Inauguración del Mundial del negocio, del poder y del engaño

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Estamos a unos pocos días de que se dé el pitazo inicial y ruede la pelota de la edición 23 de la llamada Copa del Mundo, que hoy se le llama la Copa FIFA edición 2026, la cual se jugará por primera vez en tres países: México, EEUU y Canadá. A partir del 11 de junio, de esta manera entraremos a vivir por un largo mes en una especie de anestesia permeada por el fanatismo, no del fútbol, sino de la religión del fútbol.
El fútbol como lo vivimos cuando fuimos niños y como lo jugamos de jóvenes es otra cosa muy diferente a la que hoy se vive con este inusual despliegue propagandístico y mercadotécnico controlado y hegemonizado desde la FIFA.
La llamada FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) es otra de las nuevas mafias; cada Copa del Mundo es la entrada garantizada a sus arcas de miles de millones de pesos, de dólares o de euros, como quiera vérsele, y hoy en esta edición 2026 no es la excepción. Esta edición de Copa del Mundo está manchada de origen, por abusos y arbitrariedades de la FIFA, animada por los países poderosos en pleno contexto de guerra, en plenos abusos mediáticos y militares por parte de las potencias que aún controlan el mundo.
Nunca como ahora se había presentado tanto descrédito y tanto rechazo a un evento multinacional y es que, en esta ocasión, la celebración en nuestro país del llamado Campeonato Mundial de Fútbol ha dado lugar a infinidad de oportunismos, como el del gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, y la presidenta de Guadalajara, Verónica Delgadillo, que, según sus acciones infantiles, han pensado que ellos compiten y que ganarán la Copa. Así de ingenuos e ilusos.
El fútbol es un deporte noble, leal, que sirve para el fomento de la convivencia, para sacar estrés y resolver conflictos, pero me refiero al fútbol llanero que se juega en las canchas de tierra en la Colonia Talpita, en la Unidad López Mateos, en el Deportivo Morelos, en Atemajac y La Experiencia, sólo por mencionar algunos espacios icónicos del deporte local. Ahí no se cobra por asistir, ni se tiene que pagar para disfrutar el deporte de la mayoría planetaria. Esto que hace la FIFA de cobrar todo de manera irracional es una ofensa a cualquier sentido de inteligencia, la exagerada cantidad en la venta de los boletos para asistir a un partido del Mundial.
Desde este espacio me sumo a la protesta y al boicot de una Copa que no pedimos y que, lejos de traernos beneficios, coloca a nuestro país y a nuestro estado en una posición hipócrita y engaña a los extranjeros al mostrar espejismos de lo que no somos.
Y por qué no hablar de los desaparecidos, por qué no jugar una cascarita para sacar recursos que vayan directo a las madres buscadoras, por qué no pensar el fútbol como un recurso para evitar la violencia, la desaparición forzada y el poner un alto al autoritarismo de las autoridades. Yo amo el fútbol. Lo jugué siempre en el sector amateur, lo disfruto en partidos del llano, del potrero, como le dicen en Argentina.
Pero no en la celebración de una Copa cuyo lenguaje son los millones de pesos de jugadores, directivos y organizadores. Por ello, la consigna que deberá corearse puede ser: El fútbol sí, pero no así.
Desde este espacio va un profundo reconocimiento a todos los desaparecidos y más a aquellos que jugaban fútbol, que sabían que la cancha y el balón eran un recurso para olvidar los problemas y convivir, además de soñar en la vida y en la familia.
Que este Mundial lo ganen los desaparecidos, que levanten la copa por la vida y por su pronta aparición.
¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! Que sea el Mundial del regreso a casa de todas y todos los desaparecidos de México y Jalisco.

*Doctor en Educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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