El regreso

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

Hijos ilegítimos de Quetzalcóatl, somos un pueblo fanático de los regresos. Vivimos con la vista fija en el horizonte, por si volviera. Algo tiene nuestra condición de atavismo y de afecto hacia el melodrama. Ser mexicano significa esperar la venida definitiva de un redentor. La fe que practicamos es parte de nuestra biología. Vivimos en la perennidad del adviento, con las manos extendidas al cielo y las deudas prendidas por una promesa de pago. No somos todavía, pero seremos. Felices en ciernes, potencia del ser, cosa inacabada en permanente expectativa.
Elba Esther no es ídolo ni santo. Es un símbolo. Cuando un líder sindical se encumbra sobre peldaños de cinismo y corrupción, debe haber contubernio y acuerdos en lo oscurito. Nadie cobra semejante poder sin pactos ni cesiones.
Y necesitamos caudillos. Ejemplos inmolados. Resurrección. El mexicano de raza abriga un gen de la venganza. “Perdimos pero jugamos mejor”, “Cuando lleguen los bárbaros…” (Cavafis dixit), “Y volver, volver, volver…”
Un sindicato sin líder es un panal sin abeja reina. En entrevista realizada a Luis Hernández Navarro, de La Jornada, Carmen Aristegui plantea que la detención de Elba Esther es parte de una “satanización contra los maestros”. Hasta un equipo de futbol (el Morelia de TV Azteca) un día saltó a la cancha con una tarjeta roja pintada en la camiseta para “expulsar a los malos maestros”. En opinión de los periodistas, en los últimos años se ha librado una campaña contra el magisterio.
Elba Esther no garantiza la calidad educativa ni la reinstauración de la percepción idílica del gremio. En efecto, existen muchas carencias materiales y profesionales. Lo que representa es una venganza: “ahora va la mía”. No es asunto educativo sino político, lo mismo que su encarcelamiento y su liberación.
Para curarse en salud, el presidente electo ha declarado que la maestra no cabe entre sus colaboradores. Pero la anulación de la reforma educativa los unifica.
Qué de la reforma se desdice es un misterio. Cuando el lopezobradorismo esté en condiciones de dar marcha atrás, habrá transcurrido la mitad del ciclo escolar.
Nos augura una época de dudas y de confusión. No hay quién apueste el triunfo de nada. El “panzazo” fílmico del que Loret se ufanó tendrá otra vez su caldo de cultivo en las políticas educativas de quien decide sin haber dado nunca una sola clase. La corrupción en México abarca todo, hasta la conciencia.
El trabajo en el aula es otra cosa. A los maestros nadie les pregunta.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

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