Los estudios de doctorado en educación: Promesas, dilemas y el deseo de mejora
Miguel Ángel Pérez Reynoso*
Las instituciones de educación superior en nuestro país y un número destacado de países, sobre todo de la región latinoamericana, le han apostado a mejorar los indicadores en la formación de sus cuadros científicos y tecnológicos. De esta manera, el posgrado que abarca la maestría, la especialización y el doctorado, el cual ha tenido un crecimiento desordenado. Concretamente, el doctorado, de ser un espacio de formación exigente y altamente demandante, hoy (debido a la masificación) vive un proceso de abaratamiento y de deterioro de lo que debiera ser la calidad, no sólo de la oferta de las instituciones, sino de las instituciones mismas: plantilla de docentes, condiciones de trabajo, productividad académica, vinculación, impacto social, etcétera.
El doctorado en Educación vive una paradoja estructural: por un lado, existe la exigencia de cumplir con los estándares académicos más altos y, por el otro, está la exigencia que viene desde abajo, acerca del interés por democratizar los espacios y de facilitar los procesos de incorporación, trayectoria y egreso de las y los estudiantes.
El doctorado sirve para formar cuadros científicos de alto nivel, cuyos egresados tenderán a especializarse en campos específicos del conocimiento y en líneas de investigación cada vez más especializadas.
Bajo este orden de ideas, cabe decir que hace una semana se llevó a cabo en nuestra ciudad (en el recinto de la BCENJ) el III Coloquio Regional del Doctorado en Desarrollo Educativo con énfasis en Formación de Profesores que ofrecen 5 unidades de la región centro-occidente de cuatro ciudades distintas del país: Guadalajara, Morelia, Aguascalientes, Tlaquepaque y Zamora; a dicho evento asistieron 41 estudiantes con sus respectivos directores de tesis, lectores y comentaristas.
Un coloquio en un programa de doctorado es un espacio académico de diálogo horizontal e informado; lo que coloca en el centro de la conversación académica es la pertinencia de los objetos de estudio y las decisiones en el uso de los aportes de la teoría y la metodología. Para el caso de la UPN, todo programa de doctorado deberá ofrecerse de manera regional; no son programas ni por Unidad, ni por estado, sino de cada una de las regiones en que está dividido el territorio nacional.
Los avances presentados (como siempre sucede) son de niveles diferenciados; hay trabajos que ya muestran una claridad conceptual, a partir de poder tejer y dar cuenta de la congruencia teórica y metodológica de su construcción interna y que muy pronto obtendrán el grado; otros que siguen corrigiendo las inconsistencias detectadas por las miradas externas y, los menos, que a estas alturas y después de dos años de formación siguen mostrando graves inconsistencias.
El programa de doctorado se divide en cuatro ámbitos a modo de campos de especialización y delimitación de ciertos segmentos de la realidad:
• Formación inicial.
• Iniciación a la docencia.
• Desarrollo profesional docente.
• Gestión.
Los doctorantes se dividen de acuerdo al contenido de su trabajo y al énfasis que le ponen cada uno de ellos. En cada coloquio también se presentan algunos libros que forman parte de la producción académica que va generando el programa.
Debido a que formo parte de este ejercicio colectivo y de estos agrupamientos en tres reflexiones finales, quisiera compartir con las y los lectores de este espacio editorial:
a) Un doctorado, al estar en la cúspide de la formación académica, en algunas ocasiones confunde (y se confunde) con el prestigio y la visibilidad producto de la mediación que establece, dejando de lado el compromiso en la producción, el generar hallazgos y contribuir en la producción científica de nuevos conocimientos.
b) Con esta nueva experiencia, se verifica una vez más que este programa de doctorado de la UPN en particular no termina por consolidar sus aspiraciones institucionales; se siguen viviendo situaciones como de escuelita y se pierde la rigurosidad y la seriedad de un programa de este tipo.
c) El reto es la productividad científica pertinente y socialmente necesaria y es ahí o a partir de ahí que los distintos objetos de estudio, los procesos de trabajo, el diálogo en la mirada teórica y el abordaje metodológico se tornan pertinentes, con la finalidad de validar y legitimar académicamente dichos trabajos.
Como toda obra hecha por humanos, hay muchas cosas que pueden y deben mejorarse para que esta generación y sus egresados, junto con los docentes que los acompañan y el programa en su conjunto, trasciendan a partir de dejar huella en estas distinciones académicas que están marcadas en su legado institucional.
*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com