Para la elección de escuela, ¿qué es lo que buscan los padres de familia?

 en Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Me ha llamado la atención, cómo en las últimas fechas los padres y madres de familia se ven muy preocupados por el tipo de escuela que habrán de elegir para inscribir a sus hijos e hijas. Esto incluso incluye a los planteles de la escuela pública, los papás se ven preocupados por el tipo de institución al que llevarán a sus hijos.
Aunado a lo anterior, tenemos que el proceso de escolarización cada vez inicia más temprano, es decir, hace algunos años (no muy pocos) el proceso de escolarización iniciaba a los 6 años para primero de primaria y de ahí la trayectoria concluía en el último año de la facultad para quienes tenían posibilidades de lograrlo, no sólo económicas sino también del capital académico para conseguirlo, en estos días y debido a los cambios y a la nueva configuración familiar, a los niños y niñas se les lleva desde uno o dos años a la guardería, los dejan a partir de las 7 u 8 de la mañana ypasa largas horas al cuidado de otras personas que no son sus familiares directos. Pero regresemos a la pregunta original, ¿qué buscan los papás y las mamás cuando inscriben a los niños a determinada escuela?
El modelo o el prototipo de escuela ideal ha estado marcado por los rasgos idealizados del orden, el control, la obediencia y el portarse bien; es decir, para muchos padres su interés reside en que sus hijos aprendan a comportarse con respeto a lo que en otro tiempo se le llamó rectitud. En los últimos años han surgido infinidad de variables que han hecho que las escuelas (como instituciones que ofrecen un servicio público) se vean obligadas a flexibilizar su oferta y sus esquemas de atención; desde la lógica de muchos padres se pide que sus hijos tengan acceso a un segundo idioma (preferentemente el inglés), a computación, deportes, robótica, natación, negocios, etcétera; y en menor escala hay papás que están de acuerdo en que a sus hijos se les habilite en la formación espiritual o en alguna religión y, en el menor de los casos, acerca de alguna asignatura en específico: matemáticas, arte, ciencia, etcétera.
Todo esto abre un abanico de muchas posibilidades de oferta y de demanda educativa. Pero qué es lo que se esconde o qué se coloca detrás de tomar una decisión al elegir una escuela determinada. Muchos padres se mueven a partir de la creencia de darle a sus hijos lo que ellos no tuvieron y otros se mueven en sentido contrario, de dar lo mismo que recibieron como una especie de línea de continuidad; son muy pocos los que involucran a los hijos (aún a los pequeños) en lo que podría ser, una decisión compartida.
Una de las cosas nuevas que han surgido en torno a esto, es el asunto de la violencia y de la inseguridad, aparece con ello un nuevo imaginario en torno a pensar en una escuela segura, libre de violencia y para el caso de los jóvenes, libre de riesgos de drogas y de otras adicciones, esto todo junto, es imposible de encontrarlo o de garantizar que se encuentra en una sola escuela. Las escuelas más seguras también se mueven bajo los nuevos riesgos sociales de inseguridad (ejemplo de ello es el caso del Colegio Cervantes de Torreón).
Ante ello no existe una escuela que pueda dar o garantizar todo, aunque lo prometa, es imposible dar todo lo que se necesita a los niños y las niñas y así garantizar procesos educativos significativos. Se trata más bien de definir y de delimitar las atribuciones de lo que concierne a la familia en el compromiso formativo de niños y niñas y lo que le toca a la escuela es de complementarlo.
Bajo el principio de educabilidad, idea creada por Néstor López y Juan Carlos Tedesco, se trata más bien de recuperar el sentido formativo de las familias y la comunidad. Se trata de pensar en recursos educativos con menos celulares, menos dispositivos tecnologías y más convivencia en el seno familiar, que implique juegos, hacer deportes, juegos de mesa y todo tipo de juegos que promuevan la reunión familiar, la convivencia y la socialización cercana y directa.
La escuela como institución puede muchas cosas, pero no puede todo y menos aún, lo que le toca hacer y garantizarse desde la familia, aun bajo el riesgo de la fractura, del resquebrajamiento o la disfuncionalidad también muy de moda. Desde la familia alguien tiene que emerger para garantizar componentes educativos sólidos y la escuela igual, las escuelas exitosas en estos momentos, no serán aquellas que ofrezcan miles de cosas meritocráticas anunciadas, sino cosas sencillas, pero claras y coherentes, las cuales están definidas a partir de un componente nuclear: garantizar de la mejor manera el desarrollo socio-emocional lo más sano posible. Para miles de niños y niñas el único espacio de contención emocional, de escucha y de camaradería lo tendrán en la escuela a la que asisten, los compañeros de grupo y el o la docente que los acompaña, entonces cada escuela deberá cuidar este componente, que aparte del desarrollo afectivo y emocional esté garantizado dicho rubro, lo demás se podrá aprender en cualquier momento de la vida.
¿En dónde están esas escuelas que garantizan el sano crecimiento afectivo y emocional?, esas escuelas no existen, hay que crearlas, desde el trabajo de todos los días, a partir de una serie de ejercicios de complementación de un proyecto pedagógico que surja desde la casa y llegue a la escuela y viceversa. Ésta es la mejor escuela que podrán elegir los padres y madres de familia, aquella que se proyecta desde el hogar tejiendo un ambiente sano y seguro para brindar seguridad y sano desarrollo.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. mipreynoso@yahoo.com.mx

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