El zigzagueo en la educación

 In Luis Christian Velázquez Magallanes

Luis Christian Velázquez Magallanes*

 

El zigzag se define como una línea o camino formado por ángulos alternativos, con formas entrantes y salientes. El zigzag también ha ayudado a consolidar la metáfora harto futbolística de la gambeta.

La segunda semana del mes de febrero de 2026 ha dado para el análisis y reflexión del fenómeno educativo nacional y, más que describir un hecho en sí, se ha podido observar cómo los actores educativos interactúan ante sus diferencias.

No es nuevo —aquí no hay novedad— reconocer que una de las deudas históricas del Estado mexicano se relaciona con su política educativa. A pesar de numerosos intentos, el sueño de José Vasconcelos de consolidar un modelo educativo capaz de transformar las circunstancias de los individuos se aleja y se complejiza cada vez más.

En el año 2013, cuando se habló de las denominadas reformas estructurales, la clase política —se ha documentado que las intenciones no eran legítimas, sino que se determinó a través de los “moches”— dejó sus diferencias y se anunciaba con bombo y platillo que, en conjunto, los legisladores y senadores, sin importar colores, dejaban sus diferencias y en conjunto pensaban en el bien de México. El Pacto por México, luego entonces, concentró los acuerdos para aprobar las leyes necesarias para mejorar el estado de cosas en el país; bueno, eso dijeron, anunciaron y publicitaron.

En el ámbito educativo y promovido por el entonces secretario de Educación, Aurelio Nuño, se promovieron los siguientes cambios para mejorar el servicio en el país:

 

  • La creación del Servicio Profesional Docente. El ingreso, permanencia y promoción se realizarían a través de evaluaciones.
  • Autonomía de gestión Cada escuela adquiere autonomía para la toma de decisiones a partir de la noción de la escuela al centro.
  • Creación del INEE. Se organizó un organismo con autonomía institucional para encargarse de los procesos de evaluación educativa.
  • Se crea el SIGED. El sistema de Información y Gestión Educativa para monitorear y revisar cuáles eran los docentes que estaban laborando frente a grupo y cuáles plazas estaban comisionadas.

 

El objetivo de la llamada reforma educativa se basó en la mejora de la calidad de la enseñanza y en que el Estado recuperara el control de los procesos, quitando a los sindicatos el poder respecto a la toma de decisiones, porque se argumentaba que, lejos de ayudar a la calidad, eficiencia terminal, cobertura y excelencia, se convertía en el flagelo y obstáculo para crear políticas educativas funcionales.

Las posiciones críticas argumentaron que la denominada Reforma por la Calidad Educativa, más que mejorar asuntos pedagógicos, se presentaba como una reforma estrictamente laboral y para hacer modificaciones a las condiciones generales de trabajo. Aunque el primate se presentaba con ropas de gala, seguía siendo el mismo de siempre.

El cambio de gobierno representó un viraje en un aspecto fundamental: la revalorización del magisterio. La base percibía una serie de maltratos, vituperios y deudas históricas a compromisos elementales como: incrementos salariales, capacitación y pensiones justas. Y el nuevo gobierno habló de mejorar las condiciones de la base magisterial.

Los símbolos nunca deben faltar para demostrar cambios o golpes de autoridad y resultó memorable el ingreso al INEE por los nuevos funcionarios para quitar las letras del edificio. Bajar las letras simbolizaba la promesa de eliminar todos los párrafos y signos de puntuación de la reforma neoliberal. Esteban Moctezuma, el entonces secretario de Educación, anunciaba una nueva era, la época de la Nueva Escuela Mexicana.

La Nueva Escuela Mexicana se concibe como un modelo que busca consolidar sujetos con plena conciencia de su realidad inmediata, con la capacidad de diseñar estrategias para afrontar y mejorar sus condiciones. El problema es que esas condiciones no pueden ser modificadas solo desde los individuos; el Estado debe asumir su responsabilidad y diseñar políticas que permitan la reconstrucción del tejido social.

El enfoque pasó de concebir disciplinas aisladas con su propio objeto de estudio a una visión interdisciplinaria de la realidad. Desde esta óptica, se diseñaron programas y planes de estudio que otorgaban completa libertad a los docentes para planear, ya no objetivos de aprendizaje, sino desde las necesidades de la comunidad.

La ontología y la epistemología de los planes y programas conducen necesariamente al diseño de los materiales educativos, los famosos libros de texto Si la Nueva Escuela Mexicana considera la multiplicidad de regiones, ámbitos y barreras de aprendizaje y participación, ¿cómo se ajustan todos estos elementos a la idea preconcebida de este recurso? Por tanto, desde su origen, más que libros, se presentaban como guías didácticas para propiciar situaciones de aprendizaje.

El diseño de los nuevos materiales educativos promovió un debate basado en una serie de sinsentidos; se decía que, más que recursos didácticos, eran vehículos de adoctrinamiento; se dijo que había un sinfín de errores pedagógicos y que carecía de elementos para promover y desarrollar habilidades de lectoescritura, habilidades de pensamiento lógico y matemático. Cierto es que los materiales siempre deben revisarse por especialistas para realizar las correcciones pertinentes.

También es importante señalar que la Nueva Escuela Mexicana había tomado una decisión distinta a la históricamente validada por los anteriores secretarios. Los libros ya no se harían desde las editoriales independientes; la Secretaría promovería foros y consultas públicas para que los docentes de cada nivel lanzaran propuestas para el diseño y la elaboración de los materiales educativos. Los libros de texto dejaban de ser un redituable negocio de unos pocos para darle voz y voto a los docentes frente a grupo. La decisión provocó el encono de muchos; las pérdidas económicas fueron millonarias.

En este punto y viendo lo que ocurre en el Estado de Jalisco, no resulta extraño que el denominado Al Estilo Jalisco, al presentarse como un modelo distinto al federal, siga y permita que en sus congresos de mercadotecnia —perdón, académicos— se siga promoviendo convenios y la participación de editoriales y herramientas como SM, Canva y Google Education.

 

Pero volvamos al punto…

 

La llegada del segundo piso de la Cuarta Transformación trajo a Mario Delgado a la Secretaría de Educación y el primer cuestionamiento sobre su nombramiento se erigía como una cruel certeza: un agente político sin conocimientos pedagógicos llegaba a un puesto que necesitaba de otro perfil. Se esperaba el nombramiento de un especialista para dar forma y resolver los vacíos y áreas de trabajo identificadas en la puesta en marcha del nuevo plan.

Como era de esperarse y como ha pasado en el movimiento que habló de una nueva clase política basada en los principios de no robar, no engañar y no traicionar, pero que en su realidad inmediata abrió las puertas a políticos contrarios a esos ideales de renovación, las fricciones entre los funcionarios empezaron a ser más profundas e insalvables.

El Director General de Materiales Educativos, Marx Arriaga, empezó una campaña de formación y capacitación en los principios y formas de trabajo según los lineamientos de la Nueva Escuela Mexicana. En sus foros denunció ciertas arbitrariedades, malos manejos y hasta describía cómo funcionarios de alto nivel de la Secretaría de Educación estaban traicionando los principios del movimiento de la Cuarta Transformación. Arriaga acuñó la idea de que esos funcionarios se la pasaban zigzagueando en su accionar porque en un momento eran fieles a la reivindicación de las causas sociales y en otras se mostraban como partícipes de las políticas neoliberales.

Las denuncias de Arriaga presentaron un golpeteo en donde cada parte presentó las evidencias de su actuar, tratando de justificar su posición; lo cierto es que el hecho en sí muestra que esas gambetas no describen quién es el bueno y quién el malo, sirven como una metáfora que permite comprender las razones de por qué en materia educativa se debate más sobre política que sobre cuestiones pedagógicas.

 

*Licenciado en Filosofía. Profesor de educación secundaria en la SEJ. chris-brick@hotmail.com

Showing 2 comments
  • Tefy Rivera

    Como siempre un texto bien informado, con memoria histórica y postura crítica, pero sin caer en lo simplón de “unos buenos y otros malos”. Deja claro que muchas veces se debate más la grilla que lo pedagógico, y eso es justo lo que duele del tema.

  • Martin Linares Ramos

    Por lo pronto, la gambeta resultó en autogol.

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