El periodo vacacional. El receso paraliza la capacidad de pensar la educación. ¿Cómo descansan y se divierten los docentes?
Miguel Ángel Pérez Reynoso*
Cada ciclo escolar tiene tres recesos o periodos vacacionales: en primavera, en invierno y en verano (que tradicionalmente las conocíamos como las vacaciones largas). En primavera y en invierno son dos semanas por periodo, merecidas vacaciones para maestras, maestros, alumnos y también todo el personal de apoyo a la educación (secretarias, asistentes, técnicos, personal de limpieza, mantenimiento y demás), en donde el tiempo escolar entra en receso y paraliza sus actividades.
Muchos maestros y maestras tienen la costumbre de salir a vacacionar. El destino de playa es el preferido, pero también hay personas que prefieren la sierra, la montaña o inclusive las ciudades coloniales. Estos son los días a los que Carlos Monsiváis llamó Días de guardar, porque están asociados con las creencias y las festividades religiosas.
El descanso es necesario para recuperar la energía del esfuerzo físico y emocional invertido en la tarea de educar. Pero también es importante detenernos a pensar cuáles son las costumbres que practican las y los docentes para aprovechar los periodos vacacionales.
La cultura pedagógica no solamente está asociada a las prácticas y al estilo de vida al interior de las escuelas, también se despliega en el comportamiento social de lo que sucede afuera de las escuelas.
Tenemos que, para aprovechar los periodos vacacionales, un número destacado de docentes prefiere pasar estos días con su familia, haciendo arreglos en casa o poniéndose al día en el cuidado y la remodelación de sus hogares; otros más aprovechan para visitar a familiares que viven en lugares cercanos y son los menos los que deciden salir. En algunas zonas escolares o en ciertos niveles educativos, la amistad entre docentes les ha permitido organizar viajes, aprovechando las agencias que se dedican a ello, ya sea viajar a destinos nacionales e incluso salidas al extranjero, pero esta práctica es mínima. La recreación, la organización de grupos de docentes, la asistencia a eventos recreativos y culturales son los espacios en los que se invierte menor tiempo.
Ni la organización sindical y mucho menos la SEJ como instancias oficiales, igual que fungen como patrón o como representante de las y los trabajadores de la educación, se han preocupado por abrir espacios para ampliar los horizontes y el panorama cultural de los docentes que trabajamos en esta entidad.
En otros lugares, maestras y maestros se organizan en brigadas, campamentos y expediciones pedagógicas o recreativas; incluso existen estados del país o instituciones públicas que facilitan las condiciones para que las y los docentes se vayan de intercambio a un destino cercano. Hay visitas de docentes que hacen una estancia de un año o un semestre en el extranjero y luego les toca recibir a los docentes que los recibieron allá. Esto se practica mucho más en la educación superior. Por ejemplo, en la educación básica en nuestro país, sería bueno tener una bolsa de recursos o poner a concurso algunas salidas para que las y los docentes puedan conocer los sistemas educativos de los países latinoamericanos del sur del continente (lo digo a modo de ejemplo). ¿Cómo se educa y cómo son las y los docentes en Chile, Brasil, Uruguay, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Venezuela, Argentina, Colombia y Perú (por mencionar los países continentales del cono sur, pero también pueden ser los 7 países de Centroamérica e incluso los países ubicados en la región insular del continente)? Lo importante es estar ahí, observar, conocer y comparar. En pedagogía, mientras más amplio y abierto sea el horizonte que implique conocer prácticas educativas diversas, es mucho mejor el desarrollo y la concreción de la práctica propia.
¿Para dónde organizamos el próximo destino pedagógico en el periodo vacacional?
*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com