La dignidad y otros excesos

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

La dignidad es una monserga de la que solemos deshacernos pronto y fácil. Estorba los ascensos para obtener una carrera exitosa; en general, la adaptación a una vida donde las virtudes obstruyen -nunca allanan- la consecución de un promisorio futuro.
En una sociedad regida por la violencia y las traiciones, los valores resultan argumentos temporales, sujetos a transformación y desprecio. Ahí la dignidad se disipa y disimula. El empleado festeja los chistes de su jefe, el amigo admite el apodo, la esposa disculpa la traición bajo argumentos retorcidos de amor y amistad (y de ingresos).
Si la conveniencia cohesiona a la gente en torno a grupos de intereses (nuestro gregarismo obedece al beneficio mutuo), la concesión y el disimulo son estrategias de la diplomacia para licenciar el logro de los objetivos amorosos, laborales o políticos. Una vez adquiridos, el esquema se reproduce: el esclavo esclaviza, el humillado humilla. Ad infinitum.
Hemos elaborado estrategias para ir por la vida sin remordimiento. Con leyes y reglamentos incumplidos bajo la forma de la hipocresía. Nuestras sonrisas ocultan resentimientos. Nuestros apretones de manos, amenazas tácitas. Navegamos con armaduras y corazas, máscaras y afectos envueltos en látex.
Así festejamos, nos enamoramos, cobramos.
En “La resistencia”, Sábato se inclina por la esperanza. En la vida real, sólo cabe la supervivencia.
Nos vinculamos con los otros desde esencias que no somos y posturas que no tenemos. Cantamos goles de equipos que no nos representan y recitamos poemas de autores que en el fondo despreciamos. En eso consiste la educación y el respeto. La pertenencia a una comunidad está sustentada en la impostación. La cesión de sí donde el “yo” es dable. Una moneda de cambio.
Ni la revolución digital garantiza la autonomía. Uno es todos. Todos son iguales. Hay un patrón de lo humano que se difunde como una aspiración. Todos se visten igual, hablan igual, piensan lo mismo. El ser es una entidad colectiva.
La dignidad individualiza. Diferencia. Distancia. Se vive como un exceso.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

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