Por la conformación de un nuevo pacto educativo

 en Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

En la historia reciente de la educación en nuestro país se han generado reformas, pactos, acuerdos, alianzas por la calidad, planes nacionales o sectoriales, etcétera, todos ellos tienen como finalidad la de traducirse en política pública en educación para un periodo de tiempo determinado con contenidos y aspiraciones también determinadas.
Aunque si nos detenemos un poco y miramos más de cerca cómo se gestan y tienen su curso de acción las distintas propuestas de reforma (le llamaremos así genéricamente), es posible darnos cuenta de que realmente viene siendo una alianza del grupo en el poder con los grupos o las agencias cercanas o afines a dicha postura, incluso se invita a los contrincantes políticos, pero con la convicción de que estén de acuerdo en los contenidos que se les propone.
Toda iniciativa de reforma (aunque se diga lo contrario) es de carácter coyuntural y muchas veces remedial, su plazo de gestión no va más allá de los cinco o seis años (con excepción del Plan de Once años que trascendió los sexenios entre Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz). De ahí cada seis años en educación “se descubre el hilo negro y se inventa el agua tibia”. Y junto a ello los que estaban mal eran los del sexenio anterior “los emisarios del pasado” como les llamó Luis Echeverría.
Así las cosas, al cual el actual gobierno le llama Acuerdo por la educación a su propuesta y en el corazón aparece la propuesta educativa de la Nueva Escuela Mexicana (nombre muy poco creativo). Sus aspiraciones no son radicales en cuanto a los contenidos, pero si ambiciosas en cuanto a los grupos y sectores sociales involucrados (grupos empresariales, sindicales, representantes magisteriales, colegios de profesionistas). A la actual propuesta de desarrollo educativo le preocupa más con quien negociarla por encima de los contenidos programáticos, los fines y las aspiraciones educativas de la misma.
La Nueva Escuela Mexicana y el Gran Acuerdo por la Educación en México caminan despacio, además no ha sido fácil desmantelar todos los excesos de lo que representó la reforma educativa de Enrique Peña Nieto, de supeditar todo lo que implique la tarea educativa, la evaluación y lo que diga la OCDE, en ese orden.
Bajo este contexto (en donde prevalece el inmovilismo y la parálisis institucional), se antoja más pensar en un nuevo acuerdo o en un pacto educativo que inaugure no sólo el método para generar consensos, sino los contenidos del mismo.
De entrada, se requiere tener una mirada con una perspectiva estratégica que se proyecte más allá de los seis años de una administración de gobierno, como sucede en nuestro país. Y el otro punto es acerca de los actores sociales y políticos que firman dicho pacto. Hasta ahora (y este gobierno no ha sido la excepción) los acuerdos educativos se negocian de manera cupular con distintas instancias y en cuya intención se trata de que dicho acuerdo siga adelante.
En la coyuntura actual es importante involucrar a nuevos actores que tradicionalmente han estado silenciados, marginados y excluidos de los acuerdos políticos trascendentales del campo educativo (y no me refiero a la CNTE y a los grupos cercanos de la Cuarta Transformación) que en los últimos meses han conseguido amplios espacios de interlocución con las instancias del poder, me refiero a colectivos y grupos magisteriales que trabajan en redes o en agrupamientos, pero bajo rasgos de clara marginalidad, las asociaciones de padres de familia democráticas que no dependen de los grupos corporativos de derecha que dicen representar a la totalidad de padres de familia en México y los grupos de jóvenes, que han demostrado que la educación en nuestro país debe transformarse radicalmente de cara a construir un modelo educativo diferente.
Los anteriores son sólo algunos ejemplos de los nuevos actores que deberán incluirse en un pacto inaugural educativo de cara a la sociedad y al futuro. Hoy la pandemia nos ha enseñado a mesurar las propuestas, a plantearlas con mayor rigor y aquí me refiero a buscar formas de interlocución con nuevos actores, en alianzas también inéditas.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. mipreynoso@yahoo.com.mx

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