Historia

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

Igual daño produce a la construcción de la identidad colectiva –y por lo tanto al compromiso social– el desprecio hacia el pasado que la vanagloria jubilosa e ingenua por lo que otros enfrentaron bajo un contexto remoto. La Historia bien estudiada no sirve para santificar ídolos, pero ignorarla desde la necedad neoliberal puede ser perjudicial lo mismo que la mitificación populista.
Suponer que sólo la tecnología per se nos librará de la desigualdad representa una postura decimonónica, anacrónica por reduccionista e inapropiada por polarizadora. La ferrocarrilización del país no produjo equidad durante el porfiriato. La tesis salinista de acarrear riqueza para después repartirla, demostró su fracaso: lo único que consiguió repartirse fue la miseria.
Abordarla –a la Historia– como una relación sabrosa de hechos obedece a una necesidad narrativa honestamente atávica que beneficia como despertadora de la curiosidad. Luego se requiere el análisis de la repercusión de lo acontecido para la constitución de lo que somos como continuidad del proceso social; el riesgo de repetir los yerros y la identificación de la alternativa correcta para la evolución. Entendida ésta como la organización para el beneficio de todos.
Bajo argumentos cantinflescos con sello de pedagogía del triunfo, los adoradores del futuro renuncian con cinismo al estudio de los hechos históricos y hasta de las Ciencias Sociales. No pocas efemérides han caído en el olvido mañoso de políticos resentidos para quienes recomenzar de cero es una forma de osadía.
Se entiende que la Ilíada sirvió para el entendimiento de “lo griego” en tiempos de Pericles, separado muchos siglos de Homero. Los aztecas quisieron ver en Teotihuacán un pasado glorioso que no les pertenecía, pero justificó su hegemonía.
En “Historia ¿para qué?”, el filósofo Luis Villoro explica que “de no remitirnos a un pasado con el cual conectar nuestro presente, éste resultará incomprensible, gratuito, sin sentido. Remitirnos a un pasado dota al presente de una razón de existir, explica el presente”.
La Historia nos ayuda a interpretar quiénes somos, cuál es la razón de nuestra existencia y hacia dónde apunta nuestro destino. Los especialistas, historiógrafos e historiadores, nos plantean la continuidad de nosotros mismos aún en contra de los dictadores y de los apátridas, quienes tienden al olvido los unos y al recuerdo selectivo los otros.
Como nunca, el estudio de las Ciencias Sociales debe darnos las verdaderas pautas del rumbo que nuestras sociedades requieren. Entender nuestro origen puede facilitarnos la toma inteligente de las decisiones. Ubicar un “aquí” y “ahora” para reconocer “cómo” y hacia “dónde”. De otra manera, estamos condenados a caminar en círculos y a reinventar el fracaso.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

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