El Congreso Universitario de la Universidad Pedagógica Nacional: una ventana al diálogo y a la democracia universitaria

 en Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Hace meses se dio a conocer el arranque formal de lo que se conoce como el Congreso Nacional Universitario (CNU) en el seno de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), con una estructura nacional pensada para organizar y promover dicho congreso por Unidades y sub-sedes, estados, regiones e incluyendo la Unidad del Ajusco a la cual se le ha definido como la unidad central de la Universidad.
El congreso en cuestión ha caminado demasiado lento debido a la formalidad en sus reglas y a al centralidad y exceso de atribuciones que ha tenido el Consejo Académico de la Universidad, órgano facultado para cuidar con los objetivos que dicho congreso se ha trazado.
Con tres grandes ejes programáticos:

• Diagnóstico institucional.
• Definición de la figura jurídica.
• Proyecto académico y de Desarrollo institucional.

En estos momentos y después de haberse agotado el punto sobre el Diagnóstico, la comunidad universitaria de una buena parte de la UPN (a nivel nacional), comienza a adelantarse y a buscar consensos con respecto al tema de la figura jurídica, perdón lo pondré así FIGURA JURIDICA debido a su importancia.
Como ya ha sido discutido y publicado por otros colegas, este CONGRESO es especialmente relevante, el cual se enmarca en un momento histórico igualmente relevante, ya que nos coloca en una posición no sólo de poder decidir el presente, sino incluso el futuro de nuestra Universidad (aquí hablo en primera persona porque formo parte de la comunidad de esta Universidad pública).
Fundada en el mes de agosto de 1978, como organismo público desconcentrado del gobierno federal, su proceso se ha traducido en muchos logros y aciertos a lo largo de 40 años de historia, en estos momentos la comunidad de la UPN debe decidir sobre la base de una agenda y una serie de prioridades que se han ido acumulando con el paso del tiempo.
En la primera fase del Congreso, los resultados del Diagnóstico por región y a nivel nacional, demostraron las distintas carencias y las condiciones desfavorables bajo las cuales se encuentra la UPN nacionalmente y algo que sorprendente es la pobre participación de los integrantes de la comunidad en la conformación de propuestas y en la integración de debates y discusiones informadas.
Al tener el año de 1992 como fecha clave para entender en un contexto global un proceso paulatino de perdida y de desprendimiento como proyecto nacional de la Universidad Pedagógica, en términos institucionales la UPN se tornó en una losa pesada difícil de ser sostenida desde el centro. No sólo en términos financieros, sino también operativos. Si bien la UPN vivió su primera década con grandes apoyos, con el paso del tiempo pasamos a lo que le llano un descuido institucional tanto desde adentro como de afuera de la propia UPN.
Las condiciones inequitativas en cuanto a recursos financieros y apoyos institucionales, la contradicción insalvable en la relación entre el Ajusco versus Unidades del país, dan cuenta de una Universidad fragmentada y segmentada en pequeñas parcelas. Hoy en día, el sistema de unidades en el país (se decía en los resultados del diagnóstico) se vive con los mismos recursos que hace 20 o 30 años, pero con un incremento incalculable en la incorporación de nuevas tareas, el incremento de asuntos de diversa naturaleza: la diversicacion de la oferta académica ha hecho que la UPN entre a un escenario de complejidad, pero bajo de implicación y de ninguneo institucional.
Hace años los procesos de reclutamiento de nuevos docentes (concurso de oposición) y de re-categorización o reclasificación para incentivar y avanzar en la carrera académica eran procesos regulares año con año. Hoy en día (y sin justificación alguna) vivimos en una constante nacional de inestabilidad en el empleo (la plantilla nacional da cuenta de que entre el 60 al 70% del personal docente labora bajo condiciones distintas a la basificación por falta de concurso y que muchos docentes ya dictaminados por la CAD, no pueden avanzar en el logro de categorías más altas, debido a esta parálisis institucional que es la característica en los últimos años. Si bien éste es un asunto laboral no es problema menor y afecta estructuralmente las condiciones de trabajo y la vida entera de las 76 unidades de UPN en el país.
Bajo este marco, y bajo este contexto me surgen algunas preguntas:

• ¿De qué manera aprovechar este congreso universitario para fortalecer un proyecto nacional que atienda necesidades regionales y que beneficie a todas y todos?
• ¿Después de un largo y turbulento proceso de 40 años, a qué tipo de Universidad aspiramos y cómo pretendemos lograrlo con los recursos y las condiciones actuales?
• ¿Cómo resolver el asunto de los consensos y la legitimidad de los acuerdos de tal manera que este congreso se aproveche para avanzar estructuralmente, no para retroceder?

Al ser la UPN una universidad pública, grande en extensión y diversa en pluralidad y en perspectivas. La diversidad de las propuestas es una de sus distinciones identitarias. Desde hace años se ha arraigado una serie de grupos, bloques, agrupamientos, expresiones, corrientes, posiciones, etcétera, que conforman iniciativas académicas con un fondo ideológico, por llamar de alguna manera, al abanico de posibilidades que actualmente tenemos, ello nos coloca ante una realidad la cual no es posible ni negar, ni tampoco evadir. Y el congreso está obligado a avanzar bajo esta realidad a pesar de las condiciones vigentes.
El tiempo para decidir el asunto de la figura jurídica ha comenzado su cuenta regresiva según lo establece la nueva ley de Educación Superior. En este sentido las posibilidades son varias: ¿autonomía, refundación, descentralización, desconcentración, el seguir igual, etcétera? Y lo que se sume en este proceso. Sin embargo, el problema no sólo tiene que ver con el reconocimiento de identidades y pequeñas propuestas, sino la forma en cómo vamos a abrir la discusión para lograr acuerdos. El problema que enfrentamos, no sólo se decide a partir del sesgo institucional, no sólo se trata de pensar en lo que queremos, sino también en todo aquello que es viable, factible y lo que se espera (socialmente hablando) de una universidad nacional, temática y con una profunda tradición democrática.
Me parece que el primer punto sobre el que habría que consensar es acerca de conservar el carácter nacional de la Universidad, pero también con un profundo respeto a las dinámicas y las necesidades regionales.
La nueva ley orgánica de la UPN por construirse, deberá ser lo suficientemente clara que garantice definir no sólo lo que somos ahora (lo que es la UPN) sino también a lo que aspira, mantener los logros, el avance, definir necesidades del presente y una estrategia y ruta de acción que brinde claridad para el futuro inmediato.
El dilema consiste en pensar hacia dónde decidir, hacia dónde queremos caminar y en qué dirección, para poder construir lo mejor para todos. El dilema es relativamente sencillo. Se trata de decidirse para incursionar en el seno del mundo de las universidades (tipo ANUIES), con los beneficios de autonomía que ahí se tienen, pero también con la serie de limitantes, sobre todo de carácter financiero o en el sub-sistema de Normales (en la DGESPE), por el asunto de la formación de docentes; en donde ya sabemos la serie de limitantes que se viven en dicha instancia, sobre todo en los estados.
Esta contradicción no es poca cosa, por años hemos vivido una contradicción con distintos matices con el sub-sistema de Normales, ¿a qué aspiramos entonces, en dónde queremos estar? Por lo tanto, las letras y los términos de la ley por escribirse deberán ser tan claros que no sólo resuelvan el problema del presente, sino que también contribuyan a prevenir los desafíos del futuro.
El reto al definir lo concerniente a la Figura Jurídica de la UPN, se traduce, que se necesita soporte, sustento y legitimidad al marco de legalidad de la UPN de cara al futuro. Todo ello no se podrá lograr a partir de que una expresión (incluyo al Consejo Académico) se coloque por encima del resto, pero tampoco es posible pensar el tratar de acceder a una especie de eclecticismo en aras de avanzar. Se trata entonces de construir una propuesta potente que rescate los principales aportes de cada expresión, para ello se requiere disposición, diálogo y una profunda horizontalidad democrática. Se trata de que la UPN sea capaz de dar un gran salto y se piense como la Universidad Pedagógica del siglo XXI que México necesita. La descalificación de expresiones diferentes y el madruguete de supuestos avances son malos consejeros, además impiden la construcción de verdaderos consensos.
En todo este contexto la comunidad de la UPN a nivel nacional requiere de pequeñas señales. De acciones que den cuenta de una disposición verdadera por arribar a una Universidad que vive la democracia, no sólo que habla de ella, por lo cual:

• Se requiere regularizar las condiciones laborales de cerca del 70% de la plantilla nacional del personal académico.
• Definir el asunto de la distribución equitativa de los recursos financieros.
• Ordenar la oferta académica de los programas educativos nacionales y por estado.
• Y, el último punto de corto plazo, se trata de buscar un recurso que permita clarificar las políticas y equilibrar la relación entre la autoridad nacional con las autoridades locales o estatales, delimitar funciones y atribuciones ¿qué le toca hacer a las autoridades de la Universidad y qué a los gobiernos estatales?

Necesitamos trabajar intensamente y construir consensos para que el Congreso Universitario resuelva y construya un mejor futuro para la UPN en México. En todo ello (hasta ahora) hay una serie de evidencias de excesos en la centralización de atribuciones y en la pobre participación de los integrantes de las comunidades universitarias.
Es necesario tomar con seriedad este congreso y llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Parece que el concepto de democracia se ha tornado en retórica, se trata de vivir la democracia en cada espacio y lograr cada consenso. Un asunto prioritario es poder equilibrar los espacios de participación, todas y todos tienen derecho a expresarse, pero pareciera que el congreso está siendo controlado o hegemonizado desde una sola posición o perspectiva universitaria. Se trata de dar voz y poder a los grupos o expresiones que tradicionalmente han estado silenciadas o marginadas en la Universidad.
Arribaremos a mejores consensos cuando verdaderamente logremos sentir que este congreso es de todas y todos los integrantes de la UPN y entendamos que éste es la oportunidad histórica para definir un mejor rumbo.
Reconocer que somos herederos de una cultura de debate informado, que aportamos y aprendemos en comunidad, que el diseño de la oferta académica (amplia y diversa), se ha creado a partir de una cultura de participación hecha por todas y todos, que esa es la mística y la vocación que tenemos como huella fundacional construir de manera plural y colectiva. El congreso será entonces la principal obra que la UPN pueda construir en estos tiempos del Covid-19 que serán recordados por haber detenido el mundo.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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