Entrometidos

 In Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

 

[El] modo específico y singularmente humano de ser está marcado por el rechazo a dejar las cosas como están y por el empeño en hacerlas distintas de lo que son (…) en resumidas cuentas, los seres humanos son “seres generadores de orden”. Cuando andan enfrascadas en poner las cosas en orden (es decir, durante toda su vida), las personas se esfuerzan por manipular la probabilidad de las eventualidades: por hacer más probable que sucedan ciertos acontecimientos de lo que sería en ausencia de sus esfuerzos, y por reducir, al mismo tiempo, por completo incluso, la probabilidad de otros.

 

Zygmunt Bauman, Esto no es un diario (entrada del 2 de diciembre de 2010).

 

Quizá para inhibir, refrenar, matizar o para hacernos conscientes de nuestro impulso a meter mano en los asuntos ajenos, se acuñó la máxima de la psicopedagogía: “Toda ayuda innecesaria es un estorbo”. Lo vemos cuando los progenitores realizamos una serie de tareas que ya son capaces de operar nuestros hijos, pero las hacemos “por cariño”, “porque todavía no lo hace bien” o simplemente por metiches y controladores. Lo vemos cuando nuestros estudiantes se esfuerzan por responder a temas de nuestras asignaturas e interrumpimos para ofrecer la “versión correcta” del asunto. Ahora que uno de mis hijos está en proceso de practicar el manejo de un coche, viajo con él de acompañante supervisor y, además de opinar y sugerir acerca de sus movimientos de pies, manos, dirección de la mirada, velocidad, operaciones por realizar (“usa la direccional”, “ponte el cinturón”, “prende la luz”, “quita el pie del acelerador”), a veces hago el gesto de frenar desde el lado del copiloto, o apago la radio, o saco el brazo para señalar a los conductores de atrás lo que mi hijo ya está indicando al poner la direccional.

Una instancia reciente que fue discutida por especialistas del deporte, de la psicología, del derecho, de la política, de las relaciones internacionales y hasta por quienes tienen una especial preferencia o aversión por algunos equipos del futbol-espectáculo, fue la intervención admitida y argumentada de Donald Trump para anular los efectos de una tarjeta roja a un jugador del equipo estadounidense. Trump reconoció que habló con Infantino y argumentó, tras mentir descaradamente acerca de su supuesto excepcional conocimiento de los deportes, que “el uso de la tarjeta roja había sido injusto: ¿Cómo van a castigar a un jugador por un juego que todavía no se juega?” (https://www.bbc.com/sport/football/articles/c4gyxdeql5eo) y (https://youtu.be/U8KFm_At2KE?si=ympO4PM-aYOnK_0Q). Entre las reacciones a esa noticia hubo levantamiento de cejas, carcajadas, celebraciones, torceduras de vientres, quejas, sarcasmos, desaprobación, rostros de sorpresa, escepticismo, maldiciones. También protestas por escrito o verbales en algún medio masivo. Por ejemplo, la Unión Europea: (https://www.threads.com/@rwonsito/post/DaoiSyzkycJ?xmt=AQG0Zpm6wpQXD8eUiXGeMR54GDHcHmkm56VQRRpkmmOcf8pZrgdvwhMMsYd2yHJPv_eRp1k&slof=1). Al menos 72 miembros del Parlamento Europeo escribieron a 27 federaciones de fútbol. El resultado del partido para el cual se autorizaría jugar a Folarin Balogun fue la eliminación del equipo estadounidense por el de Bélgica (1-4), pero la discusión de la intervención del presidente del país que celebra su ducentésimo quincuagésimo aniversario como país independiente ha continuado. Resulta que, de dieciocho miembros de la comisión disciplinaria de la FIFA, sólo uno asumió revertir una decisión arbitral que se suscitó en el partido contra Bosnia-Herzegovina (https://www.goal.com/es-mx/noticias/de-repente-salen-a-la-luz-detalles-extranos-sobre-el-levantamiento-de-la-suspension-de-folarin-balogun/bltc79553500eed2b22). Ya se verá si esa intromisión de un político afectará la carrera de Gianni Infantino al frente de la ya muy controvertida y cada vez más desaprobada Federación Internacional de Futbol Asociación (o simplemente “soccer”, “calcio” o futbol). Cabría preguntar si el hecho de que el partido entre Francia y España del 14 de julio del 2026 se realizara el día del ducentésimo trigésimo séptimo aniversario de la Revolución Francesa daría mayor enjundia a los jugadores que representan a ese país.

Además de ese escándalo internacional, generado por la injerencia del hombre de manos pequeñas y ego grande, de cuyas torpezas y declaraciones ya no nos sorprende que sean estúpidas e imprudentes, podríamos pensar en los metiches habituales. Mi amigo Héctor me comentó, por intermediación del “juátsap”, que unos días antes “estaba a punto de meterme al chisme, cuando Ceci, al ver mi entusiasmo de corregir a esos imberbes y desocupados [que discutían sus opciones profesionales], con un codazo muy presto y el coloquial ‘no sea metiche’, o sea ‘¿qué te importa?’, me puso quieto”. Y se reprimió, a pesar de calificarse, con un mucho de ironía, de ser una de esas personas “muy ilustradas y conocedoras de las reglas, tratados, leyes y costumbres”. Me he permitido, yo también, intervenir en el mensaje que, en su versión original, es más largo.

Cabe preguntarnos si nuestros fisgoneos y nuestras intrusiones se justifican, al menos algunas veces. ¿Sonar el claxon para que avance el coche de adelante es lo correcto o es entrometerse? ¿Notar y corregir las faltas ajenas de ortografía o gramaticales es hábito repugnante o loable (malbuena costumbre de quien esto redacta)? ¿Opinar acerca de lo que deberían hacer los demás si fueran yo puede ayudarles a llevar vidas más felices y satisfactorias? Es muy frecuente que los humanos nos inmiscuyamos en las vidas sexuales, las filiaciones religiosas, las aficiones a los espectáculos deportivos, las inclinaciones políticas, las decisiones respecto a adquirir determinados objetos. Opinar y señalar el camino que suponemos correcto es costumbre de muchos y hasta hay quien paga o cobra por chismear o por dramatizar.

En muchas ocasiones, incluso contratamos a alguien para que sirva de nuestro agente y vaya a meter las narices en donde nosotros no podríamos o no nos atreveríamos. Incluso en asuntos de nuestra intimidad: pedimos consejos respecto a temas de los que ya tenemos alguna idea de nuestras inclinaciones, pero, a veces, reclutamos la ayuda, operación, apoyo, intervención, apoyo o asesoría de otras personas especializadas en gestionar asuntos ajenos. Desafortunada o afortunadamente, las intervenciones son desiguales y, aunque frecuentes, no siempre son oportunas, ni tampoco resultan totalmente prudentes. Podemos imaginar situaciones en que interviene algún supervisor, cónyuge, amigo, pariente, colega, que evalúa lo que compramos, comemos, hacemos y hasta opina acerca de nuestros cuerpos: “Eso está muy caro”, “Tiene mucha azúcar y estás muy gordo, además de prediabético”, “Ya debes mucho dinero al banco, a tu suegro y a tus múltiples parejas”, “Eso no dura ni la víspera”, “Ese objeto, relación, comportamiento te hará daño”, “Ya estás viejo para eso”, “Yo no sé qué esperabas para cambiar de rumbo”, “Todavía no sabes lo suficiente para meterte en esa etapa, carrera, trabajo”.

Hay casos más lamentables y de mayor alcance que otros. Pienso en las metidas de pata de Trump en la reciente reunión de la Organización del Atlántico Norte, en donde señaló que “España es un caso perdido”, entre otras lindezas, y en algún momento no muy lejano se quejará de que los miembros de esa organización no apoyan las buenas obras del régimen estadounidense (https://x.com/Josevizner/status/2074791125869551680). Entre las intervenciones que han costado vidas, como la “guerra que no es guerra”, los iraníes respondieron a Trump con pancartas durante el funeral del ayatolá Alí Jamenei (del 3 al 9 de julio de 2026), a quien el ejército estadounidense asesinó el 28 de abril. La respuesta a la intervención estadounidense y a ése y otros asesinatos incluye la afirmación de “habrá sangre” y amenazas más contundentes.

Entre quienes intervienen profesionalmente, además de quienes se describen en las historias de los libros que se convierten en éxitos de ventas en librerías y salas cinematográficas, existen otros indeseables o deseables, según sea el punto de vista y los resultados para quienes resultan involucrados: hay hackers, cirujanos, consejeros, asesores, terapeutas, directores de tesis, jefes, docentes, cónyuges. Podemos reflexionar sobre el papel de auditores, contralores, contadores. Hay quien no quiere que metan sus narices esos metichones, pero en general habrá quien agradezca que las cuentas claras desemboquen en amistades largas en vez de sentencias penales. Una de las formas de intervención consiste en dar fe: notarios, organizadores de congresos, secretarios de actos. Hasta expiden constancias de que hicimos, estuvimos, expusimos, para poder mostrar a los entrometidos en nuestras vidas que fuimos productivos y que estuvimos en donde declaramos que estaríamos. Lo que nos lleva a la necesidad de reconocer que algunas personas están para intervenir. Algunas otras somos simples metiches. Otras más hacen gala de su poder e intervienen, como exclamaba un personaje mexicano: “¡Pos nomás!”, como hacen algunos gobernantes, vecinos, progenitores y parientes. Sienten que están en su papel y para eso tienen boca y poder.

En días recientes se han discutido algunas de las implicaciones del “injerencismo” (término utilizado por el expejidente mexicano y por la actual presidente) que demuestra Trump en los deportes, en México, en Venezuela, en Irán, en el conflicto Ucrania-Rusia y que ha expresado desea realizar en Cuba, Groenlandia, Canadá y en la OTAN con los “casos perdidos”. Por citar un ejemplo: “La injerencia y aliarse con una facción nunca tiene resultados”, afirmó Sheinbaum. Lo que me hace pensar más allá del caso que ella comenta (el de la aprehensión/secuestro de Ismael Zambada) es en el caso de la alianza de Hernán Cortés con los tlaxcaltecas. Las historias que nos han contado señalan que, al menos en esa ocasión, la injerencia con alianza sí tuvo resultados. Positivos para los aliados; negativos para los nahuas. Podríamos matizar y señalar que en algunas ocasiones hay resultados. Esos resultados serán deseables o deleznables, según sea la perspectiva de los interventores y los intervenidos.

Cabría preguntarse respecto a lo que pueden hacer los gobiernos y los habitantes de determinados territorios y países. En general: ¿qué pueden hacer las personas con los entrometidos? ¿Cómo asegurar que participen agentes competentes? ¿Cómo poner límites legales y factuales a las ganas de inmiscuirse, usurpar funciones, interferir o desviar determinados cursos de acción? En el ámbito educativo, ¿cómo convencer a quien dirige la tesis de determinados estudiantes de que hay diferencias entre dirigir y determinar todo el contenido? ¿Cómo promover que los aprendices identifiquen las posibles alternativas en procesos y resultados sin llevarles la mano por los caminos más trillados?

 

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com

Comments
  • ROSA MARÍA GARCÍA ORTIZ

    Muy interesante comentario.

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