¿Hacia una nueva educación?
Miguel Bazdresch Parada*
En estos últimos tres, cuatro años, la discusión acerca de la educación ha incluido, además de temas clásicos, algunas propuestas y reflexiones sobre la educación de niños/niñas y jóvenes, en las cuales se da prioridad a las habilidades “blandas”. Las propuestas no descartan una educación para aprender a pensar, para dominar los conocimientos y reflexionar sobre las mejores actitudes en un mundo, en una sociedad nacional y mundial, cambiante en sus prioridades, llena de avisos y propuestas para cambiar de rumbo dados los peligros del calentamiento global, el medio ambiente deteriorado y la vida social segmentada y polifónica.
Una definición común de habilidades blandas se plasma así: “competencias interpersonales, sociales y emocionales que definen el cómo una persona interactúa, trabaja y se adapta en su entorno, diferenciándose de los conocimientos técnicos”. Se trata de adoptar, aprender y cultivar en el trato con otras personas la capacidad de comprender y aceptar aquellas características del intercambio tales que faciliten el entendimiento, la escucha activa, la solución de diferencias y la aceptación de los acuerdos construidos en común. Siempre con actitudes de colaboración y entendimiento mutuo.
Estas habilidades, se dice, no se aprenden en la escuela, sino en la vida de trabajo. En este escenario es donde la realidad campea por sus respetos. Por tanto, quien aspire a trabajar en una empresa moderna, eficiente y exitosa ha de conocerse a sí mismo, identificar cuáles habilidades blandas aún no domina y buscar a quién, personas o instituciones, le pueden ayudar a adquirirlas.
La cuestión por destacar es: ¿Por qué la escuela, incluso la básica, no puede suscitar el aprendizaje de tales habilidades en los estudiantes? Los argumentos de quien le niega a la escuela capacidad para esa enseñanza-aprendizaje son básicamente uno: Se necesita una cierta capacidad de “darse cuenta de su modo de ser”, sobre todo cuando tratan con otras personas. Y, dicen, los maestros, las maestras están acostumbrados/as a mandar, ordenar y decidir sin importar las reacciones y los pensamientos de los estudiantes, siempre y cuando consigan el objetivo de las lecciones y los trabajos. Además, los niños y adolescentes dicen que no están preparados para conocerse a sí mismos; por tanto, les es muy difícil captar y aprender a conocerse a partir de sus conductas.
Pues todo lo anterior se enfrenta a realidades diferentes. Un ejemplo ofrecido a los maestros contiene, sin usar la definición de texto académico, propuestas para adquirir las “importantes” habilidades blandas.
La Subsecretaría de Educación Básica de la SEP ofrece materiales abundantes a los/las profesores/as para, entre otros temas, ayudar a los estudiantes de preescolar a conocer el medio ambiente.
La pregunta central orientadora de las acciones a realizar es: ¿cómo conoce un niño o niña su medio ambiente? Algunos segmentos de un cuaderno ayudarán a mostrar cómo los preescolares pueden adquirir habilidades duras y blandas en relación con el medio ambiente.
Entre los “Cuadernos de apoyo curricular para la práctica docente” encontramos uno titulado “Vivamos en un entorno saludable” Educación preescolar Fase 2”. Algunos ejemplos de detalles dicen de qué se trata:
• “Este cuadernillo aborda temas relacionados con el medio ambiente: su cuidado, preservación y regeneración. Se incluyen propuestas de acciones para llevar a cabo en el aula, la escuela o la comunidad, y se plantean asuntos relevantes de apoyo a la intervención de las y los docentes de educación preescolar”.
• “El propósito de estos recursos es brindarle algunas estrategias de intervención que pudiera llevar a cabo con niñas y niños, y promover la participación de la comunidad para un bien común. De igual forma, este material le permitirá reflexionar acerca de su práctica educativa…”
• “Para el tema–acción: Preservación del agua y la energía: Se proponen actividades de “Observando alrededor”.
• “Para el de “Agua”: Si detectan una fuga, ¿la reportan a la brevedad, o qué hacen? ¿La escuela ha difundido a la comunidad mensajes acerca de la importancia del agua en la vida diaria? ¿Se ha cuestionado qué pasaría si un día se quedara su hogar o la escuela sin una gota de agua?”
• “Para las áreas verdes, las preguntas a trabajar son: En la escuela, ¿cuántos espacios de áreas verdes tienen? ¿Quiénes y cómo cuidan estas áreas? ¿Cómo se involucran las niñas y los niños en su conservación? Según el espacio con el que cuentan, ¿es viable colocar macetas o algún otro recurso para cuidar plantas?”
Cualquier lector, por sofisticado que sea su pensamiento, puede detectar cómo, si se hace la búsqueda de la respuesta y responden, los estudiantes podrán hacer eso fuera de la escuela o en lugares en los que las autoridades se presten para cultivar las habilidades de los niños de preescolar en conservar y enriquecer naturaleza y medio ambiente. Justo se trata de una experiencia de hacer (con sus variantes y sus reflexiones en la práctica y al final) y no una mera instrucción o un mandato teórico.
Cambiar la práctica educativa del discurso del contenido para ser escuchado y que lo “aprendan” a excitar sus habilidades para trabajar juntos en responder preguntas que surgen de su propia observación y, en la medida de lo posible, aplicar las respuestas, todo para “pensar qué hacer, hacerlas, evaluarlas y reconocer sus habilidades y, sobre todo, lo que aún les falta, condición para buscarlo y aprenderlo, sin darlo por hecho”.
La práctica, la observación, la pregunta, la consulta, la acción y la corrección son en los hechos los componentes de cualquier habilidad “blanda” que se quiera dominar. Si se hace lo propuesto, por ejemplo, en ese cuaderno antes comentado, otra educación y otros educados habrá en este país.
*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx