Por el cambio verdadero educativo, tanto dentro como fuera de las escuelas
Miguel Ángel Pérez Reynoso*
Existe un debate acerca de cuál es el tipo de sociedad que tenemos ahora; es acaso la sociedad moderna, las post-moderna, la sociedad líquida, la sociedad tecnológica, la sociedad postecnológica, la sociedad digital, la sociedad de la inteligencia artificial, la sociedad post post industrial, etcétera. No se sabe, en que sociedad vivimos, tal vez sea una mezcla, de distintos trozos, de cada uno de los proyectos civilizatorios anotados arriba y faltan.
Lo que si sabemos, es que la educación es cada vez más cuestionada como proceso y como proyecto, pero paradójicamente cada vez es más necesaria para que (nos) ayude a salir adelante, junto con sus productos anuales. Los ministros en educación de muchos países del mundo, tienden a establecer metas ambiciosas a mediano y largo plazo; sí, pero el problema lo tenemos aquí, lo tenemos enfrente, lo tenemos ahora, a partir de las exigencias del presente, en cada mañana de todos los días los jóvenes y los adolescentes de la educación media y de la educación secundaria cada vez son más insistentes en sus incisivas preguntas, “la escuela ya no me gusta, ¿dime para que me servirá lo que tú me estas enseñando?”.
Las preguntas que nos hacíamos en otro momento con la finalidad de favorecer procesos educativos eran ¿qué enseñar?, ¿cómo enseñar?, ¿con qué enseñar? Hoy las preguntas se han hecho más pragmáticas, ¿para qué enseñar y cómo darnos cuenta de que cumplimos con eso que prometimos desde un inicio?
La distancia que existe entre los contenidos y los aprendizajes que la escuela genera con las exigencias de un mundo cada vez más tecnificado, cada vez se ensanchan más dichos componentes estelares. Lo que hoy enseña la escuela ya no sirve para algunos días del mañana y los chicos y las chicas lo dicen insistentemente. Hay que cambiar muchas cosas de las escuelas, el problema es que la propia escuela y su comunidad al interior no sabe qué cambiar, en qué dirección y en qué sentido.
Vivimos hoy tiempos difíciles en donde en paralelo se dan dos tipos de cambio: a) aquel cambio que lleva una inercia natural debido a los cambios sociales y estructurales, que se mueven con bastante prisa y que no se detienen y, b) y un segundo tipo de cambio que está más ligado en el deseo de los sujetos que estamos en educación. Este segundo cambio no es tanto cómo la sociedad se nueve y sino más bien como nos gustaría que se moviera.
En educación hace falta un cambio pautado, regulado, negociado y dirigido desde los que hacen la educación, el cambio debe ser más lento en contraposición al cambio vertiginoso de las nuevas tecnologías y más lento aun al cambio que se encuentra en el corazón de las tecnologías y la digitalización de la sociedad. No, la educación deberá regular su cambio de manera más lenta que el resto de los procesos sociales por lo tanto deberá respetarse dicho proceso. “DESPACIO QUE VOY DE PRISA” Decía el antiguo Napoleón y hoy es pertinente dicho compromiso. “No por ir más de prisa llegamos más temprano” es otro dicho o refrán popular que hoy es sugerente para entender la lógica del cambio en educación o desde la educación.
Cambiar desde la educación significa modificar algunos componentes que forman parte del sistema educativo, algunos son técnicos, otros más son relacionales y también hay referenciales. Pero las preguntas del cambio en educación deberán surgir desde adentro del propio sistema, que implique a los sujetos que educan en su contexto. ¿A qué cambio aspiramos en educación y cómo dar cuenta de él? ¿Qué nos toca a los sujetos del presente involucrarnos en dicho proceso el cual no tiene regreso?
*Doctor en educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com