Los límites de la escuela y los alcances de la sociedad

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

La escuela, al ser una construcción o una edificación de la modernidad, la cual fue pensada para cumplir con dos finalidades:

a) Establecer el control de las infancias y las juventudes a partir de tenerlos recluidos y vigilados en un espacio cerrado que será atendido por docentes, prefectos y cuidadores.
b) Poder legitimar la ideología de la clase social en poder, en cuanto a los contenidos que son validados y dejar fuera los otros saberes, los que estorban por su carácter subversivo o carácter emancipador.

Con el paso de los años, la escuela cada vez se encierra más alrededor de sí misma; los muros cada vez son más altos y el acceso queda restringido a las personas que no forman parte de la comunidad en turno de dicho centro de trabajo. Durante la pandemia, las escuelas fueron canceladas para habilitar los hogares como espacios educativos. La casa se convirtió en la escuela y las escuelas en elefantes blancos.
Con el regreso a la nueva normalidad, la escuela recupera su protagonismo de ser un espacio insustituible pensado en habilitar procesos educativos, de socialización y de difusión de las culturas, pero en ello surgió un nuevo componente educativo y mediático: el aula virtual. Resulta que un dispositivo electrónico tuvo la magia de conectar a los sujetos para establecer acciones y compromisos educativos. La escuela ahora fue trasladada a un monitor en donde aparecen letras, recuadros y uno que otro rostro humano.
La escuela se ha reconfigurado, no siempre para bien. Iván Illich se atrevió hace algunos años a pensar “un mundo sin escuelas”; la frase fue malentendida por muchos. En dicho texto, se trataba de hacer una crítica a los procesos de escolarización que servían para controlar y domesticar a los sujetos.
Han pasado los años; en unos días las escuelas de nuevo estarán abiertas y serán habitadas por miles o por millones de niñas, niños, jóvenes y adolescentes. Ahí, de la mano de docentes y del personal directivo de cada institución, se cumplirá con ese legado de la modernidad: controlar y difundir la ideología del poder.
Es importante que la sociedad se convierta en un espacio educador, que las aulas estén abiertas y sean habitadas por todas y por todos, no para recibir una instrucción rígida y esquematizada, sino para aprender y vivir la civilidad, el respeto y las nuevas tolerancias.
Una sociedad educadora es una escuela para todas y para todos; en ello se ven pocos esfuerzos institucionales para conseguirlo. ¿O será acaso que las personas que ocupan los puestos gubernamentales primero necesitan ser educadas para poder educar a los demás?

*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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