Las emociones llegan a la escuela

 en Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

En un bello libro titulado “La afectividad colectiva” de Pablo Fernández Christie, el padre de la psicología social en nuestro país, Taurus, 2000. Dicho autor reconoce que existen situaciones como el amor, la amistad, la tristeza y la soledad, entre muchos otros que los sujetos sienten, pero dichos sentimientos son sólo palabras, es decir, nadie puede hablar de los sentimientos como cosas. “Sentir no es lo que uno piensa, eso es pensar”.
La reciente pandemia se convirtió en un fenómeno planetario que sirvió para aflorar el mundo de las emociones hasta su máxima expresión. El confinamiento, la soledad y el quedar en casa agudizó la confrontación de muchos sujetos consigo mismo, además el tener las clases en entornos virtuales de frente ante un procesador sin sujetos, sin abrazos, sin vínculos directos, contribuye a que se pensara en las emociones a profundidad.
Como parte de la reforma educativa del año 2006 y 2007 el gobierno de Enrique Peña al final acuñó la asignatura de Desarrollo Socioemocional como forma de abordar las emociones o el desarrollo socioemocional al interior de las escuelas. En ello se acuñaron algunos contenidos pensados en ello. El problema reside aquí en la esquematización a que se ha reducido el desarrollo socioemocional en su versión escolar.
Y entonces ante todo ello, tenemos que las emociones han llegado a las escuelas, el problema es que no tienen lugar en donde alojarse, van de un lugar a otro, desde los sujetos, hasta los rincones del aula de clases, desde las palabras hasta cada una de las relaciones que establecen las alumnas y alumnos con sus iguales. Las emociones son impulsivas, salen desde muy adentro sin pedir permiso, son como moléculas de un líquido en ebullición buscar salirse del recinto, romper las paredes que lo contiene y van y vienen sin rumbo fijo, sin dirección segura.
En el aula de clases se puede hablar de las emociones, de la tristeza, la alegría, la convivencia, el odio, el afecto, etcétera; pero referirse a ellas es sólo a través de las palabras que se acercan. Pero hablar de las emociones no es sentirlas y menos aún hablar de ellas no garantiza cumplir con su valor formativo y respetar su potencial educativo.
Es por ello que la educación socioemocional se está quedando corta, porque no implica a los sujetos al lado de sus emociones en un horizonte inédito nunca antes transitado. Esa es la principal limitante, pero también la mayor oportunidad para asumir una verdadera educación que esté basada en abordar las emociones desde las emociones mismas. Y porque en ello también es importante asumir y respetar a las y los docentes como sujetos cargados de emociones, las cuales sirven para entender el acercamiento, pero también la distancia que establecen al lado de los demás. Se trataría, en fin, hablar menos de emociones y sentir lo que es sentir, al lado de su respectivo correctivo pedagógico.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

  • Francisco Millán

    “Se trataría, en fin, hablar menos de emociones y sentir lo que es sentir, al lado de su respectivo correctivo pedagógico.”

    Con esto concluyes, pero, ¿eso del “respectivo correctivo pedagógico” no es lo que estás cuestionando que sucede en la escuela? Sobre todo el llamarlo “correctivo”.

    Pedagogizar las emociones no parece ser la opción, sí el reconocerlas y no soslayarlas

  • Gabriela

    Pablo Fernandez Christlieb

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