero queda muy bien para todos aquellos traidores a la patria, quienes, pese a que la Nueva Escuela Mexicana busca incentivar la identidad y el amor por la cultura, ya sea que se logre o no, piden que por favor nos liberen de tanto sufrimiento y dolor que tienen: nos referimos obviamente a esa petición directa llamada ¿Por qué no se van?; algunas de sus líneas citan palabras que ahora parecieran anacrónicas. Si sueñas con Nueva York y con Europa, te quejas de nuestra gente y de su ropa… parecieran palabras que refieren a personajes de derecha hablando del gobierno actual y de sus, cita textual, nacos apoyadores; si quieres ser occidental de segunda mano… alude a quienes se sienten europeos y rechazan sus raíces e historia local e indígena. Para todos ellos, que piden la intervención de Estados Unidos, con total desconocimiento e ignorancia de la historia, les dejamos aquí el coro central de la canción ¿Por qué no se van? No se van del país. La frontera está muy ancha, caben todos los que quieran apoyar al invasor; seguramente serán recibidos con los brazos abiertos y los colocarán en puestos clave importantes y, con sus credenciales, obtendrán la nacionalidad inmediatamente. La invitación ya está, nadie ni nada los obliga a aguantar tanto dolor aquí: ¿por qué no se van? Esa es la duda.

 

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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