Evangelio

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

En el evangelio del domingo, le traen un ciego a Jesús, quien hace una mezcla de saliva y tierra y le talla los ojos para sanarlo. Los fariseos lo auscultan e interrogan y él reconoce, ante ellos, el milagro.
Una vez curado, el ciego vuelve a casa. Observa por primera vez la mesa donde come, los jarrones de cerámica donde bebe agua, los platos, los restos de pan de trigo que no había percibido sobre el piso. Ve las paredes de adobe iluminadas aún por el sol de la tarde, el perro cenizo, sus harapos… Por primera vez siente vergüenza y lástima de sí. Siente que está solo, sucio, viejo.
El ciego vuelve al día siguiente a su lugar del mercado. El perro le hace compañía mientras saluda y responde las preguntas de la gente. Reconoce por los gritos a los niños que se burlaban, a la mujer del panadero que le daba las piezas duras -mitad para el perro, mitad para él-. Reconoce a los pescadores por el olor; mira los ojos muertos de los pescados, el agua que aún les mana por la boca. Siente el sol como un cuchillo sobre los párpados, los pelos plateados de los brazos. Escruta los gestos de la gente que sigue preguntando; reconoce a lo lejos a María, la mujer de la voz dulce y el oficio más antiguo; no se atrevería a hablarle, ya no.
Entre voces confusas, se aleja del mercado como si llevara prisa. El perro presiente la inquietud. Busca el camino hacia el desierto. Se escucha música en alguna parte, pájaros en jaulas, maullidos de gatos, un leve rumor del viento. El mundo es un lugar ambiguo, lleno de imágenes ininteligibles. Extraña la noche. La seguridad de la oscuridad.
El hombre no tiene nada. Ya no es ciego. No le queda compasión. El perro le lame los pies.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

  • kenia
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    ??????? Por qué es tan fácil ver lo negativo. Por qué no enfocarse en la alegría que ha de haber sentido al ver por fin el color de las flores del campo, el cielo azul brillante y …. tantas cosas mas que se agradecen y se complementan con la vista. Ya no es sólo sentir sino ver.

  • Nicandro Tavares
    Responder

    AMÉN.

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