Los maestros de ayer, de hoy, ¿habrá de mañana?

 en Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

En este día del maestro, se me vienen una serie de imágenes del pasado, dichas imágenes están asociadas a un estilo de docencia pensado en el compromiso, en la entrega, en una vocación entendida a partir de saber hacer cosas al lado de niños y niñas. Mi historia personal está ligada a la docencia, inicié como maestro de primaria el 1° de septiembre de 1980 en un poblado pequeño del municipio de Poncitlán llamado Tlachichilco del Carmen, después de haber egresado de la Escuela Normal de Jalisco (ENJ), ahí (considero a la distancia), se comienza a tejer la profesión de ser maestro, a partir de estar en la práctica todos los días, pero sobre todo a partir de las relaciones que se van estableciendo con los colegas, desde muy temprano. Había que viajar todos los días a Chapala y ahí había que tomar un camión vecinal hacia San Juan Tecomatlán o San Juan de los Chiles Verdes, después caminar unos dos kilómetros para llegar a nuestra escuela de adscripción, en el camino uno va conociendo a maestros y educadoras de los poblados vecinos: Santa Cruz de la Soledad, San Nicolás de Ibarra, San Juan… todos los días durante algunos años.
En este año (cuando inicio en el servicio) fundamos en Melaque lo que será la Promotora Estatal de la CNTE, por lo tanto, desde el origen mi marca o mi huella (ya venía desde la Normal), es identificarme con los grupos democráticos en el magisterio y soportar estoicamente los diversos estigmas que se desprenden de ello. De 1981 a 1986 estudié en los veranos una licenciatura que ofrecía la Escuela Normal Superior de Jalisco (ENSJ), dichos encuentros de verano fueron un espacio privilegiado para establecer vínculos, contactos y redes de disidencia docente. ¿Para qué digo todo esto?, mi historia es una historia común, pero ésta sirve para identificar y sedimentar las imágenes de un estilo particular de docencia, que concluye en los ochenta y se va transformado partir de ahí. La década de los ochenta definida como la década perdida en educación, porque este vacío golpeó a más de alguno, poco a poco se fue desdibujando la imagen original de ser maestro, para dar lugar a otras imágenes, ligadas con la angustia que comenzó a generar la llegada de una crisis de la cual ya no tuvimos salida.
En el año de 1987 me incorporo a trabajar en educación secundaria en el viejo barrio futbolero de La Experiencia, posteriormente, en el año de 1990 se da un gran parteaguas en mi vida profesional, ganó por concurso de oposición mi primer plaza de base como profesor en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) Tlaquepaque y esto cambia la perspectiva de ser un docente de educación primaria a acompañar a maestros de educación básica (preescolar y primaria) en el proceso de nivelación y profesionalización, a partir de las licenciaturas que ofrecía la UPN en nuestro estado. De esta manera, me toca salir y conocer a muchos docentes de distintos lugares en el estado: Jocotepec, Mascota, Zacoalco, Unión de Tula, Talpa, Colotlán y tanto en el discurso como en las preocupaciones profesionales me doy cuenta de algunas constantes que se repiten por todos lados en donde hay maestros: la insatisfacción de lo que se hace, la queja constante con las autoridades y el distanciamiento o la poca comprensión de la sociedad y de los padres de familia (sobre todo en el nivel de preescolar), para entender y apoyar la tarea de lo que se hace en las escuelas. Las imágenes docentes que se sedimentan en este momento dan cuenta de estilos de maestros en movimiento, el estudio se torna en un compromiso para la mejora. El cambio y la innovación es el puerto al que se aspira llegar pero pocos lo logran.
El ser docente y trabajar con docentes de todos los niveles educativos es una de las experiencias más gratificantes que he tenido, en el presente la incertidumbre llegó acompañada de un anuncio luminoso llamado reforma educativa, al desaparecer la plaza de base, el escalafón y carrera magisterial, también desaparecieron gran parte de las identidades docentes de antaño, hoy no sabemos que somos, pero peor aún, no sabemos que seremos en los años que vienen.
La profesión docente como reconocen algunos estudiosos, se ha reconfigurado radicalmente, hoy ya no se habla de vocación, de compromiso, de entrega en el trabajo, hoy se habla de evaluación, de realizar examen para ser idóneo y aparecer en la lista adecuada de los elegidos, hoy se habla de ubicarse temporalmente cerca, si, mucho esfuerzo sin viajar y sin cansarse.
Cuando hablamos o pensamos de cuáles son las imágenes docentes que están por venir, lo hago con temor y con dudas, ¿qué quedará del pasado en las y los docentes del futuro? No lo sé, creo que nadie la sabe. La entrega de la estáfate generacional en la profesión ha sido accidentada, los que se van, lo hacen forzados por un sistema que ya no los acepta, en el que ya no caben debido a que las innovaciones tecnológicas se han tornado en una exigencia persecutoria y los que llegan están acostumbrados al escritorio, al uso de procesadores y equipos de cómputo, a todo menos a saber mirar a los sujetos a su cargo y mucho menos a saber escucharlos.
Las imágenes fluyen, van, vienen, aparecen y se difuminan, tengo presente a mis maestros del pasado, a los que sirvieron y ayudaron para que yo fuera maestro, he influido sesgadamente con algunos de mis alumnos y alumnas, no en la rigurosidad y en la importancia crítica de estar en educación, pero ahora me pregunto: ¿qué es lo que viene?, me quedo al final con imágenes desdibujadas, inconclusas, de trazos y rostros inciertos. Propongo que cada lector y cada lectora hagan su propia imagen y le den sentido en el uso de los tiempos acerca de lo que fue, lo que es y lo que será. Que cada quien se dibuje sobre el tipo de maestro que ha sido y lo que desea ser con o sin reforma educativa.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. mipreynoso@yahoo.com.mx

Comentarios
  • Guadalupe Franco
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    Un ejercicio muy interesante y reflexivo que nos dará la pauta y energía para saber por qué estamos aquí y que me mueve a seguir a pesar de los pesares en la docencia

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