Legado

 In Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

 

Para Rossana Reguillo

 

La efímera sustancia de la vida provoca la construcción de un legado que justifique la trascendencia de los hombres y de las mujeres que la atraviesan. Cien años (setenta y tantos el promedio) son demasiado pocos. Cuando por fin tiene sentido la vida y la jubilación ofrece una reciprocidad compensatoria, se termina de tajo. Ojalá de forma humanitaria (pero no siempre).

Queda el ticket de la tintorería en el bolsillo. La cena agendada con la familia. La conferencia pactada… Ni el ticket, ni la cena, ni la conferencia podrán ocurrir. Mejor dicho: ocurrirán a pesar de la ausencia.

La vida es breve.

Nuestra especie se rebela contra la fugacidad. La civilización inventó la escritura como estrategia de continuidad: recuperar lo que sabemos y heredarlo a quienes nos sucedan. Las grandes construcciones llevan ese mensaje: tocar la eternidad con el mármol, la piedra labrada, la pirámide imposible.

Hoy, el mundo digital garantiza una combinación de estímulos electrónicos que reconstruirá lo que fuimos.

Nuestro legado a veces es genético. Tenemos hijos que tienen hijos… A veces, simbólico. Pensamos cosas que otros retomarán para pensar otras. Nuestro legado es hermenéutico: cedemos interpretaciones. Explicaciones de lo que es una rosa (que “es una rosa que es…”).

Un maestro es capaz de dejar un legado intelectual y de comportamiento. Aprender a sumar y restar y a ser una persona íntegra que ante la tentación prefiere no copiar un examen. Que opta por dar las gracias, pedir por favor, desear buenos días. Frases que principian el respeto a los otros, la tolerancia, la empatía como condición para la convivencia feliz.

Una vida sólo tiene sentido si es el punto de partida para los otros. Sí ofrece una solución existencial para quienes nos sucederán. Nuestros hijos, nuestros alumnos, nuestros vecinos…

El legado está en la forma de ver el amanecer. La influencia para solucionar un galimatías y la sonrisa para participar en una comunidad.

Aunque no lo sepa, quien construye un legado mantiene su vigencia en el corazón de quienes le reconocen y le recuerdan.

Todos pasaremos. Pasará la civilización humana. Sólo permanecerá la memoria. Un eco en la red de lo que fuimos.

 

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalencia@subire.mx

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