La docencia y el camino de la trascendencia

 In Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

¿Qué significa trascender? La pregunta puede tener diferentes respuestas, algunas de ellas de orden filosófico, unas con un sentido místico-religioso y otras etimológicas, obviamente, pero en todas las posibilidades el ir a un más allá es la idea que está al fondo, ya sea de la muerte, de lo inmaterial, del yo, del dolor, del tiempo, de los límites, del cuerpo, en fin, de muchas y distintas opciones.
En otras acepciones, trascender implica dejar huella o un legado, que se conjugan con la idea de tiempo ya referida; de esta manera, ya sea en la idea de ir más allá o de dejar huella, pareciera que la palabra trascendencia es inherente a la labor, actuar y vida de las y los docentes, por lo que, se busque o no, se consigue de muchas formas.
Cada docente debe trascender su propia historia, su propia educación y su propia preparación para poder ejercer la docencia: nació en un momento histórico que ya no existe, que tenía otras ideologías y otras tecnologías, por lo que debe ir más allá de sus propias significaciones para conectar con las nuevas generaciones y un mundo cambiante de manera permanente; tiene, como han señalado muchos, que ir más allá de la educación y formación recibida, porque fue formado por docentes de épocas anteriores a la suya y debe enseñar a estudiantes que nacieron después, en otros tiempos y momentos; debe ir más allá de cada proyecto político, porque la alternancia tal vez haya traído o represente democracia para algunos, pero para cada docente implica estudiar y aprenderse nuevos modelos educativos políticos que serán cambiados dependiendo de quién haya ganado. Si quiere lograr significatividad en la vida de sus estudiantes, necesita ir más allá de los protocolos y de los planes y programas, para construir una relación inevitable y necesariamente afectiva que cobije y se vuelva, sólo así, significativa.
Y aquí encontramos un puente de camino a la trascendencia, en donde a través de haber logrado tocar una parte sensible de un, una estudiante se puede dejar huella. No es algo que se busque como objetivo o como lo prioritario, pero de darse, se hace patente que se lleva a cabo una labor humana en todos los sentidos, ética, que concibe a cada estudiante no sólo en su dimensión pedagógica, educativa, no, va más allá y logra mirar y sentir a la persona, como otro, como prójimo, como semejante.
La trascendencia que se logra la docencia alcanza, si se dejó huella y logró ir más allá de lo profesionalmente esperado, una o dos generaciones más, por referencias entre familiares; pero a veces, pocas, la docencia puede trascender a través de años. Décadas, siglos y dejar una huella no sólo a las personas, a la educación en sí. ¿Queremos trascender los y las docentes? Yo creo que sí, pero lograrlo no dependerá sólo de nosotros: se deja huella en un otro, por lo que debo ir más allá de mi ser. Aunque podemos trascender esta idea, ¿no?

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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