La herencia de mundo para las juventudes de ahora
Miguel Ángel Pérez Reynoso*
Una nueva amenaza recorre el mundo y es el rostro de las nuevas desigualdades en contra, sobre todo, de las juventudes y las adolescencias del presente. Si bien todos los grupos etarios y todos los sectores de la población son vulnerables en cierta medida y bajo ciertas condiciones, en dicho contexto los grupos de edad ubicados en las juventudes y las adolescencias son doblemente vulnerables.
Para el caso de las y los jóvenes que forman parte de las nuevas generaciones, son sujetos que tienen acceso a la formación escolar, pero al final no tendrán acceso a un empleo estable, seguro y bien remunerado. Además, el 40 por ciento de ellas y ellos viven en familias desquebrajadas debido al divorcio o separación de sus padres y en donde en algunas ocasiones algunos de dichos sujetos tuvieron que elegir desde muy pequeños con quién quedarse, si con papá o con mamá.
El sector juvenil, que abarca de los 13 a los 29 años, ha pasado de una desigualdad material, concretizada en exclusiones y discriminaciones debido a factores como el color de piel, el lugar en donde se vive, el estatus socioeconómico, etcétera, a formas más sutiles y perversas como es la desigualdad digital, tecnológica y laboral.
Aunque los espacios escolares se han democratizado parcialmente al permitir el acceso para poder formarse en estudios profesionales, aun así, los nuevos rostros de la desigualdad ahora se presentan en forma inédita, al negar el acceso a dispositivos y redes electrónicas y a no tener acceso a un empleo digno y bien remunerado.
El escenario para miles de jóvenes bajo un contexto de desigualdad contribuye a que prevalezcan las inequidades sociales, la falta de oportunidades y el reconocimiento a los talentos y los capitales juveniles.
Ante todo ello, la educación deberá hacer una vuelta de tuerca en sus formas de operar, para que no solo se encargue de formar y de generar cuadros técnicos y científicos, sino que también deberá tender puentes con los empleadores y con el mundo del trabajo. Bajo la consigna del compromiso social de la actividad académica.
En todo ello, se requiere una mayor sensibilidad global, es decir, que no sean solo las vanguardias las que se movilicen por mejores condiciones de formación, empleo y remuneración. Es importante construir un escenario de futuro que incluya a las y los jóvenes junto con sus propuestas e innovaciones. Recordemos, como un principio clásico, que las ideas absurdas del presente serán los paradigmas que prevalezcan en un futuro no muy lejano. Es ahí en donde caben las iniciativas juveniles y la capacidad de opinar, crear, proponer y decidir a partir de lo que nos aportan los sujetos que forman parte del grupo etario de adolescencias y juventudes.
*Doctor en Educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com