El imperio contraataca en oposición de la historia y de la unidad latinoamericana. Hoy ha sido el turno de Venezuela
Miguel Ángel Pérez Reynoso*
Apenas iniciando el año, el día 3 de enero, amanecimos con una noticia trágica: “Estados Unidos invade Venezuela, ataca militarmente dentro de su territorio y detiene al presidente Nicolás Maduro y a su esposa”. Este hecho no solo coloca en estado de vulnerabilidad a los países de la región (incluyendo a México), sino que también se torna en una verdadera amenaza y provocación a escala internacional.
Si hacemos un recuento, nos podemos dar cuenta de que, a lo largo de la historia de la humanidad, los grandes imperios se han erigido (han surgido, se han desarrollado y, cuando se pensaba que eran invencibles, han sucumbido). Así pasó con el imperio romano, con el imperio persa, con el imperio otomano, así pasa ahora con el imperio norteamericano, el cual está en su fase última (de decadencia), a punto de ceder la hegemonía mundial a las nuevas potencias globales, con China a la cabeza.
La invasión a Venezuela perpetrada —como ya se dijo— por los EEUU, la madrugada de este sábado, tiene varias lecturas: Por un lado, el agotamiento de un estilo de gobernar, lo que para algunos es un dictador más (Nicolás Maduro) y, por otro lado, el atentado pone en riesgo la soberanía de todos los países de la región latinoamericana.
Hace algunos años escribía el destacado intelectual uruguayo Eduardo Galeano; nos decía: “Cada vez que Estados Unidos ‘salva’ a un pueblo, lo deja convertido en un manicomio o en un cementerio”. La vocación expansionista de los Estados Unidos, como el gran imperio del siglo XX, es hacerse creer que gran parte del mundo les pertenece y que pueden apoderarse de las riquezas naturales y hasta de la gente, de las grandes extensiones del mundo.
Ningún país, ninguno, tiene el derecho de invadir a otro aun por causas que pudieran entenderse como humanitarias (aquí no lo son). ¿Qué hay en Venezuela que tanto le interesa a los EEUU? Ahí está la reserva de petróleo más importante del mundo; además, Venezuela también tiene esto que le han dado en llamar últimamente “tierras raras”, ricas en minerales escasos y ricos por su potencial económico, y ahí mismo reside la plataforma continental para controlar toda la región americana: desde Venezuela hasta el sur austral y desde Venezuela hacia el norte. Además, se teme que después de Venezuela seguirá Colombia y luego México; el ajedrez de la geopolítica está trazado de tal manera que las grandes potencias una vez más pretenden repartirse el mundo como si fueran fichas de dominó con las cuales se puede jugar, como ha sucedido antaño.
En términos simbólicos, la invasión a Venezuela es un atentado que violenta incluso los principios más elementales del derecho internacional por la autodeterminación y la soberanía de los países. Lo que esto representa es que no es Venezuela el país que ha sido atacado; es toda América Latina.
Ahora bien, cuando un imperio está en decadencia (como es el caso de los EEUU), el mundo entero corre peligro; el caso Venezuela es un ensayo, apenas la primera prueba de todo lo que muy pronto puede pasar o lo que está por venir.
Ante esto no hay formas, no existe un dispositivo racional de parar a las fuerzas del mal, que se autonombran los defensores de la libertad. Los venezolanos son los promotores de la patria latinoamericana con Simón Bolívar a la cabeza; deberán resistir, es por ello que no están solos; ahora todos los pueblos latinoamericanos somos Venezuela. Debemos aprender a luchar, a defender la patria grande, la soberanía y a resistir en contra de la locura de un imperio que se niega a morir.
*Doctor en Educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com