No me acuerdo

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

Le preguntaron al candidato presidencial del PRI, José Antonio Meade, el título del libro que escribió. Respondió con la frase más espléndida y contundente: “no me acuerdo”.
Quienes votamos por primera vez por un Presidente -o pudimos hacerlo- en 1988, vivimos una contundente experiencia: el candidato que obtuvo la mayor cantidad de votos no fue declarado electo.
Aunque todos sabemos que hubo fraude (un fraude descarado, inobjetable, peligroso), aceptamos la derrota del Ing. Cárdenas como un triunfo. No fuimos educados para la democracia, pero cobramos la conciencia de una ciudadanía que puede ejercer el derecho a manifestarse sin que ello provoque represalias. Si en el 68 los críticos del sistema fueron callados a balazos, veinte años después las promesas incumplidas de un presidente espurio (así le llamó la izquierda) fueron los mejores argumentos de la aniquilación del sistema. Algo ganó oposición.
Un año después cayó el muro de Berlín. La Perestroika desarticuló el totalitarismo a través de Gorbachov. En México tuvimos que esperar todavía doce años más para presenciar cómo el partido oficial desalojó Los Pinos.
Las generaciones más jóvenes, que no crecieron con Echeverría ni López Portillo, ni vivieron la decadencia económica de la administración De la Madrid…, los que ni siquiera presenciaron el artificioso repoblamiento político del salinismo, hace seis años votaron a favor de Peña Nieto y los gobernadores priistas de la última década. Las campañas de los golpes bajos emergieron con toda su eficacia.
Meade actualiza la postura gobiernista del partido que representa con la mejor frase de la campaña: “no me acuerdo”. Si el título de un libro es el primer significado de un planteamiento intelectual que un autor ofrece, no recordarlo es tanto como olvidar el nombre de un hijo. Su sonrisa simbólica reúne la tradición de una casta de gobernantes que sólo defienden los intereses de un grupo a costa de las mayorías. En él, el vitiligo no parece una enfermedad sino una condición: es un hombre sin pigmentos, con inopia intelectual y la conciencia de quien va a perder.
Nadie sabe cómo pasamos de la generación del “yo no fui” a la del “no me acuerdo” en menos de medio siglo, entre desaparecidos, empobrecidos y descabezados por un sistema político que no termina por responder a una sociedad que carece de la dignidad de los servicios básicos: la salud, la educación, la vivienda y la pensión parecen privilegios destinados a algunos. Siendo la economía 14 del mundo, la riqueza sigue sin repartirse de manera equitativa. No ha sido un propósito del neoliberalismo ni lo es de los partidos que abanderan los candidatos de la derecha.
¿Esta vez sí ganará el que obtenga más votos? De no hacerlo, daremos pie a una nueva generación: la del “ya para qué”.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

  • MARCO ANTONIO GONZÁLEZ VILLA
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    Un análisis histórico rico en información y reflexiones en un breve espacio. Gracias por la lectura

  • Andrea Alcázar
    Responder

    Increíble como siempre Maestro Jorge, un gusto encontrarlo por aquí.

    Andrea Alcázar

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