Jubilarse o no jubilarse como docente… he ahí el dilema

 In Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Si no hay una enfermedad, asalto o accidente que se presente, lo común es que las personas lleguemos a una edad en la cual pensar en jubilarse es una opción sólida… obviamente para aquellos que cuentan con esta posibilidad. Lejos han quedado aquellos años en los que una persona trabajaba 30 para una empresa o compañía y su lealtad y años de esfuerzo eran recompensados con una jubilación, justa, decían en ese tiempo, que le garantizaba su subsistencia después de décadas de trabajo y cansancio. Sin embargo, con el paso del tiempo, el incremento de la población y con ello el incremento del número de jubilados, los empresarios hicieron cuentas y vieron que su margen de ganancia se reducía considerablemente pagando dicha prestación y, con ayuda del gobierno, en el año de 1997 implementaron las AFORES (Administradoras de Fondos para el Retiro), copiando un modelo importado de Chile de 1981, en donde una persona se podía retirar, pero por medio de capitalizaciones individuales, en donde cada trabajador ahorra en una cuenta propia, y al final recibirá el monto que haya podido reunir durante sus años de vida laboral, junto con los intereses que con los años las administradoras han ido reduciendo su tasa. Y aquí empezaron a cocinarse una serie de problemas que, por la falta de visión, han ido sucediendo paulatinamente.
Si consideramos que la edad mínima legal para trabajar son 15 años, con las medidas de antes, a los 45 ese adolescente podría haberse jubilado. Hoy, ni en sueños puede lograrse a esa edad. Si se llega, tal vez a partir de los 60 o 65 años uno podrá retirarse. Porque no sólo ya se fijó casi totalmente la responsabilidad del monto de retiro en los trabajadores; también los partidos capitalistas empresariales, PRI y PAN, fueron poniendo candados a las personas para poderse retirar, sí, pero bajo ciertas condiciones de edad y de semanas cotizadas. Muchas personas han llegado y llegarán a una edad de retiro y descubrirán que juntaron poco dinero o que les toca una pensión proporcional, no completa, de acuerdo a su edad y años de servicio, lo cual está generando condiciones de precariedad en la vejez de muchas personas. Además. Alguien que empieza a laborar acabando la preparatoria tendrá que trabajar unos 48, ya no, 30 años para retirarse a los 65, y alguien que estudie una carrera y empiece a trabajar a los 22 o 23 trabajará 43 o 42 años para retirarse a los 65.
En el caso de los docentes, hay otras circunstancias interesantes: jubilarse implicará la disminución de su ingreso porque perderá diferentes bonificaciones que sólo son para docentes en activo. ¿Quién ha logrado esto? Cada vez encontramos más docentes que trabajan en edades en las que su cuerpo ya no responde. Algunos, como artistas, se mueren sobre el escenario escolar. Pero, pese a la disminución económica, muchos y muchas docentes, analizando el incremento absurdo de trabajo burocrático, el incremento de violencia contra los docentes en los últimos años, la falta de respaldo y apoyo de instituciones como Derechos Humanos o el sindicato, o por el simple incremento de responsabilidades por cumplir las funciones que la sociedad, padres y madres no quieren asumir y menos cumplir, han visto en el retiro una vía de salida a su cansancio, su sobrecarga y a su estrés acumulado, lo que genera dos nuevos conflictos, al menos en el Estado de México: por un lado, los obstáculos y negativa que pone el gobierno para no tener que pagar dos plazas a la vez, la del que se retira y la de quien viene a suplir ese espacio, y, por otro, el no respeto a los contratos colectivos y a la dignidad de las personas, por lo que les ofrecen una pensión menos a la que por ley les corresponde, se tardan años en dar un dictamen de retiro y tardan más todavía en empezar a pagarle a una persona que se retira, pudiendo dejar de percibir un ingreso hasta por dos años; esto lo viven quienes comúnmente quienes cuentan con un servicio de salud pública.
Así que pensar en jubilarse, retirarse o pensionarse es todo un dilema, porque se tiene que pasar por toda una burocracia para lograr irse, aunado a la disminución del ingreso económico ya referido. ¿Morirse literalmente trabajando o percibir menos de lo que uno merece por dignidad? No está fácil para nadie decidir, ¿o sí?

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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