Ojos

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

Tenemos los ojos para expresar emociones. Hay ojos que amenazan, que conmueven o que reclaman. Los ojos son pistolas que disparan advertencias o dardos tranquilizantes o reproches decisivos.
Hay ojos marinos que guardan el azul de la inmensidad. O hay ojos dulces que zumban abejas y saben a miel. Aunque no existen, los ojos negros reflejan la noche sin luna, el abismo de los hombres, el temor de un bosque impenetrable. Así parecen, aunque no existan. Los ojos café están hechos para conversar; los verdes, para sembrar y cosechar.
“Ojos que no ven, corazón que no siente”, dicen. Se refieren al hecho de que los ojos se estremezcan según se alimenten de afecto o desprecio. También dicen que son las ventanas del alma. Quién sabe… Son puertas para la bienvenida y para el olvido.
Distorsionan las cosas cuando son miopes. Prefieren la cercanía o la distancia según sus afecciones. Tienen memoria propia. Recuerdan sombras, formas, colores. La comisura de una boca, un ceño fruncido, una mano musical que se blande bajo ciertos ritmos. Los ojos registran cosas con libertad de la conciencia. Por eso los rostros resultan familiares, se prefieren algunos tonos o se rechazan algunas convenciones.
Los ojos pueden decir más que la boca. Avientan culpas. Admiten el perdón. Muestran dudas y sorpresas. Se enuncian con razones gráficas, intempestivas, rotundas.
No les cabe la mentira ni el embuste, las verdades a medias ni los secretos. Son transparentes como el agua limpia que los recorre. Están hechos de fluidos de verosimilitud y átomos de sinceridad. Hablan por sí solos sin nadie que los instigue. Relatan anécdotas autobiográficas. Son los testigos de la rutina.
Durante el sueño urden posibilidades. Fraguan expectativas. Reviven catarsis. Son los conductos de las pesadillas y los inspiradores de los anhelos. Se pegan al cuerpo como ratones indefensos, sin más protección que un párpado.
Los ojos grandes acaparan mejor el universo; por eso en los niños ocupan más cara. Los rasgados son ojos meditabundos, para filósofos o traidores. Los ojos muy separados pretenden la autonomía y se anticipan al futuro, como los de Cortázar. Los cíclopes tienen uno solo para concentrar mejor su rencor. Las mujeres tienen palomas en los ojos, hechos para el coqueteo y el amor.
Ponerles lentes oscuros es embozar un propósito, agazapar una intención.
Se comprimen con la felicidad y se expanden con el espanto. Se alzan con el hastío y se agachan con la vergüenza. Uno se guiña para la seducción y otro para acordar un pacto. Enfocan para apreciar el horizonte y se cierran para charlar con Dios. Los ojos de los muertos son migrantes que no vuelven atrás. ¿Con qué ojos?

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

Comentarios
  • Marco Romo
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    “El lenguaje que se maneja en la SHCP, envuelto plenamente en la magia, solo es accesible a los ya iniciados. Celosos y misteriosos, los funcionarios de Hacienda constituyen un grupo cerrado, compacto y convencido de que solo ellos y los que vienen del Banco de México, pueden acceder a los puestos de dirección (como se diría en los pasillos – a la manera de la curia en el Vaticano). Difícilmente se tiene acceso, desde fuera, a Hacienda. Saben (y lo sabe todo el mundo) que sus decisiones son trascendentales”. Pag. 14 último párrafo.
    “Hacienda estima y fija cada año, por medio del presupuesto público, los principales precios relativos a partir de los cuales los agentes económicos cotidianamente toman decisiones en México: a).- el precio del capital (la tasa de interés), b).- el precio de la mano de obra (salario mínimo), c).- el precio de las divisas (el tipo de cambio), d).- el precio del petróleo, y otras muchas más”… Pag. 15 primer párrafo.
    Carlos Tello Macías, GRANDES PROBLEMAS DE MEXICO, México: las finanzas públicas en los años neoliberales, 2015.
    En este libro y otros que nos describe el autor podrán ver la TERRIBLE SIMULACION GUBERNAMENTAL y entenderán los cambios que sean dado desde Miguel de la Madrid hasta la fecha – De Nacionalismo al Neoliberalismo.

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