La banalidad del mal y (en) los juicios de la historia
Marco Antonio González Villa*
Hanna Arendt, filósofa judía, acuñó la noción de banalidad del mal para señalar que, durante la Segunda Guerra Mundial, muchos de los nazis habían cometido actos infames y criminales amparados en la excusa de estar acatando órdenes, sin embargo, esta obediencia evidenciaba una minimización y eliminación total de cualquier tipo de valoración o reflexión moral sobre la orden recibida. Es por esta banalidad que Hitler pudo asesinar a aproximadamente a 6 millones de judíos, ya que contaba con la obediencia inmoral de muchos de sus seguidores, por lo cual es considerado uno de los mayores asesinos de la historia.
Sin embargo, cuando uno se pone a revisar la historia con mayor detenimiento, encontramos que esta banalidad no es o fue exclusiva de los nazis, ya que diferentes líderes de Occidente han cometido crímenes similares o igual de atroces que los seguidores de Hitler, pero, al parecer, la banalidad del mal no sólo se observa en la obediencia, sino también en la forma de juzgar los actos de la historia, por lo que una minimización del impacto y peso que tienen en la humanidad crímenes inmorales contra grandes sectores de una población representa también una banalización del mal.
Churchill, uno de los “héroes” que ayudó a derrocar a los nazis asesinos, provocó también con sus decisiones una hambruna en Bengala, de la que se estima murieron, de manera inmoral y terrible, entre 1.5 y 3 millones de personas. El rey Leopoldo II de Bélgica, un representante más de la visión colonialista de los países europeos, se estima que provocó la muerte despiadada de entre 8 y 15 millones de personas del Congo entre 1885 y 1908; cantidad que es superior a los judíos muertos en la Segunda Guerra Mundial.
Henry Kissinger, uno de los políticos más importantes en la historia de los Estados Unidos, se estima que provocó, directa o indirectamente, con su intervención en diferentes países del mundo, la muerte de entre miles y millones de seres humanos; que haya recibido el premio Nobel de la Paz no es solamente algo irónico o sarcástico, también es un ejemplo más de la banalidad del mal.
Las muertes de millones de americanos a manos de españoles y portugueses durante la conquista pueden atribuirse a diferentes personajes y no reconocerlo es otro caso más de banalidad en la forma de juzgar la historia.
Curiosamente, por llamarlo de alguna manera, estos nombres no aparecen como ejemplos de los más grandes genocidas de la historia, pero sí aparecen nombres de personas no europeas o bien del bloque socialista, lo cual, además de ser un sesgo, es también una banalidad del mal, algo que es común en los enfoques eurocéntricos en la educación. Ejercicios cognitivos de este tipo vinculados a la conciencia histórica visualizan omisiones y enfoques de la historia como el aquí referido, de ahí la necesidad de mirar, en clases, diferentes formas de ver y hacer historia. Es interesante el ejercicio, ¿no? Al menos genera debate.
*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx