Mil noventa y cinco días
Luis Christian Velázquez Magallanes*
Aproximadamente en julio de 2022 en el otorgamiento de los horarios para el ciclo próximo, el subdirector Martín Linares me informó la asignación de grupos y, por vez primera, atendería un grupo de primer grado.
La asignación de grupos, según mi perfil y mecanismos de enseñanza –más bien lo que estaba acostumbrado a manejar– dictaba que mi labor correspondía a grupos de tercer grado por dos cuestiones: los contenidos del programa y el estado de los jóvenes.
Habituarse al trabajo con alumnos de cualquier grado de secundaria, de alguna manera, implica validar las etiquetas asignadas para cada uno de los grados y, desde ahí, justificar porqué sí queremos trabajar con un nivel y porqué son incómodos los otros. Los niños de primero son muy infantiles porque conservan hábitos de la primaria, son muy emocionales y carecen de madurez, los alumnos de segundo grado están en la mera etapa de rebeldía, no entienden nada y son demasiado impulsivos, los alumnos de tercero, ya van de salida, ya se sienten adultos, pero siguen siendo adolescentes.
–Martín no chingues, cómo que primero. Yo no tengo la paciencia para trabajar con chiquillos.
–Mira, tu nombramiento dice que eres maestro de educación secundaria en el área de Español. Entonces, puedes trabajar con alumnos de cualquier grado.
Samantha, Aime, Camila, Joss, Bárbara, Ximena, Ari, Sharon, Nahomi, Alan, Miguel, Correa, Camila de la O, Ian, Anita, Osuna, Karol, Pioquinto, Natalia, Michel, Emiliano, Emir, Joshua, Fernando, Benjamín, Diego, Tadeo, Eder, Emiliano, Miguelito, Román, Alan y otros que se fueron y algunos otros que se incorporaron formaron el grupo E de la generación 2022–2025.
El primer día de clases ingresé y lejos de encontrar alumnos tibios, mimados y con actitudes infantiles encontré una aula que desde el primer momento cuestionó mis ideas básicas para diseñar secuencias didácticas.
El encuentro estuvo repleto de cuestionamientos por su forma y su contenido. Recuerdo que cada uno, desde el principio, mostró su carácter y el rol que desempeñaría en el grupo. Siempre he pensado que cuando una generación rompe los hábitos de los docentes es para mejorar o para estancarse en la profesión. El grupo por sus características propició la inversión de roles, mis alumnos se convirtieron en mis maestros y el maestro empezó a pensar como alumno.
El docente cuando inicia en un centro de trabajo se encuentra con todo el aliento y motivación, su acción es sumar, hacer y transformar, pero cuando pasan las ciclones escolares, invariablemente ese espíritu se incrusta y se contamina de la dinámica propia de cada escuela. Y, en la mayoría de los casos, las escuelas públicas se caracterizan por procesos viciados, en parte por la contaminación sindical, o porqué no se cuenta con una dinámica de trabajo enfocado hacia la formación integral de las infancias y adolescencias.
Una idea fue la base para iniciar una nueva dinámica con ese grupo de primero. Tenía que hacerlos partícipes del proyecto que buscaría, a toda costa, cambiar la imagen de la escuela bajo el axioma de que ellos serían esa nueva cara. Qué no les gusta de ésta que es su escuela y qué tenemos que hacer para cambiar eso.
Las respuestas a preguntas que cimbraban los cimientos de la estructura escolar, encontraron eco porque, si la juventud por naturaleza es rebelde entonces hagamos que ese aliento construya cosas. Cada uno de los proyectos escolares partían de los problemas que enfrentaban todos los días como la violencia, el abandono, el consumo de estupefacientes, la soledad, la falta de identidad, los problemas económicos, los abusos; se realizaban investigaciones o mesas de diálogo para encontrar respuestas priorizando la toma de acuerdos desde la tolerancia, respeto y empatía.
Tuve el enorme privilegio de ser maestro de lengua materna en todos los grados y, cuando cursaron tercero de secundaria, fungí como su tutor. Los tres ciclos escolares hicimos muchas cosas y la verdad es que el mérito es de los alumnos que conformaron ese grupo. Fueron 1095 días en donde más que formar parte de un salón de una generación como muchas, formamos una familia que construyó lazos estrechos y sólidos en donde cuando alguien necesita ayuda, todos acudiremos hacer más ligera la carga.
*Licenciado en Filosofía. Profesor de educación secundaria en la SEJ. chris-brick@hotmail.com
Te felicito estimado maestro, tienes un gran espíritu profesional, todas esas circunstancias sumadas a la voluntad e intereses de los directivos…que algunos son unos verdaderos reyezuelos aldeanos anteriores a la época de SHI HUANG THI en China.
….¿y entonces, pudiste o no, impartir la disciplina de lengua materna con alumnos imberbes? 😁
Un placer leerte cada semana mi estimado, y con ello, testimoniar tu crecimiento profesional y personal.
Un abrazo afectuoso.
Me llama la atención la dinámica de los grupos yo en estos momentos tengo el reto con alumnos de 5 grado que se ofenden y no se escuchan saben identificar su problema pero les cuesta trabajo hacer propuestas de solución.