El día de la fiesta de los libros y qué nos hace falta por leer.

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Este 23 de abril se celebró una versión más del Día Internacional del Libro y la Cultura; para algunas instituciones, dicha fecha ya es motivo de hacer una fiesta y una feria al libro, como ha sido el caso de la UPN Guadalajara. En donde, con el pretexto del Día del Libro, se hicieron intercambios, rifas y concursos. Por ejemplo, sobre algunos libros con portada en blanco, en donde diseñarían la portada de su libro, o también el intercambio que se hizo sobre un libro secreto (forrado de forma oculta); además, la biblioteca de la institución donó infinidad de ejemplares que, por cuestiones de espacio, ya no caben en la parte física destinada a la biblioteca, y obsequió cerca de 300 libros. Algunos títulos son destacados, como las novelas de Isabel Allende, autores latinoamericanos, etcétera.
Este 23 de abril es un día de referencia para pensar en los libros, pero también en nuestros hábitos de lectura. La contraparte son los datos cada vez más desfavorables, el decremento en la tasa de lectores (sobre todo de personas que pertenecen a las infancias y las juventudes), la poca habilitación a la lectura por parte de las escuelas, la falta de modelos y de buenos ejemplos por parte de docentes lectores que hablen de libros y de prácticas de lectura.
Esta fecha nos obliga a pensar en los libros, pero, sobre todo, en nuestros hábitos de lectura y poder reflexionar: ¿qué tanto nuestras escuelas son promotoras y facilitadoras del compromiso de lectura crítica para el fomento del pensamiento igualmente crítico?
El avance galopante de los recursos tecnológicos, de la IA, junto con la pereza mental de lo que implica leer y saber leer, son los principales enemigos (los nuevos esquiroles de la lectura). En todo ello es importante pensar y crear condiciones para que cada escuela se asuma con un compromiso de vocación lectora. Desde la perspectiva de Paulo Freire, se trata ahora de aprender a leer la realidad, de leer los hilos que subyacen a las injusticias y las desigualdades, de aprender a leer las líneas y los textos que se colocan por debajo de cada texto (leer los metatextos), leer las implicaciones de cada lectura, es decir, hacer ejercicios de metalectura, etcétera.
¿Qué nos hace falta para aprender a leer? Leer no significa descifrar las líneas o los símbolos de la escritura, sino comprender un texto en su contexto; de esta manera, se trata de acercar a los sujetos, desde el preescolar hasta la universidad, todo tipo de textos. Leer moviliza la capacidad de pensar, de anticipar cada texto, de trasladarlo a otro tipo de realidades, de crear un texto nuevo.
No se trata (en nuestro nuevo plan) de que cada escuela dedique una hora o más a la lectura; se trata de que la lectura se torne en una transversal que atraviesa todas las actividades escolares y extraescolares, leer de todo y a todas horas.
Entonces, ¿qué nos hace falta por leer? Así como José Saramago en su brillante cuento de “La isla desconocida” daba cuenta de que un navegante le pedía al rey en la puerta de las peticiones que le obsequiara la isla desconocida. Así nosotras y nosotros, ante la puerta de entrada de cada escuela y de cada aula, pensemos en leer el libro desconocido. ¿Cuál es ese?
Las maestras y los maestros estamos obligados por nuestra profesión a ser buenos lectores, a conocer de libros y de literatura, a diferenciar los materiales especializados de la profesión (la educación) con los otros textos que no son ni recreativos, ni de entretenimiento, sino para pensar la educación de otra manera.
¿Por qué la SEP y la SEJ, entre el Día del Libro y el Día del Maestro, no les regalan un libro a cada docente con un pequeño guion para que lo devuelva después de la lectura? En vez de derrochar los miles y millones de pesos en eventos fastuosos como Recrea o Recrea Academy, que sirven para muy poco, en vez de ello, invertir en la formación de los docentes, en la lectura y que se traduzca en mejora del desempeño profesional de todos los días.
En fin, hay muchas cosas por decir y por reflexionar en torno al Día de la Fiesta de los Libros. Desde aquí, desde este modesto espacio de trabajo editorial, me atrevo a pedirle a nuestros lectores que nos reseñen un libro que les haya gustado y que los haya motivado para la mejora de su práctica. Yo les comparto cinco textos que han dejado una marca en la forma de mirar el mundo y la literatura:

Novelas:

• El beso de la mujer araña del argentino Manuel Puig.
• La región más transparente de Carlos Fuentes.
• Los símbolos transparentes de Gonzalo Martré.
• Mira si te querré, de Luis Leante, premio Alfaguara.

Cuentos:

• La muerte tiene permiso de Edmundo Valadés.
• Luvina de Juan Rulfo en el libro de cuentos “El llano en llamas”.
• 12 cuentos peregrinos de Gabriel García Márquez.
• Agua quemada de Carlos Fuentes

Todo lo anterior ya ha sido escrito y ampliamente leído, pero ¿qué hay con lo nuevo, con los últimos trabajos, los Nobel de literatura, con los premios de novela, de poesía y de cuento? ¿Qué tanto saben las y los docentes de todo esto? ¿Es necesario saberlo para ser buen maestro o mal maestro? No lo sé. La respuesta la tienen los propios educadores.
Por lo pronto, vayan a recoger su vale a la puerta de las peticiones y los deseos para canjearlo por un libro y que disfruten la lectura.

*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

Showing 6 comments
  • Maria Catalina González Pérez
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    Gracias por las recomendaciones

  • Vanessa Guadalupe Hernández García
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    Muy buena reflexión y excelentes recomendaciones de lectura

  • Martín Linares Ramos
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    Gracias Migue. En estos tiempos de “lecturas” fugaces, líquidas, buena falta hace “re-ojear” y “re-hojear” los volúmenes de nuestra biblioteca.

  • Johana Avila Orozco
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    Gracias por las recomendaciones, importantísimo reforzar nuestros hábitos de la lectura

  • Atzin Roque
    Responder

    Antes que nada, agradezco al Miguel Ángel Pérez Reynosa por su reflexión , con la cual coincido plenamente. En la actualidad, como sociedad hemos dejado de lado hábitos fundamentales como la lectura y la escritura, a pesar de que son esenciales para adquirir conocimiento, comprender mejor nuestro entorno y desarrollar habilidades para resolver problemas de la vida cotidiana de manera asertiva.

    Leer y escribir no solo amplían nuestra información, sino que también estimulan funciones cognitivas importantes, como las relacionadas con el lóbulo frontal, favoreciendo procesos como la comprensión, el análisis y la toma de decisiones. Además, promueven la neuroplasticidad, permitiendo que el cerebro continúe desarrollándose. Cuando estos hábitos se descuidan, con el tiempo se deterioran habilidades clave como la comprensión lectora y la expresión escrita. Resulta preocupante que, en muchos casos, incluso contar con un grado de licenciatura no garantiza una adecuada capacidad de lectura y comprensión.

    En lo personal, a lo largo de mi trayectoria educativa, recuerdo muy pocos docentes que fomentaran activamente el gusto por la lectura o recomendaran libros como parte del proceso formativo. Sin embargo, este hábito es fundamental, ya que nos permite conocer nuestra realidad y construir un capital cultural sólido.

    Reconozco la importancia de que instituciones como la Universidad Pedagógica Nacional promuevan eventos como el Día del Libro. No obstante, considero que estas iniciativas no deberían limitarse a una sola fecha, sino extenderse durante todo el año mediante talleres, cursos y actividades prácticas de lectura y redacción que fortalezcan estas competencias en los estudiantes y los preparen mejor para su vida profesional.

    También es importante considerar el contexto familiar. En hogares donde no existe el hábito de la lectura, es más difícil que los niños lo desarrollen, ya que carecen de modelos a seguir. En contraste, cuando los padres son lectores y fomentan este hábito, es más probable que los hijos lo adopten. Aunque no es una regla general, el entorno influye significativamente en la formación de estas prácticas.

    Por otro lado, en la actualidad, el uso constante de la inteligencia artificial ha contribuido a la disminución de habilidades de lectura y comprensión en muchos casos. Esto puede deberse a la falta de tiempo, a la comodidad o incluso a limitaciones económicas para acceder a libros. Si bien la inteligencia artificial es una herramienta valiosa, su uso excesivo puede generar dependencia y reducir el esfuerzo cognitivo necesario para analizar, interpretar y resolver problemas de manera autónoma.

    He observado que muchos niños y adolescentes presentan dificultades para comprender instrucciones básicas, en gran medida porque pasan gran parte de su tiempo utilizando dispositivos móviles que les brindan respuestas inmediatas. Esto limita la necesidad de desarrollar el hábito de la lectura como medio para aprender y enfrentar situaciones cotidianas, lo que a largo plazo puede afectar su desarrollo intelectual.

    En conclusión, una persona que lee tiene la oportunidad de vivir múltiples experiencias, ampliar su perspectiva y enriquecer su pensamiento. En cambio, quien no lo hace, se limita a una sola visión del mundo. Por ello, es fundamental no solo conmemorar el Día del Libro, sino impulsar de manera constante actividades significativas que fomenten la lectura y la escritura como herramientas indispensables para el desarrollo personal y social.

  • Citlalli
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    Este artículo me pareció muy oportuno al reflexionar sobre el Día del Libro y la preocupante disminución del hábito lector, especialmente entre los jóvenes. Coincido totalmente en que leer no es solo descifrar palabras, sino comprender la realidad y formar un pensamiento crítico, como plantea Freire. También estoy de acuerdo en que la lectura debe estar presente en todas las actividades escolares y que nosotros, como futuros docentes, debemos ser los primeros en ser lectores para poder inspirar a nuestros estudiantes. Me pareció muy acertado cuestionar que se inviertan recursos en eventos llamativos en lugar de promover la lectura y la formación docente. Recordemos que al leer es abrir puertas y construir una visión propia del mundo, y como educadores, es nuestra tarea principal fomentarlo.

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