El mito de los niños que nacen con chip tecnológico

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Seguramente todos hemos escuchado una frase como ésta, palabras más, palabras menos: “los niños de ahora traen un chip integrado, por eso son buenos para la tecnología, son bien inteligentes”. De hecho, he escuchado a maestras decir: “las generaciones nuevas son más inteligentes que la nuestra, ¿cómo vamos a enseñarles?”; de ahí el impulso y prácticamente la obligatoriedad de implementar actividades con recursos tecnológicos en el aula. Entonces, no por un ego dolido o lastimado aclaro, empecé a reflexionar sobre este punto y llegué a una conclusión: no es verdad; ahora estoy obligado a justificar mi argumento, así que lo haré.
Evidentemente hay un cambio en la forma en que se relacionan los niños y los adolescentes con los dispositivos tecnológicos y sí, también es evidente que son hábiles en su manejo. Sin embargo, considero que lo que cambió fueron los distractores y juegos que padres y madres les inculcan y fomentan a sus hijos. Pensemos lo siguiente: imaginemos que a partir de este momento cada niño o niña que nazca, le restringimos completamente el uso de este tipo de dispositivos, por varios años. ¿Dejarían de aprender?, ¿cómo aprenderían?, su misma naturaleza y la relación que podrían tener entonces con los objetos de su entorno haría que el aprendizaje se abriera camino. En varias comunidades de México, y de otros países, en las que no ha llegado la tecnología, sigue habiendo niños capaces de aprender lo que su contexto sociocultural les ofrece, sin necesidad de dispositivos.
Por otro lado, diferentes autores e investigadores han empezado a demostrar que, en muchas ocasiones, el uso de los dispositivos, lejos de favorecer el aprendizaje, ha empezado a generar estancamiento o no desarrollo de habilidades cognitivas en menores de edad, al simplificar la realización de diversas tareas y actividades académicas que favorecen y estimulan dichas habilidades. Esto pone en evidencia dos cosas: los dispositivos por sí solos no generan aprendizajes, aunque sí fomenta que se hagan hábiles en la forma de maniobrarlos; y segundo, muchos menores de edad no tienen la capacidad para autorregular su manejo de los dispositivos, por lo que sería necesario que alguien los supervisara continuamente.
Muchos de los lectores e involucrados con Educ@rnos no tuvimos en la infancia un celular, Tablet o computadora, pero aprendimos a usar los dispositivos y darles un uso educativo porque ya contábamos con una capacidad de autorregulación. Así que ya podemos decir que es un mito lo referente al chip de los menores, pero es un buen justificante para los padres y madres que no quieren supervisarlos. Pero quedo abierto a retractarme cuando en las escuelas se reporte que su uso incrementó el nivel de desempeño de la mayoría de los alumnos y, también, cuando la mayoría de los menores equilibre su tiempo entre el uso recreativo de sus dispositivos y el uso con fines pedagógicos. De verdad espero verlo ¿alguien no?

*Maestro en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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