Participar en el aprendizaje (nuestro)
Miguel Bazdresch Parada*
Aprender es una tarea cuyos modos son muy amplios y diversos. Tal diversidad se debe a ciertos factores naturales y la combinación de tales factores con ciertas condiciones producidas en nuestra cultura. Los factores naturales son numerosos y variados; las condiciones culturales también son varias y variadas. De tal modo, las combinaciones de factor natural con condición cultural son numerosas y complejas.
A esas combinaciones múltiples se enfrentan maestros y estudiantes. Cuando no se hace alguna combinación (factor–combinación), el aprendizaje se complica. Van unos ejemplos sencillos. El profesor, por ejemplo, quiere enseñar quién descubrió América; puede sencillamente decir a sus alumnos: “El descubridor de América fue una persona llamada Cristóbal Colón”; y a continuación les pide: “Ahora repitan conmigo en voz alta: el descubridor de América fue Cristóbal Colón”. Y lo pide tres o cuatro veces, hasta que el total de los estudiantes lo repiten. Luego, para evaluar, hace una pregunta a tres o cuatro estudiantes: “Por favor, usted, Carlitos, dígame, ¿quién fue el descubridor de América?” Y (sin duda) Carlitos se pone de pie y recita: “Cristóbal Colón fue el descubridor de América, profesor”. “Muy bien, Carlos. Ocupe su lugar. Gracias”. Y así el profesor puede repetir ese proceso un cierto número de veces.
El profesor utilizó varios elementos culturales: Su mayoría de edad, su rol de enseñante y, por tanto, conocedor, su capacidad de hacerse obedecer por los estudiantes y la evaluación de quienes le respondieron bien. Y también elementos naturales: Mayoría de edad respecto de los estudiantes, su voz y su masculinidad. El mayor sabe, el hombre, dice, dirige y califica. El menor obedece y repite lo dicho por el mayor.
Claro. Hay otros modos. Aprender algo de biología. Maestro pide: “Vamos al jardín y hagamos un círculo”. El maestro explica la tarea: “Van a juntarse de 4 en 4; van a acercarse a una planta del jardín, la que quieran, y van a hacer una descripción, es decir, escriban, dibujen, coloreen… todo en la hoja de su cuaderno, lo que ustedes crean necesario para que otras personas reconozcan esa planta que ustedes escogieron; pueden conversar, platicar y… escojan quién va a dibujar y escribir”.
Una vez realizada la actividad por los estudiantes, vuelven al salón, presentan y explican cómo es la planta escogida por ellos, aceptan y responden preguntas de los compañeros, del maestro, ofrecen y aprovechan de otros, sugerencias surgidas de la práctica y autocalifican (no con números), sino con una escala descriptiva de qué aprendieron: Cultura, naturaleza y sus mezclas presentes en esta práctica y un modo de aprender. Ahora, los estudiantes saben cómo aprenden a partir de sus acciones tal como las entendieron y con las cuales obtuvieron un resultado comparable con el de otros compañeros, y lo podrán aplicar por sí mismos y también en otras prácticas en la escuela, en su casa, en su vida. Lo principal no fue el contenido, como en el primer caso, sino las operaciones mediante las cuales pasaron de no saber a saber y aprendieron a aprender. Ahora tienen un modelo para la siguiente vez.
La práctica de aprender pide del aprendiz darse cuenta de cómo vivió el proceso cultural de ignorar a conocer. El darse cuenta también incluye, ante objetos, sujetos o dichos, una valoración de lo no aprendido que demanda otra pregunta y otro proceso activo de respuesta a fin de disponer de un aprendizaje completo o más preciso del objeto de conocimiento.
Aprender enriquece la cultura y le da más sentido a la naturaleza. Aprender pide cercanía con objetos y sujetos de quienes ignoramos algo o todo. Libros, escritos, recitar lo leído y más ayuda… es posible cuando entramos a lo constitutivo de la cosa por aprender, pues despierta el proceso de conocimiento no desde algo ya sabido, sino desde una invitación a descubrir nuevos constitutivos, elementos, articulaciones, capacidades… del aprendiz y de lo aprendiente. Empiezo a aprender cuando mis búsquedas me producen un significado de la cosa, situación o suceso con el cual ejercito mi capacidad de aprender. En otras palabras, estoy construyendo una metodología de aprendizaje con la cual combino lo dado por la naturaleza, cuyo cultivo me lleva a aprender.
Por ejemplo: El enfoque metodológico: “Aprender haciendo”, lo nombran los libros, (y las redes) privilegia la tendencia a disponer de un docente dominador del modelo propuesto para los estudiantes. Si se quiere que el profesor use X modelo o proceso, su capacitación consistirá en resolver un reto con ese X modelo. Las guías de innovación desarrolladas por profesores y universidades buscan ofrecer un modelo paso a paso para facilitar el diseño del profesor y pueda evaluar práctica.
Aprender conforme quiero y es pertinente; que los estudiantes aprendan es la mejor metodología para facilitar que generen su propia metodología: aprender de su propio aprendizaje.
*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx
Ilustrativo su planteamiento Doctor. Gracias.