El “otro” que no aparece en televisión educativa

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Ya dio inició esta forma diferente y reciclada, obviamente no podemos llamarla nueva, de dar clases a infantes y adolescentes del país a través de la televisión. Ya surgieron las críticas, las aclaraciones, las bromas y diferentes comentarios en torno a estos primeros días. Hablando estrictamente de su impacto en el proceso de enseñanza-aprendizaje, existen, como siempre, opiniones divididas en torno a sus posibilidades de impacto y logro con los estudiantes, lo cual sólo podrá ser corroborado con el paso del tiempo.
Con la incertidumbre de no tener claridad con relación al momento en que podremos regresar a las aulas, hoy quiero compartir una idea, una propuesta educativa del profesor español de Filosofía de la Educación Jorge Larrosa, que lamentablemente estamos lejos de poder vivirla en la práctica.
El profesor Larrosa realiza una discusión en torno a las diferentes y banales formas en que se ha empleado la noción de experiencia en el ámbito educativo, por lo que considera necesario darle mayor profundidad al concepto. De esta manera, la experiencia es definida como “eso que me pasa”; lo breve de la definición es inversamente proporcional a sus posibilidades éticas para el aula.
Eso que me pasa alude directamente a la relación que cada persona establece con otro, diferentes en muchos sentidos a uno mismo, así se posibilita vivir una experiencia que abre a la reflexividad, lo que implica salir de sí y ser afectado por un acontecimiento, a la subjetividad, dado que hay un sujeto que permite que algo, alguien, le pase y cambie aquello que lo constituye y configura, dándose al mismo tiempo una transformación, dado que ese otro puede cambiar sus representaciones, sus ideas, sus sentimientos o sus palabras.
De esta manera, Larrosa la confiere a la experiencia de enfrentarse y relacionarse otro un papel fundamental para el crecimiento personal y configuración del ser, dado que la interacción con otras personas toca en lo cognitivo y en lo afectivo nuestras vidas, permitiendo cambiar y crear nuevas formas de entender el mundo y a los demás. Obviamente, la experiencia está pensada no sólo para los estudiantes, sino también para las y los docentes que, así como podemos tocar y cambiar la vida de muchos infantes y adolescentes, somos también transformados por ellas y ellos cuando nos abrimos a la experiencia, es decir, cuando establecemos un vínculo con ellos, dándole así significatividad a la relación docente-alumno,alumna por ambas partes.
La televisión, se diga lo que se diga y se acepte o no se acepte, no se abre ni permite una experiencia, tal como lo entiende el profesor Larrosa, por lo que sus posibilidades de transformación son, de inicio, sumamente limitadas y poco significativas. Se ha aclarado que es sólo un apoyo, por lo que, podemos estar seguros, no hay forma de suplir la experiencia docente en el aula. En algún momento regresaremos a las aulas, sólo hay que estar listos entonces para vivir muchas experiencias.

*Maestro en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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