El deterioro del tejido institucional en educación

 en Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

A partir de algunas señales que se han lanzado en las discusiones, en los debates, en los acuerdos parlamentarios y en los discursos de distintos actores educativos destacados nos damos cuenta que el debate educativo actual está colocado en asuntos inmediatos, diríamos durante los ochenta, en asuntos de coyuntura. Hace falta, desde mi punto de vista incluir una visión estratégica que complemente las propuestas para incidir en la realidad educacional de la circulación y confrontación de ideas de la compleja realidad actual. Junto a lo anterior al tener una visión inmediatista de la realidad, se antepone una cultura de confrontación y descalificación, los grupos y las posiciones pretenden hegemonizar el reducido espacio de poder y colocarse por encima de los demás.
Una de las grandes lecciones que nos dejó la izquierda independiente de finales del siglo pasado (y de la que formé parte) y en donde se incluye el alzamiento del Ejército Zapatista en el año de 1994, es que en dicha postura las posiciones de avanzada no está empecinada en disputar un poder para sí y un poder corrupto y pervertido, que al final es sólo un poder de fetiche y que termina generando nuevas contradicciones en el seno de las instituciones.
La mayoría de las instituciones educativas desde preescolar hasta la educación superior son instituciones confrontadas a partir de falsas contradicciones, los sujetos se consumen no en la disputa del verdadero poder a partir de la defensa de proyectos estratégicos; sino en espejismos o por mantener espacios de poder (político, sindical institucional y económico) que representan realmente muy poco.
En la escuela secundaria la disputa está puesta en saber quiénes controlan las cuotas y la venta de productos para los alumnos (lo que antes se conocía como la cooperativa escolar), es decir por un interés de hegemonía económica: en el preescolar la cuestión es más simbólica, ésta tiene que ver con la disputa de las educadoras por un espacio social de mujeres para establecer un poder simbólico pensado en generar una nueva subjetividad definida desde las nuevas feminidades que se incorporaron a la educación y que son casi exclusivas de este nivel educativo.
Y así cada cultura que cruza los distintos niveles educativos tienen formas muy particulares por la disputa de un poder real, simbólico o ficticio. En las contiendas sindicales, para cambio de comité ejecutivo delegacional, o en la elección de delgados a los congresos del SNTE en la elección de representantes ante un evento institucional determinado, todos ellos son espacios simbólicos que implican la elección y la representación al otorgar y al reconocer ciertos espacios específicos de poder.
Desde hace muchos años, los grupos marginados, identificados realmente con posturas disidentes contestarías o verdaderamente con posiciones alternativas abren un nuevo debate. Con ello se abre un amplio abanico de posiciones que van desde las que yo les llamo institucionalizados y que sólo se oponen para sacar provecho personal de las figuras del poder y por el logro de espacios hegemónicos, hasta llegar a posiciones de avanzada que no dialogan o que poco se vinculan con los grupos realmente institucionalizados. Aquí la lucha es por el purismo y por ser los hegemónicos al encabezar las luchar y las representaciones “oficiales” de las causas democráticas.
Como decía líneas arriba, los grupos verdaderamente opositores están al margen del sistema, cuentan con un poder legitimado no en la institución sino con la base trabajadora, no a partir de criterios clientelares sino a partir de acciones que reivindiquen principios y acciones consecuentes en el logro de dichos principios.
A parir de todo lo anterior, es posible reconocer que la escuela como la institución social para insertarse en los asuntos educativos que vive un profundo deterioro. Dicho deterioro no es casual, ni gratuito, forma parte de un agotamiento de los mecanismos de control, reproducción y legitimación social por un lado y a la emergencia de otras formas de gestión y de vinculación de la escuela con la sociedad. Pero, ¿y qué con todo ello?, qué requerimos pensar en inaugurar nuevas formas de gestión educativa y de ejercicio del poder y de la distribución de roles en el seno de las instituciones.
El agotamiento institucional es generalizado, cruza a todos los ámbitos, a todas las instancias, a todos los grupos, por eso las viejas tribus de izquierda que mantienen el viejo discurso y la vieja forma corporativa de hacer política están rebasadas. La izquierda como una posición de avanzada en educación debe hacer valer su vigencia (en ello me abocaré en una próxima entrega). Por hoy cabe reconocer que existen charros de izquierda como existen lideres carismáticos que provienen de la derecha, esto genera una profunda contradicción. Ante ello, alguien tiene que poner orden y ese alguien es un sujeto colectivo el cual hoy en día se encuentra disperso y desarticulado. La experiencia reciente demuestra que son más peligrosos los charros de izquierda que los líderes de derecha. Así las cosas, en el debate actual.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. mipreynoso@yahoo.com.mx

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